francisFRANCIS CATALANO. LA FATIGA DE LAS ESTRELLAS. TRADUCCIÓN DE RENATO SANDOVAL BACIGALUPO. LUSTRA EDITORES. LIMA, 2016

Desde Canadá nos llega este exquisito volumen de la editorial limeña Lustra, en una edición bilingüe español-francés del poeta, traductor, novelista y editor, Francis Catalano, nacido en Montreal en 1961. Su nutrida obra poética cuenta con nueve libros en su haber, nueve libros que expresan diferentes estados de conciencia, porque, como el mismo poeta afirma, «cada uno de mis libros corresponde a un determinado tema que, a menudo, es un concepto». Hemos de anticipar que la poesía de Catalano no ofrece concesiones al lector, porque el sedimento tanto de la materia como de esos conceptos de los que habla, se diluye en ráfagas versiculares creando una atmósfera de perplejidadque exige un trato confidencial con la palabra, una palabra exacta que no rehúye, sin embargo, su poder evocador, su función simbólica. «El poeta —decía Luis Cernuda— escribe sus versos cuando no puede hallar otra forma más real a su deseo». Resulta del todo probable que Francis Catalano asuma esta afirmación, porque el desorden enunciativo de los versos que integran este libro no puede ser fruto de un propósito previo; da la sensación de que esa aparente arbitrariedad responde a un orden, y deben perdonarnos los lectores el oxímoron, de los instintos, un orden que está más allá de una estructura lógica, pero que participa de una sucesión de acontecimientos, a veces simultáneos, que la mente del autor desarrolla en potentes imágenes interrelacionadas. Un poema como el titulado «(Autorretrato del poeta pájaro carpintero)», del que tomamos estos versos, puede servirnos de ejemplo: «Al ver que ese carpintero de cresta roja martilla/ la corteza con su pico puntiagudo esperando/ encontrar ahí su alimento, yo me digo// así soy yo cuando escribo, tecleo sin cesar la materia/ blanda, enferma, agrietada, lineal del lenguaje/ a fin de extraer de él mi pitanza espiritual, ese pájaro/ carpintero de ahí no es consciente de que al ocuparme/ de mi campo visual, compongo versos, oso deshago,/ tengo el pico largo de todos los poetas que/ he leído, saqueado, picoteado…». Danielle Fournier, editora y autora del prólogo, abunda en esta idea cuando escribe «Con una forma en apariencia no lograda, incluso inconexa, progresiva, la poesía, los versos de Catalano van y vienen, creando sin pausas una realidad en la que se apoyan los espacios. El poema como un transportador, deja transparentar en su luz paisajes graduados donde la escritura queda como un lugar de paso».

«Bocetos citadinos» se titula la primera sección del libro, encabezada por una cita de Silvia Plath. En ella, diferentes lugares (Lima, Costa Rica, Nueva York) son descritos como si se vieran de una forma panóptica, una visión que abarca, desde un mismo punto de vista, en un mismo instante temporal, lo que acontece a su alrededor, por eso no nos resulta extraño que el poeta confiese en algún momento su desazón: «Cierro los ojos, ya no sé bien/ dónde estoy». Es posible que en su afán de asumir como propia la totalidad de la experiencia, una especie de calambre interior, un cortocircuito paralice el mecanismo de inclusión, y provoque ciertos desajustes en la maquinaria de la mente a la hora de sistematizar el conocimiento. Estas estrofas, de poemas distintos, pueden ofrecernos mayor claridad a nuestras hipótesis: «Nanocámara deslizada por una arteria sanguínea/ estratégica veo la vida mezclarse con la vida/ la vida mezclarse de vida» (de «Buffet Tambor»); «DON’T Walk empiezo a hacerme/ transparente tranquilamente/ el inicio de un neoyorquino/ los límites de mi ser es mi piel y mi piel/ se entreabre por doquier WALK/ soy una terminación nerviosa/ el corriente círculo DON’T WALK». La segunda sección, titulada «Ese conmovedor llamado de las distancias», encabezada por citas de Valêre Novarina y Andrea Zanzotto, Francis Catalano narra el periplo que le conduce hacia la Costa Este norteamericana, un periplo, por otra parte, que puede ser tanto mental como físico, porque el lugar de origen se nos escamotea o, quizá, lo integren una sabia combinación de ambas. La erudición se mezcla, como en un elaborado cóctel, con una plasticidad descriptiva propia de quien ha realizado esa travesía cuyo destino es Boston, o Nueva York, o ambas ciudades. La tercera parte del libro se titula «El albor de los lugares». Hay que resaltar aquí que posee una particularidad formal, y es que todos los poemas están escritos en prosa. El poeta encuentra similitudes entre el enjambre de enormes edificios de Wall Street y la magnitud del poema: «Las miradas van de lo bajo a la arquitectura completa del cielo. Hacen uno la marcha y el movimiento con el poema. Las estructuras se alternan, lo nuevo, lo antiguo, lo nuevo. En la intersección, otro poema surge y es un chorro de vapor. Insaciables, las imágenes se comen las formas». Este tipo de reflexiones de carácter metapoético ofrecen otra lectura de la poesía de Francis Catalano, porque, hasta ahora, el propio proceso de elaboración solo había sido mencionado de manera tangencial al asunto concreto del poema. «Las imágenes se comen las formas», escribe, y quizá sea esta la mejor definición de una poesía que da prioridad al engarce de imágenes, antes que al ritmo, a la sonoridad de la palabra (aunque somos conscientes del impedimento que supone no leer el idioma original, para afirmar esto tajantemente), aunque algunas pistas nos hacen inclinarnos hacia esa idea: «suponemos que existen los lapsus óculi que levantan el velo sobre un rincón del inconsciente degenerado, dejando vislumbrar regiones sin fronteras, sin memorias, valles que invalidados llegan a nosotros», El libro finaliza con la sección «Rumbo al sur». La mirada del viajero se concreta en detalles que son descritos con aparente neutralidad, sin apasionamiento. El sur, para Francis Catano, de familia italiana, puede representar también la vuelta al origen (aunque esté situado en EE.UU.), a un origen mitificado por la literatura y el arte, un sur en el que la luz resalta el poder evocador de la naturaleza, del paisaje y, también, del ser que se debate entre fuerzas opuestas, del ser que vive una relación conflictiva con los demás, porque la vice consigo mismo. No lo sabemos a ciencia cierta, pero es muy posible que, de esa confrontación a la que aludimos, brote la fuerza motriz que alimenta estos enigmáticos poemas.

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