CHARLES SIMIC. SIN TIERRA A LA VISTA

EDICIÓN BILINGÜE. TRAD. NIEVES GARCÍA PRADOS

VASO ROTO EDITORIAL

Nacido en la antigua Yugoslavia en mayo de 1938, Charles Simic se mudó a los EE. UU. a la edad de 16 años huyendo de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. En este país, en concreto en New Hampshire, ha fallecido el pasado mes de enero a la edad de 84 años. En 1967 comenzó a publicar sus primeros poemas en inglés, el idioma en el que ha desarrollado toda su trayectoria literaria, integrada principalmente por poesía, pero también por libros de memorias, ensayos y traducciones de otras lenguas. Su obra, que en sus comienzos estuvo vinculada al surrealismo, sufrió a lo largo de los años un proceso de depuración que ha conducido a una reducción de la extensión de los poemas, pero la economía lingüística, sin embargo, no ha ido en detrimento del lirismo, de la yuxtaposición de imágenes y recuerdos que confieren al poema una sensación de extrañeza difícil de aplacar. Uno no sabe nunca con qué se va a encontrar en el siguiente verso porque, de forma inesperada, el punto de vista cambia y la realidad adquiere un tono sombrío, mezcla de tragedia y humor, negro en muchas ocasiones. Se ha dicho que la experiencia de los primeros años de su vida, la infancia y los comienzos de la adolescencia vividos en Belgrado ―estos versos del poema «¿Dónde está mi patíbulo», parece confirmarlo: «Al otro lado de la ventana / por al que me asomaba de niño / en una ciudad ocupada / silenciosa como un comentarista»―, han determinado esa visión que combina la esperanza con la crueldad, el azar y la necesidad. Es muy probable, pero no se puede negar que su propia intuición, proclive a lo absurdo de algunas situaciones y a la aleatoriedad del destino ―«La cita  a ciegas de todo el mundo»― han agudizado esa especie de escepticismo momentáneo que se trasforma, a medida que avanza el poema, en una llamada de atención, en un pellizco que nos obliga a despertar, a tomar conciencia de que la realidad es mucho más de lo simplemente visible, solo es cuestión de establecer vínculos entre acontecimientos aparentemente no relacionados para hacer que se tambaleen las convicciones del lector: «Un despertador / sin manecillas / que hace un tictac ruidoso / en el vertedero de la ciudad», escribe en el poema «¿Podría ser yo?».

La mayor parte de los poemas de “Sin tierra a la vista”, su último libro publicado (la versión original es de 2022) están escritos en Nueva York, ciudad en la que pasaba gran parte de su tiempo y es en esta ciudad donde se suceden los encuentros inesperados: «Un hombre me persigue en la calle / ofreciéndose a venderme un reloj de bolsillo. / Parece un antiguo predicador; / todo de negro y pálido como un fantasma». Simic comienza de forma similar sus poemas, describiendo una situación extraña, pero no del todo anómala. Lo que nos sorprende, sin embargo, es cómo da la vuelta a la tortilla. Cuando el lector espera una conclusión, una reflexión provocada por lo descrito, Simic da un giro al poema y se interna por un camino distinto que ayuda a establecer asociaciones inauditas: «cuando me abordó con su reloj / sin números ni agujas / él quería que yo lo estudiase y admirase / antes de preguntarle con la voz entrecortada por el precio». La naturaleza del tiempo y el objeto que lo mide rompen la relación establecida previamente por las convenciones. El lector queda desconcertado, más si cabe porque la fluidez de un lenguaje que asume su función comunicativa desesperadamente, en ningún momento cede al subterfugio de adulterarse para conseguir la dosis necesaria de misterio que debe primar en todo poema. Todo se desarrolla aquí de forma natural y quizá por eso, para “comprender” el poema se necesiten una perspicacia “otra”, una agudeza que debe afinarse paulatinamente para separar lo rutinario de lo extraordinario, aunque, si lo pensamos con detenimiento, lo que describe Simic no es asombroso en sí mismo, una mosca enferma frente a un sol indiferente, unos cines sustituidos por nuevos edificios, una caja de música «que en estos días solo el silencio toca», la ciudad «con sus calles oscuras….» son cosas habituales, lo que nos deja perplejos es lo que nos revelan al combinar esas imágenes con otras con las que no guardan relación. Esa yuxtaposición, a modo de “collage”, crea nuevos significados. Esta es la gran virtud de la poesía de Charles Simic, por más que en este libro, excelentemente traducido por Nieves García Prados, algunos de los poemas, por su brevedad, por su inconcreción parezcan más bocetos de poemas que poemas en sí mismos. “Sin tierra a la vista” es el testamento poético de un poeta que ha sabido luchar, hasta el final de sus días, sin flaquear, por derrotar a la muerte, por conseguir su permanencia entre nosotros, y doy fe que lo ha conseguido.  


Reseña publicada en El Diario Montañés, 5/05/2023

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