ÁNGELES MORA. SOÑAR CON BICICLETAS
TUSQUETS EDITORES
 
Regresa Ángeles Mora (Granada, 1952) después de su justamente alabado “Ficciones para una autobiografía” (2015) ―libro que mereció el Premio Nacional de Poesía y el Premio de la Crítica― y de algunas antologías y colectas temáticas, a los estantes de las librerías con un nuevo libro, “Soñar con bicicletas”, integrado por una cincuentena de poemas que, desde perspectivas diversas, poetizan la desilusión, la desesperanza, la conciencia de la pérdida: «Yo, que nunca tuve bicicleta, / soñé con bicicletas / y lloré al despertar», escribe en el poema que da título al conjunto. Dividido en cuatro secciones más un poema prólogo, «Unbalanced», en el que se enfrenta a la dicotomía entre el deseo y la realidad, una dicotomía que se decanta en la primera sección, «Vida secreta», hacia el cumplimiento de sus sueños porque «Nada puede impedir al pensamiento, / esa agua subterránea, anegar el silencio, bucear en lo oscuro / desgarrando los velos del engaño: / la consciencia no tiene marcha atrás / y el dolor va desnudo». Queda manifiesto ya desde estos primeros poemas un aspecto que se repetirá a lo largo del libro, la toma de conciencia de los impedimentos y las trabas que ha debido afrontar la poeta por el hecho de ser mujer. La asunción de su feminidad permite a Ángeles Mora enlazar su condición vital con un pasado que, en contra de lo que algunos piensan, no está al margen de la Historia, sino que es Historia en esencia. La vida secreta, la vida a través de las palabras, por fortuna, no tardó mucho en convertirse en vida pública ―su primer libro, “Pensando que el camino iba derecho”, data de 1982―, pero ese camino no ha sido fácil, por esa razón Mora, a veces, ha tenido que convertirse en otra para, a través de ese otro yo, alzar la voz colectiva: «Camina como si no fuera ella, / la que lleva su nombre, / la que cuenta sus años. / Porque tal vez sea otra, / porque tal vez es necesario, / en el fondo, ser todas». Resulta evidente el trasfondo ideológico que subyace en estos versos, el compromiso con una manera de enfrentarse a la realidad y de configurar el mundo de una manera diferente a como lo está actualmente, sin embargo, este afán reivindicativo e, incluso, didáctico, no supone en ningún momento una merma poética. El cuidado del lenguaje, el ritmo armónico de heptasílabos y endecasílabos principalmente y una inteligente combinación de sencillez descriptiva y de reflexiva emoción seducen al lector, que padece, por ejemplo, una similar sensación de fugacidad, como en estos versos del poema «Hoy es mañana»: «Hoy era un día como otro cualquiera / que a tu lado pasaba tan insensiblemente / como si no existiera ni a remolque rodaras / por sus horas perdidas. / Un día intrascendente que te ignora, / que no cuenta contigo».
     La segunda sección, «La luz del poema», como el propio título indica, incide en los motivos que conducen a la escritura y como esta intenta verbalizar, dar forma a pensamientos, sueños y emociones con «palabras igual que olas, insistentes, veladas, / abriéndome el poema, ocultándolo». Integran esta sección poemas homenaje, como el que alude a las mujeres de la generación del 27, en su mayor parte silenciadas por el peso de la mirada masculina, pero que, pese a ello «nunca callaron», los dedicados a Lorca y a Machado, ambos poetas víctimas del franquismo,  que, aunque no evitan el componente nostálgico, cantan la valentía de vivir, de ser fiel a sí mismo, porque, como escribe Ángeles Mora, en unos versos que pueden figurar como emblema de cualquier existencia, «La vida es desafío, dolor y rabia y lucha. / Sin duda desengaño, también felicidad». Santa Teresa ―«escribiste tu vida / con la obstinada tinta de tus pasos»―, María Teresa León o María Zambrano, que supo unir como nadie los destinos de la poesía y la filosofía, son también recordadas en estos poemas.
     «Underworld», la tercera sección, es la más extraña del libro porque indaga sobre lo que hay más allá de la conciencia, sobre pesadillas y fantasías que no podemos mantener al margen de nuestra cotidianidad porque su presencia, en ocasiones, nos avergüenza como seres humanos, nos desasosiega, pero también nos conmueve «Porque existen deseos / que se van de aventura / al laberinto de los sueños, / que de pronto se encienden / igual que una canción / estremece el ayer, / muerde la madrugada, / alumbra el día». El libro finaliza con «El largo adiós», un conmovedor canto a la memoria de su marido, una amorosa despedida que no es tal porque su recuerdo permanece en la memoria y a través de palabras como estas: «Te apagaste de noche, / sin hacer ruido, / como tu corazón cansado, / pero con una luz / en la mente / y en los ojos / que todavía me clava / su llama deslumbrante». Después de leer estos poemas tan entrañables de Ángeles Mora no nos queda duda alguna de que son las prendas de amor las que guían los mejores actos de una vida y de que gracias a ellas, la muerte no es más que un cambio de escenario porque es el amor, su gracia «química / que el universo alumbra / eternamente».
·         Reseña publicada en El Diario Montañés, 2/09/2022