CAROLYNE WRIGHT

 

SEÑORA DE LAS MONTAÑAS

 

Las paredes de tu habitación privada en la escuela estaban tan asfixiadas

con carteles de Fillmore que no se veía la luz del día,

pero tu mirada estaba muy lejos: el extenso Colorado

que ninguno de nosotras había cruzado. Aunque bromeaste

y fumaste hierba con nosotras hasta altas horas,

nunca te vimos dormir. O ir a clase.

Una vez, en una conferencia, cuando trascendió su argumento

te desmayaste —un golpe muerto, nuestra flor marchita.

¿Qué magia nos transfirió el incienso de pachulí?

¿Cómo podríamos sentarnos durante horas en la postura del loto

viéndote balancearte y entonar el lamento del sitar

o las canciones de estrellas del rock que se habían pasado de rosca?

Finalmente regresaste a casa, donde te casaste.

¿Eras feliz? ¿O has blindado tu casa?

 

Versión de Carlos Alcorta

Anuncios