MIQUEL MARTÍ I POL. LIBRO DE AUSENCIAS. TRADUCCIÓN Y PRÓLOGO DE MARTA LÓPEZ VILAR.

BARTEBLY EDITORES

Corría el año 1981 cuando se publicó el libro “Estimada Marta”, de Miquel Martí i Pol (Roda de Ter, 1929-Vic, 2003), en traducción del entonces casi desconocido Joan Margarit. Dicha publicación supuso el descubrimiento por parte del lector en castellano de un autor que contaba ya con una sólida trayectoria en catalán (Ha obtenido en tres ocasiones el Premio de la Crítica de poesía catalana, en os años 1979, 1991 y 1994). El libro fue recibido en su momento con encendidos elogios, pero, como ocurre con demasiada frecuencia, este «éxito», salvo para los lectores fieles, enseguida se diluyó, en este caso provocado, además de por la incuria habitual, por las tensiones políticas y sociales de la época. La sociedad española vivía en una atmósfera contaminada por el ruido de los sables y tanto la poesía como la canción de autor no eran ajenas a ella. Como consecuencia de todo lo dicho, no sería hasta 1997 cuando otro de sus libros tuviera su versión castellana, “El aniversario”, a cargo de Fabrici Caivano. Por último, en 2004 Montserrat Duarte publicó su versión de “Después de todo”. Si no estamos mal informados, no existen otras ediciones en nuestro país, por eso tiene especial interés la publicación de “Libro de ausencias”, en edición de Marta López Vilar, un título que explicita con sobriedad el tema que articula los poemas. Convenimos con la editora que, para Martí i Pol, «Es lo pequeño la gestación de un yo introspectivo que siente la experiencia como un lugar donde iniciar el camino hacia adentro para nombrar el mundo. La poesía es un medio de comprensión de sí mismo desde lo ínfimo y lo esencial». Esta comprensión la obtiene el poeta a través de un lenguaje sencillo que busca la claridad expresiva. Dicha sencillez no significa, como a veces se piensa, ausencia de reflexión y de profundidad de pensamiento. Antes al contrario, gracias a la palabra de uso habitual, pero cargada de referencias sorprendentes y de sentidos primordiales, se consigue una mayor hondura en el decir.

Por otra parte, hemos de tener en cuenta que la obra de Miquel Martí i Pol está asociada a su experiencia vital de una forma desgarradora y voluntariamente asumida. Si nos viéramos obligados a resaltar dos hechos significativos en su vida ―abusando de la simplificación― nos remitiríamos a 1970, año en el que se le diagnostica la esclerosis múltiple y que le obliga a dejar su trabajo en 1973. La enfermedad marcará toda su escritura posterior y está presente, incluso, en un título como el ya mencionado “Amada Marta”, de un no velado entusiasmo vital, en el que el ansia amorosa y el despliegue verbal consiguiente acrecientan la sensualidad y el erotismo.

El otro hecho tristemente revelador se refiere a la muerte de su esposa, Dolors Feixas, en 1984. De este luctuoso hecho nace “Libro de ausencias” (1985) que ahora traduce con notable solvencia Marta López Vilar, quien escribe en el prólogo que «Escribir desde la muerte del ser amado es, en este libro, una manera de comprender ese mundo que queda abandonado, tan brutalmente». No es difícil imaginar la desolación y el desvalimiento que embargan al poeta y la tabla de salvación que encuentra en la escritura, en el convencimiento de que la palabra poética es la única que puede cerrar, siquiera mínimamente, la herida abierta e intenta paliar el desorden sentimental y la desubicación vital que provoca la pérdida. «Desde esta soledad te pienso», escribe, y las palabras que verbalizan ese pensamiento son, además, son el antónimo del silencio, por más que este haga «más densos / los recuerdos y más íntimo el tiempo / que para vivirlos nos es dado». Según esto, la ausencia no es del todo absoluta porque todo lo que recuerda a la persona, todo lo que conforma la memoria, la mantiene viva, eso sí, de una forma sucedánea, no real: «No volverás nunca más, pero perduras / en las cosas y en mí de tal manera / que me cuesta imaginarte ausente para siempre», escribe en el poema «Carta a Dolors», por eso el dolor persiste más allá del sosiego que trasmite la imagen rememorada, un dolor que tiene, por otra parte, un aspecto revitalizante: «pero de este dolor saco la fuerza / para recordarte y escribir estas palabras». En los momentos de mayor abatimiento el poeta siente que la muerte de la persona amada representa una forma, tal vez más cruel, de anticipar la propia muerte porque «más triste es ver la agonía / lenta de alguien que amas» que la de uno mismo. Un indudable acto de amor que se materializa en los versos: «El amor me mueve, el amor a cada cosa», escribe en «Casi una elegía». Son palabras, como señalábamos al principio, sencillas, comunes, que se han repetido a lo largo de los siglos, pero siguen manteniendo su actualidad, una actualidad en la que tendemos a intelectualiza en exceso el dolor, como si temiéramos desnudar nuestros más profundos sentimientos. Martí i Pol no comete ese error, por eso su dolor es un dolor colectivo, semejante al de cualquiera que haya padecido una situación semejante, eso sí, expresado con la sutileza de quien huye del victimismo, aunque se sienta abatido. Un sabio ejemplo.

  • Reseña publicada en El Diario Montañés, 6/05/2022