ALFREDO GIULIANI. EBRIEDAD DE APLACAMIENTOS/ POETRIX BAZAAR. EDICIÓN BILINGÜE DE JOSÉ MUÑOZ RIVAS

EDITORIAL EL SASTRE DE APOLLINAIRE

Pese a ser uno de los autores más influyentes tanto por su labor poética como por su dedicación a la crítica literaria y al ensayo en la segunda mitad del pasado siglo en Italia, Alfredo Giuliani (¡924-2007) es escasamente conocido en nuestro país. Solo su libro “Versi e nonversi” (1986) -en él se recoge su poesía desde 1955 hasta 1984 ―se ha traducido al español en 1991, de la mano de José Muñoz Rivas, un incansable difusor de la poesía italiana. Tras un silencio editorial de una década, Giuliani publica en 1993 “Ebriedad de aplacamientos” y en 2003 “Poetrix Bazar”. Son estos dos últimos libros los que recoge la presente edición. Dos libros muy distintos entre sí y con notables variaciones internas en cada uno de ellos. Esta miscelánea, junto con cierta desinhibición formal y temática, se justifica por la edad provecta en la que están escritos, sobre todo el segundo. El poeta no necesita justificar ante el lector su vocación poética, lo que pretende es “hablar de tú con el mundo” (aunque estéticamente muy distintos del autor italiano, un afán vitalista similar podemos encontrar en Muñoz Rojas o en Jiménez Lozano, sin ir más lejos).

La poesía de Giuliani posee un entramado filosófico en el que no escasean las referencias a Nietzsche, Kierkegaard, Heidegger, Wittgenstein o Freud, entre otros. En cuanto a las influencias literarias, estas provienen mayoritariamente del mundo anglosajón: Dylan Thomas, Pound, Eliot, Auden, Larkin, o Willian Empson ―de quien versionará varios poemas―.

En la forzosamente breve, pero imprescindible, introducción, Muñoz Rojas ofrece unas pinceladas sobre la labor crítica de Alfredo Giuliani, autor, entre otros, de la influyente antología “I Novissimi. Poesie per gli anni’ 60”, un compendio de la poesía neovanguardista italiana en la que el mismo poeta se inscribe. En palabras del traductor, Giuliani «está queriendo anular la concepción pequeño burguesa de la poesía. Sin ir más lejos, la poesía romántico-crepuscular que configura una visión cursi, como él explica, autocomplaciente y algo tonta». Defiende, además, el verso proyectivo de Charles Olson, una forma de versificar atento, no a los patrones métricos y acentuales sino al ritmo de la respiración.

“Ebriedad del aplacamiento” mantiene aún una relación estrecha con su poética anterior. La corriente surrealista está muy presente en los primeros poemas del libro: «Germina que zurda respire a escondite / el sol está en el pozo de nuestro conjunto infinito / por remolinos incandescentes vago espejos de espumas / desgrana la hipótesis de hiperbólico fuego…» ―fiel al dictum eloitiano de que «el pensamiento puede ser oscuro, pero la palabras es lúcida, o más bien traslúcida»―, lo que no le impide recrear poema de un clásico como Guido Cavalcanti («Acordes, disonancias»). El buen humor es otra de las características que afloran con mayor ímpetu en esta nueva entrega. Poemas como «La merienda de Rico» o «El hombrecito de buena voluntad». Giuliani sabe que «los poetas no pueden estar calmados», deben estar atentos a cuanto acontece a su alrededor y dentro de sí mismos para dar cuenta de ello a través del lenguaje: «Goza y trabaja una palabra y una palabra», escribe. La influencia del poeta medieval nacido en Siracusa ―vivió en Sevilla y falleció en Mallorca― en lengua árabe Ibn Hamdîs se deja sentir en las versiones de algunos poemas de tema amorosos y fraternal: «¡Querido padre! Dios riegue de misericordia tu tumba, / la refresque por la noche y la mañana, Él que en el dichoso reposo / te desató el alma d. el el cuerpo». El británico William Empson, (1906-1984) ―bien considerado por poetas tan dispares como Eliot o Robert Lowell―fue otra de las influencias más evidentes. Son, estos últimos, poemas más narrativos. Las imágenes surrealistas han dado paso a descripciones más apegadas a la realidad.

“Poetrix Bazzar”, su último libro, es un libro carente de organicidad, sus poemas «presentan un nivel de dispersión aparente bastante generalizada», nos dice Muñoz Rivas. Abundando en ello, Giuliani escribe, en «Alguna noticia del autor sobre cómo nació este libro», que «Los pocos poemas escritos ocasionalmente en los últimos años, puestos juntos, no constituían siquiera el hipotético núcleo de un libro». Fue la disposición del autor, una vez concebido el proyecto del libro y de comprometerse con un amigo, a escribir la que alimentó las ideas para que los poemas tomaran forma. La mayoría de los poemas fueron escritos entre 2001 y 2002, otros en diferentes épocas. Quizá de ese compromiso amical nacieron versos como estos que esconden toda una poética: «Se hace por alegría     melancolía / broma y furor     o lo que sea / estupidez / no cambia la vida la poesía / forma de mentira que incluye el verdadero / arte del decir torcido     innombrando / ritmo del porvenir». El sesgo narrativo de la mayoría de estos poemas no oculta los detalles de origen visionario que mantienen la carga de ambigüedad tan presente en la obra anterior de Alfredo Giuliani. Este volumen recoge la obra final de unos de los grandes intelectuales y poetas italianos del pasado siglo. No es su obra más significativa, pero es una excelente ocasión para conocerlo.

Reseña publicada en El Diario Montañés, 4/11/2022

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