LUIS RAMOS DE LA TORRE. HACIA LO VERDADERO (CERCANÍAS A LA VIDA Y AL ARTE EN LA POESÍA DE CLAUDIO RODRÍGUEZ). CHAMÁN EDICIONES

Varios son las líneas maestras de este voluminoso ensayo sobre la obra de Claudio Rodríguez, un poeta que, pese a la brevedad de su obra y pese a los numerosos estudios que se le dedican, esconde aún muchos ángulos estéticos sin desentrañar del todo. Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956), doctor en Filosofía, músico, poeta y consumado especialista en la obra del poeta zamorano, a quien ha dedicado títulos como “El sacramento y la materia (Poesía y salvación en Claudio Rodríguez)”, “Claudio Rodríguez para niños” y “Guía de lectura de Claudio Rodríguez”, ambos en colaboración con Luis García Jambrina, así como “Claudio Rodríguez. Antología para jóvenes”, junto a Fernando Martos Parra, se adentra en este nuevo ensayo, en primer lugar, en la relación, tan estudiada desde tiempos inmemoriales, entre arte y vida. Siguiendo la estela de Ortega y Gasset, se esbozan varias propuestas, en lo esencial coincidentes, aunque no exentas de contradicciones en su articulación, como vemos en estas palabras del autor de “Don de la ebriedad”: «La vida y la obra se unifican en mi caso. Ahora bien, yo no creo, en realidad, que la vida y la obra tengan que unificarse… en muchos casos. Pero en mi caso, sí, en mi caso confluyen directamente las experiencias, una experiencia concreta o la contemplación de un objeto concreto con la poesía» comparándolas con estas otras del autor de “La deshumanización del arte”: «Vida es una cosa, poesía otra. No las mezclemos. El poeta empieza donde el hombre acaba». Pese a que Ortega abogaba por no llevar la vida a la poesía, el día a día, los hechos cotidianos, los actos aparentemente nimios son material poético de alta calidad y sobre ellos levantará nuestro autor su elaborada poética. Ramos de la Torre analiza el concepto de “vida” a través de los diferentes títulos de Rodríguez y se decanta por la afirmación orteguiana, recalcando que «la poesía verdadera […] y la vida nunca van a ser lo mismo». Otro de los aspectos estudiados en este volumen es de la “mirada”, asociada a la contemplación, la mirada detenida, sosegada conduce a la contemplación y, a través de esta, el poeta logra la salvación, en un sentido que podemos equiparar a lo místico: «La contemplación de lo pequeño y de lo sencillo se va a convertir y llegará a ser salvación de lo elevado porque se trata de un ver que es ir “más allá”…», la salvación llegará a través de la palabra, del canto, y este nace del amor por las cosas, de vivirlas con intensidad y veneración.

De las vinculaciones poéticas entre Claudio Rodríguez tanto con Pedro Salinas como con Carlos Bousoño se ocupa Ramos de la Torre en la segunda sección del libro. Con el primero, afirma el estudioso, le une el concepto de salvación y el de aventura hacia lo absoluto, «pues ambos son poetas de lo vital preocupados por la necesidad de habérselas con la vida que en el tiempo de cada uno les tocó vivir». Paradójicamente, en esta vida que les tocó vivir no influyeron las peripecias biográficas, algo que nos parece discutible, al menos en el caso de Salinas. Con Bousoño le une también el concepto de salvación, pero parece otro, el de naufragio, que sirve de contrapunto y añade esa sensación de inseguridad tan consustancial a la propia vida.

La sección tercera, «El cuerpo: surco ofrecido en la poesía natural de Claudio Rodríguez». Vinculado a la cualidad física, a su materialidad, el cuerpo, escenario de los avatares de la existencia, es un escalón más en el proceso ascensional hacia la salvación. En los capítulos siguientes se estudia la relación entre la mano ―la mano creadora― y los oficios, podríamos decir, ancestrales, tan presentes en la obra de Rodríguez. La convergencia entre el escultor Baltasar Lobo y el poeta, convergencias que surgen de la contemplación de un mismo paisaje y de la luz que lo ilumina y, también, de una misma idea ética y moral de la obra artística, ocupa un documentadísimo quinto capítulo. «Otra de las claves conceptuales y vitales que les unen o acercan ―escribe Ramos de la Torre― aún más en esta convergencia creativa es la importancia que en todo momento, y cada uno por su lado, otorgan a la amistad».

Otros ensayos relativos a la importancia de lo seminal como símbolo de la fertilidad en la obra de Claudio Rodríguez, a «la vigencia del temblor y lo trémulo en su impulso creativo y su búsqueda continua de lo verdadero», a «la dignidad del perdedor» o la «Cercanía creadora entre la pintura de José María Mezquita Gullón y la poesía de Claudio Rodríguez» ponen fin a este recorrido por la obra del zamorano, recorrido en muchos casos, original, que desvela aspectos, si no poco estudiados, sí pobremente relacionados, y lo hace con sabiduría y entusiasmo. Quizá estas sean las mayores virtudes de este exhaustivo estudio, que, por otra parte, deja abiertos innumerables caminos para que futuros apasionados sigan investigando.

Reseña publicada en El Diario Montañés, 11/11/2022

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