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EL HOMBRE ACECHA. 75 ANIVERSARIO DEL POEMARIO NON NATO. EDICIÓN DE AITOR L. LARRABIDE Y FRANCISCO ESTEVE RAMÍREZ. FUNDACIÓN CULTURAL MIGUEL HERNÁNDEZ, 2016

Los trabajos que recoge este libro fueron presentados como ponencias en el Curso de Verano celebrado en septiembre de 2014 con motivo del 75 aniversario de la publicación de El hombre acecha. Conviene subrayar este hecho porque alguno del os textos, particularmente el titulado «Apuntes sobre el hombre acecha» de Ramón Fernández Palmeral— mantiene su carácter oral y parece no haber sido revisado para su posterior publicación, algo que dificulta en no pocas ocasiones su lectura, por lo demás interesantísima. En la «Presentación» del volumen, los directores de dicho curso, Francisco Esteve Ramírez y Aitor L. Larrabide, exponen las líneas maestras que han guiado a los respectivos ponentes, a la vez que hacen un somero repaso de las circunstancias que rodearon tanto la escritura como la publicación de uno de los libros mayores de la poesía española del siglo XX. De relatar pormenorizadamente esas circunstancias se ocupa el trabajo titulado «Orihuela en la inmediata posguerra», cuyos autores son los hermanos Agustín y Ricardo Castaño Martínez. Resulta espeluznante comprobar como se dictan leyes o se implantan decretos con el único fin de reprimir y coaccionar a todas aquellas gentes que no se adhirieron a la sublevación. El carácter revanchista de tales medidas no admite duda. En lugar de mostrar generosidad hacia los vencidos, el nuevo gobierno intenta eliminar cualquier indicio de desafección, por eso las purgas son algo habitual. En marzo de 1939, en los estertores de la contienda, se aprueba la Ley de Responsabilidades Políticas, que posee además carácter retroactivo hasta octubre de 1934, es decir, trata de inculpar a todos aquellos que mostraron algún tipo de connivencia o apoyo a la República: «Cuando un preso político recuperaba la libertad —escriben los autores—, en principio era condicional. En unos casos se les permitía volver a su localidad de origen y en otros no. Si regresaban, pasaban a depender de la Junta Local de Libertad Vigilada, que supervisaba su conducta y ante la que tenían que presentarse periódicamente hasta que consiguieran la libertad total». Ese escenario es en el que ese desarrolla la vida de los derrotados, no sólo en Orihuela, sino en toda España. El ensayo se complementa con una aportación documental valiosísima. Fotos del Orihuela de entonces, cartillas de racionamiento, carnets, salvoconductos, etc.

     Joaquín Juan Penalva hace en su trabajo, «El hombre acecha y la rehumanización de la poesía española de posguerra», un recorrido por las diversas corrientes poéticas que surgen en ese periodo de nuestra historia. Para rastrear el pasado se instala en el futuro cercano, el año 1960, año en que aparece la polémica antología Veinte años de poesía española (1939-1959) de José María Castellet, considerada por muchos una antología circunscrita a una sola tendencia, la llamada poesía socialrealista, que no conviene confundir con la poesía social, de aparición más tardía. De todas formas, como escribe Penalva, «una cosa es la poesía socialrealista, en cuanto dirección estética determinada que concreta una de las fórmulas del realismo, y otra la que se ha dado en llamar un tanto imprecisamente poesía social, que se acuñó como tal en la década del cincuenta y que presenta, junto a un catálogo limitado de motivos, una intención conativa en relación con el statu quo sociopolítico». Uno de los poetas que aparece en dicha antología es Miguel Hernández, del que se escogen tres poemas de su obra última, la que sirve de antecedente a esa rehumanización de la poesía española que tiene lugar en la posguerra. Penalva analiza además alguno de lo sitos de esta poesía rehumanizada, como fue la publicación del Canto personal de Leopoldo Panero, el polémico libro que trató de responder a las acusaciones que vertió Pablo Neruda en su Canto general (recordemos que El hombre acecha está dedicado al poeta chileno), sobre todo a las que plasma en el poema titulado «A Miguel Hernández, asesinado en los presidios de España». Analiza además Penalva los pros y los contras de la llamada Generación del 36, generación que algunos niegan y que otros defienden a capa y espada.

