CONCISOS_AFORISTAS

CONCISOS. AFORISTAS ESPAÑOLES CONTEMPORÁNEOS. CUADERNOS DEL LABERINTO, 2017

Mario Pérez Antolín se ha encargado de realizar esta selección de lo más granado dentro del género aforístico, tan de moda en los últimos tiempos. La selección es amplia — veinte autores— y, sin embargo, uno echa en falta nombres como los de Lorenzo Oliván, pionero en este resurgimiento con su libro Cuatro trazos publicado en1988, Aitor Francos o Carlos Marzal, por citar a algunos. Evidentemente, las predilecciones del antólogo y los criterios de edición que defiende prevalecen ante cualquier otra sugerencia, pero la ausencia de un prólogo que lo justifique nos impide conocer unas y otros. En todo caso, los autores seleccionados, muy dispares entre sí, bien merecen engrosar la lista de los seleccionados. La mayoría de ellos expresan mediante un aforismo, en un bucle metaliterario, su idea de lo que debe ser un aforismo aunque, atendiendo a una de las características más señaladas en el prólogo, la brevedad, la concisión (a la que alude el propio título), resulta un tanto extraño encontrarnos con textos de mayor empaque, como los de Rafael Argullol, Antonio Colinas —cuyos fragmentos tienden, además, a cierta vaguedad transcendentalista— o el mismo antólogo, Mario Pérez Antolín, que bien hubieran podido encuadrarse bajo otro epígrafe menos determinante (como, por otra parte, ha hecho Eder con su propia obra). «Un aforismo —escribe Miguel Ángel Arcas— debe ser exacto, como una declaración a Hacienda». Carmen Canet («El aforismo es un pasillo estrecho que nuestra mente ensancha») y José Luis Morante («Los aforismos son tablas de ejercicios para mantener activo el pensamiento») abundan en la misma idea, acaso por esa razón, como escribe el ya citado Ramón Eder, «Los aforismos sin punta son como escotes puritanos». Dejando al margen estas objeciones de carácter taxonómico y centrándonos en los propios textos, estos abarcan desde la reflexión puramente metapoética, presente en muchos de los antologados, desde Rafael Argullol, pasando por Carmen Canet, Jordi Doce, Dionisia García, Morante, Manuel Neila, Andrés Neuman o León Molina, hasta la existencial: «Cuando era joven —escribe Miguel Catalán—, había épocas en que me enfadaba con todo el mundo. Ahora atravieso épocas en que todo el mundo se enfada conmigo». Otro rasgo muy común en los aforistas es el de combinar el sentido del humor y la ironía —cuyo primer destino suele ser el propio autor— con un perspicaz análisis de la realidad, quizá porque, como escribe Eliana Dukelsky, «Codiciamos el tiempo de la ficción en la vida real». No es infrecuente que el aforismo sea una especie de soliloquio en el que el autor se interrogue a sí mismo y se aplique ciertas normas que proceden, en el mejor de los casos, de un contacto con la realidad un tanto anómalo. Así, Javier Sánchez Menéndez se muestra categórico cuando afirma que «La sinceridad forma parte de la propia mentira», otro tanto le ocurre a Sergio García Clemente: «Cuando un imbécil te da la espalda te ofrece su mejor cara» y a Vicente Verdú no lo es menos al escribir que, «Cuando alguien siente que no tiene preocupaciones es posible que esté pensando como un muerto».

     La función principal de un aforismo es la de crear un eco, la de reverberar en la conciencia. Como un buen vino, que debe dejar en el paladar sus mejores esencias, el aforismo, cuando evita el mero ingenio, debe invitar a la reflexión y ésta solo puede tener lugar después de que lo leído haya madurado en la mente, por eso es necesario leer un libro como Concisos. Aforistas españoles contemporáneos a pequeños sorbos, para saborear cada trago, cada fragmento por sí mismo, sin intrusiones foránea. Lean si no este aforismo de Erika Martínez: «Lo invisible sabe por qué». Coincidirán conmigo en que no se pude sugerir más con menos palabras.

   Carlos Aganzo escribe en el prólogo que «Eso sí, de todo hay en estos relámpagos verbales, como en las grandes fiestas del lenguaje. Hay emociones y hay reflexiones. Hay carne de tuit y relecturas de los clásicos. Hay diarismo, experimentación y fragmentación. Hay mucha filosofía. Y sobre todo mucha poesía, porque de todas las razones del hombre es la razón poética la que con más holgura nos conforma». Efectivamente, en esta nómina la poesía es mayoritaria. Todos son poetas a excepción, al menos eso reflejan sus currículums, de Gema Pellicer, más conocida como autora de microrrelatos y cuentos, y Eliana Dukelsky Cinello, cuya obra se concentra hasta ahora en el aforismo, pero la poesía, en el aforismo, debe supeditarse en su formulación, para no perderse en derroteros impresionistas, a la concreción, a lo preciso, eso sí, dejando el campo abierto a lo indeterminado. Hay radica su capacidad de seducción, tan notoria en los autores que integran esta antología.

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