VICENTE LUIS MORA. TEORÍA. AFORISMOS.
EDITORIAL MIXTURA
Una nueva editorial ha comenzado su andadura al principio de este verano que ya encara su recta final, Mixtura, bajo la dirección editorial del conocido poeta Jesús Aguado. Los primeros títulos publicados cumplen con ese propósito implícito en el nombre de la editorial, una mixtura, una mezcla de géneros entre los que encontramos la poesía, los epistolarios o el aforismo, que es el caso de Teoría, la nueva entrega del ensayista, crítico, novelista y poeta Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970), autor de una copiosa obra en cada uno de los géneros mencionados. Los aforismos están integrados en cada una de las secciones en las que ha divido, en este caso bajo criterios conceptuales, el volumen (aunque hay algunos que se encuadran en dos, en tres e incluso en las cuatro categorías): a) Cuercebro (cuerpo=mente) ―El cuercebro produce ideas desde su iluminación»―, b) Lenguaje ―«El lenguaje es el modo en que el universo expresa su conciencia de esa indiferencia», c) Subjetividad ―«Subjetividad: lo que crees que eres y te vas haciendo»―y d) Teoría, de la que afirma, entre otras cosas, que es «un sistema permanente en el cerebro, una luminaria, un río de bombillas». Como en todo libro de aforismos que se precie, no pueden faltar las definiciones sobre qué es o deja de ser el aforismo, y en este, que apuesta por la teoría, más aún. Anotamos varias de ellas: «El aforismo es luz balbuceante», «El aforismo es un chispazo entre sinapsis neuronales», «El aforismo deviene greguería cuando su luz ilumina una parte inesperada del cerebro y esta, repentinamente, completa la frase», pero todas ellas se pueden agrupar en la de Xavier Villarrutia, cuando afirma que «Decir cuanto se quiere decir, y no más, sería la poética del aforismo, si el aforismo admitiera alguna».  La novedad de estas afirmaciones reside no en la conclusión final, sino en el lugar desde donde parten. La intuición, el relampagueo que da origen a lo escrito parece ser nada más que fruto de unos procesos neuronales ―no descritos por fortuna aquí, porque podrían resumirse en un encadenamiento de fórmulas y nociones ininteligibles para un profano―. De todas formas, no está lejos de la intención de Mora el hecho de plantear la escritura ―no solo la aforística― desde parámetros más propios de la lingüística teórica ―otros lo hacen desde presupuestos éticos, morales e incluso políticos, cuando no desde la filosofía del lenguaje― que de la necesidad emocional de quienes la practican, respetando únicamente los principios generales de la gramática y haciendo uso de los recursos literarios, sin más propósito que el de hacer una grieta en la realidad, en la «epopeya de lo cotidiano», que diría Juan de Mairena, para examinarla por dentro. Da la impresión de que no le interesan los aspectos más evidentes de la cotidianidad, de que no encuentra en ellos nada que le incite a la abstraer conclusiones o significados paralelos y, sin embargo, muchas de esas abstracciones provienen, precisamente de actos rutinarios, de la manera personal de interpretarlos. Al fin y al cabo, si como dice nuestro autor, «Escribir es biológico, todos los elementos y procesos envueltos en el acto de escritura son orgánicos, naturales», en dicho acto participa también tanto de la indagación sobre el yo como del deseo de aplacar la incertidumbre de la existencia, y ambos contribuyen a eso que Hierro, hablando de su poesía, llamó la «fabricación inteligente».
La costumbre aconseja leer un libro de aforismos, no de corrido, sino de forma pausada, porque, de lo contrario, resulta del todo imposible digerir tanto arte del pensamiento. Recordemos, Mora escribe que «El pensamiento expresado de una persona es la suma de sus iluminaciones, su teoría». Su escritura precisa de lo mismo, de un tiempo pausado de reflexión y contemplación, que ayude al proceso de corrección y revisión, en definitiva, de un periodo de maduración. En todo caso, Vicente Luis Mora nos demuestra en Teoría que, gracias a su enorme acervo intelectual, a los sólidos pilares que sustentan su pensamiento, se puede escribir en un día reflexiones que precisen semanas para asimilarlas. «Teorizar ―decía el poeta Philip Larkin― es huir», pero Mora, lejos de huir, se enfrenta directamente al concepto de aforismo, haciendo suyas las palabras de Elisa Gabbert cuando escribe que «Un aforismo no es una verdad, sino una especie de prueba (análisis, ensayo), una afirmación a la que se supone que tienes que enfrentarte para decidir si estás de acuerdo con ella». No, Mora, nos parece, no aspira a la verdad literal, pero en su escritura realiza, a partir de la codificación de sentimientos y emociones, transformaciones de sentido que aspiran a crear otra realidad, aunque sea factual, tal vez más verdadera, dicho esto con todas las reservas hacia los conceptos de realidad y de verdad.
*Reseña publicada en El Diario Montañés, 9/09/2022