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JAVIER SÁNCHEZ MENÉNDEZ. EL LIBRO DE LOS INDOLENTES (SOBRE LA POESÍA). PLAZA Y VALDÉS EDITORES, 2016

No resulta extraño que un autor como Javier Sánchez Menéndez (1964), poeta y ensayista gaditano afincado en Sevilla, pero también editor de La isla de Siltola —editorial que fundó en 2009 y que mantiene una actividad frenética, fundamentalmente en lo que se refiera a la poesía, pero no solo ene se ámbito, porque la editorial publica colecciones de dietarios, de haikús, de aforismos o de narrativa—, no resulta extraño, decía, que acabara escribiendo un libro de reflexiones cobre el propio quehacer poético, quehacer visto desde el puro acto creativo, sí, pero también desde esa privilegiada azotea que proporciona la tarea editorial. Desde este mirador, el oficio de poeta se vislumbra con devoción (sin ella no podría implicarse de la forma tan generosa que lo hace en la publicación de tan exquisitos libros ni prestar la voluntariosa atención con la que son beneficiados los poetas más jóvenes), pero ese fervor no logra, afortunadamente, nublarle la vista. A Javier Sánchez Menéndez no se le escapan las felonías y las triquiñuelas que rodean el fenómeno literario en general y el poético en particular. El buen lector que sepa leer entre líneas, comprobará cómo no le tiembla la mano al poner en evidencia aquellas conductas en las que la vanidad trata de imponerse al talento o esas otras, aún más reprochables, en las que se orilla la calidad poética en pos de favores o canonjías de diversa especie. Con diferentes adjetivos se califica a estos individuos en El libro de los indolentes (su primera entrega, «Encuentro en Camarinal» data de 2009) un título, a mi modo de ver, de influencia cernudiana y en sí mismo, además de explicativo, muy revelador.

Como «autobiografía espiritual» define este libro Jesús Moreno Sanz, autor de un ineludible prólogo, en el que afirma que «Parte el libro de la confusión de los diversos tiempos que habitamos y de la propia inmediatez temporal (ese ‘confuso laberinto’), en busca de otro tiempo más puro, no el virtual de los ‘falsos’ y ‘siniestros’, o del arte por el arte» y no podemos más que estar de acuerdo. Como decíamos, Javier Sánchez Menéndez es un poeta reconocido, pero en este libro desdobla su mirada y en muchas ocasiones prevalece acaso la más objetiva, la que, en su calidad de editor, le permite analizar hasta dónde puede llegar la mezquindad humana, aunque, afortunadamente, «los indolentes no hablan ni musitan entre ellos. Se limitan a contemplar el estado de la virtud». A pesar de ese mutismo, Javier Sánchez Menéndez ha logrado entresacar del silencio algunas enseñanzas, imprescindibles para sobrevivir en el proceloso mar de la apariencia, la adulación y la falsedad: «De los indolentes descubrí que existen los siniestros, que intentan reducir nuestra visión al mínimo, que los círculos cerrados son erróneos y las fabulaciones imprecisas, distantes e ineficaces» y, también que «Los siniestros han engañado a la poesía contemporánea. Aquello que merece la pena y es verdadero lo ocultan. Solo hablan de ellos, de sus correligionarios. Mucha estética y poca ética. Son como el reflejo de la falsa luz, nada se fundamenta, ni hay peso ni literatura».

En cualquier caso, con ser interesantísimos, estos comentarios no conforman, a mi parecer, lo mejor del libro. Resultan, sin duda, más sugerentes las reflexiones que se centran el propio proceso de creación, en los motivos que conducen a la escritura, en la frustración que produce la incapacidad del lenguaje para revelar en toda su amplitud la experiencia: «Hay que seguir siendo fiel a la verdad, a la única verdad posible y probable: la poesía auténtica. Y sin revelación, con confirmación». A pesar de que este mensaje es contundente y de él podemos deducir fácilmente una postura estética muy definida, el lector no debe esperar en este libro respuestas a sus preguntas, como si de un manual se tratara. Es esta una escritura que elabora sus propuestas por aproximación, sin carácter sistemático alguno. Si alguna característica sobresale por encima de las demás en este libro es el carácter impresionista de sus párrafos. En lo tocante a la poesía hay muy pocas verdades inmutables —la de la autenticidad, mencionada anteriormente puede ser una de ellas—, pero eso no impide que cada poeta haga públicas las propias, por esa razón, el empeño de Javier Sánchez Menéndez —de quien ya hablamos anteriormente en este foro a propósito de su libro Mediodía en Kensington Park— es absolutamente lícito, además, cómo no compartir con el autor asertos como este: «Un poema auténtico está cargado de interrogaciones, de manchas de tinta. El aire es más puro en los claros del bosque, desde la naturaleza resplandece el silencio. Siempre la muerte tendrá nuestros ojos, es el poema auténtico, la vida y la nada». Si todo poema es la reescritura de otro poema previo, todo pensamiento tiene su origen en pensamientos leídos. En este libro se oyen las voces de María Zambrano, de Juan Ramón, de Claudio Rodríguez, de Rilke o Pavese, todas ellas destiladas por la experiencia de Javier Sánchez Menéndez, experiencia que las confiere un nuevo significado, una nueva vida., un vida sin concesiones a los tibios a «los siniestros».

 

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