   Ramón Fernández Palmeral escribe unos «Apuntes sobre El hombre acecha» en los que da cuenta de la circunstancias que provocaron que dicha obra permaneciera inédita hasta fechas relativamente recientes. Un relato casi con tintes novelescos que comienza en el otoño de 1938 con el envío del poemario para su publicación y está a punto de tener un triste final en 1939, cuando las fuerzas de ocupación incautan la imprenta Tipología Moderna de Valencia, donde el libro estaba a falta de recibir las cubiertas, y destruyeron todo el material allí almacenado. Fernández Palmeral realiza también un detallado recorrido por cada poema, desvelando algunas claves que hacen comprensible su significado, tanto estético como histórico. Es una pena, como hemos mencionado más arriba, que no se hayan corregido algunos errores de redacción que dificultan innecesariamente la lectura del ensayo.

     «La suerte editorial de El hombre acecha» titula Óscar Moreno Fernández su penetrante trabajo sobre las vicisitudes editoriales del libro, apoyado por testimonios de algunos de los protagonistas del relato, como el poeta sevillano Antonio Aparicio, que escribe: «Este libro lo componen poemas escritos en la segunda mitad de la guerra y su aparición estaba fijada para febrero o marzo de 1939. Tuve ocasión de corregir con Miguel algunas pruebas del libro y hasta de revisar algunos cuadernillos ya impresos, pero el derrumbamiento de la República arrastró hacia el abismo, entre otras cosas, esta obra de especial significación dentro de la poética de su autor». El hombre acecha permaneció oculto durante casi cuarenta años, hasta que en 1981 la Institución Cultural de Cantabria publicó un facsímil realizado a partir del ejemplar de capillas conservado por José María de Cossío en la Casona de Tudanca.

     Luis Bagué Quílez escribe «El hombre acecha: ¿un libro de transición?». Apunta Bagué, con excelente criterio a mi parecer, que «Este libro rompe la organización perfecta de la obra de Miguel Hernández, concebida como un insólito caso de evolucionismo literario en el que un autor recorrería en pocos años todo el arco estético de la poesía de su tiempo: el purismo neobarroco (Perito en lunas), el clasicismo neorromántico (El rayo que no cesa), la escritura de urgencia, dictada por las circunstancias de la Guerra Civil (Viento del pueblo), y la destilación de una voz propia, tamizada por la vivencia autobiográfica y los metros de arte menor (Cancionero y romancero de ausencia). Sobre esta idea motriz y sobre los rasgos poéticos que confirman esa evolución giran las aportaciones este riguroso trabajo.

     De Francisco Esteve Ramírez es el último de los ensayos que conforman este libro. «…Y el hombre sigue acechando». En él analiza la estructura del libro, su contextualización histórica, así como los temas fundamentales que se desarrollan en los poemas. Habla Esteve por último de la vigencia del libro y subraya que «este poemario sigue estando vigente y actual, ya que gran parte de su contenido temático sigue siendo válido» y menciona asuntos como la desafección política, la corrupción, el hambre, los privilegios de banqueros o empresarios, etc., relacionando cada una de estas lacras con versos de Miguel Hernández.

     Si todo aniversario ha de servir para rememorar la vida y la obra del homenajeado, no nos cabe ninguna duda de que es aún más conveniente cuando se trata de reivindicar un libro como El hombre acecha, tan importante para el curso de la poesía española, fundamentalmente por su contenido, pero también por lo que representa: el triunfo de la libertad frente a la barbarie. No conviene olvidarlo.

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