NICOLÁS CORRALIZA TEJERA. INVENTARIO DE DESPERFECTOS. DECENARIO POÉTICO 2011-2022. PRÓLOGO DE MIGUEL VEIRAT

HUERGA Y FIERRO EDITORES.

Reúne este volumen los poemas escritos y publicados durante el último decenio, pero conviene adelantar que esta reunión no describe una antología o una compilación al uso, porque Nicolás Corraliza Tejero (Madrid, 1970) ―autor de títulos como “La belleza inalcanzable” (2012) “La huella de los días” (2014), “Viático” (2015) o “El estro de los locos” (2018)―, ha prescindido de cualquier referencia textual que posibilite la adscripción de un poema a un determinado libro. Estamos, por tanto, ante un libro nuevo que, según el autor, «Es un viaje por el tiempo de la memoria basado en hechos reales y ficticios donde el poema toma forma y espacio». Así, los poemas, ordenados temporalmente de forma inversa, desde el presente al pasado, están divididos en dos secciones, los más recientes en la titulada «Cosas de poca importancia (2022-2019» y «Asunto de bienes (2018-2012)».

La poesía de Corraliza posee algunas características que la singularizan dentro del variado panorama de la poesía actual. Su tendencia a la brevedad es un rasgo bastante común, pero no lo es tanto que en sus poemas, más que la descripción de un paisaje, tanto da que sea interior como exterior, predomine la búsqueda de un espacio personal en el que los acontecimientos son categorizados en función de su efecto en el sentimiento del autor. Los versos finales del primer poema nos pueden dar una idea de lo que afirmo: «Lo que buscamos en la luz ya no existe. / Hace tiempo que somos otros». Somos nosotros quienes hemos cambiado, nos dice el autor, y es, por ende, nuestra mirada la que cambia las cosas, estas no cambian por sí mismas. Los objetos, inmóviles, permanecen inalterables. Su supervivencia se consolida en el poema («No hay nadie más. / Solo nosotros / y un poema / que acabó siendo la vida»), pero ese instante sin tiempo que intentan reflejar las palabras del poema son evanescentes, se ha ido antes de aprehenderlo, así que no queda más remedio que confiar en la imperturbabilidad del poema para fijarlo. «Siempre es el mismo poema», titula uno de los suyos Corraliza, pero las circunstancias son otras. Las palabras convocan la realidad, pero también el mundo de lo entrevisto: «Cierra los ojos. / En esta oscuridad / todo es visible», escribe. Aparecen entonces paradójicas dicotomías como la del poema titulado «Fe»: «Nada / con la muerte. / Vida después /de la vida», la de la realidad o el amor e, incluso, algunas otras conceptualizadas en modo sentencioso o aforístico: «La única verdad es el silencio, lo demás son variaciones del lenguaje».

Por otra parte, sí podemos cifrar como predominante tras la lectura de estos poemas es del conflicto identitario. Son recurrentes los versos que dejan entrever ese desarraigo con la propia identidad y su compensación con la otredad. Veamos algunos ejemplos: «Cuando yo era otro, / fui feliz en el ruido de la metalurgia. / Ahora trabajo para los pájaros / a la altura de las grúas» o «Son los ojos de otro / los que nos hacen / ver lo invisible. ―Atardece― / en la fe y en la poesía». Subyace una especie de inconformismo con la yoidad que avanza hacia la disociación del lenguaje, utilizada como recurso ante la falta de respuestas. La incertidumbre, por tanto, no se diluye. El yo no se reconoce salvo en la multiplicidad, y es mudable, como lo es el criterio ajeno, pero adquiere consistencia cuando reconoce sus limitaciones. Paradójicamente, este saberse “defectuoso” no conlleva, como ocurre a muchos otros poetas, sentimiento de culpa alguna. Nicolás Corraliza enumera los desperfectos, y su personaje poético parece tenerlos bien asumidos porque la contrición ―me atrevo a decir, por fortuna― está ausente.

Otro de los temas que asoman con frecuencia tiene que ver con el análisis de la propia creación del poema y su labor de reconstrucción personal, como en este poema: «A veces, / entre la devastación y la furia / surge el poema». Nuestro autor se ha sentido permanentemente atraído por el proceso de creación. En el poema titulado «C», que entendemos como la formulación de una poética: «Entre los juncos de los manantiales / se esconde el pájaro del poema. / No vuela si no quiere. A veces está quieto / y a veces no está…» encontramos la más clara evidencia.

Nicolás Corraliza ha reunido en este libro un inventario de desperfectos que busca reconciliarse consigo mismo en un intento de blindar los ejes cardinales de su existencia y de subsistir, como escribía san Agustín, «entre los restos de nuestra propia oscuridad». Las palabras actúan, en este contexto, como puentes, como mediadoras en el conflicto entre lo cotidiano y lo universal, entre lo individual y lo colectivo. Será, según esta propuesta, el lector quien deba encontrar el lenguaje apropiado para asimilar su propio conflicto.

Reseña publicada en El Diario Montañés, 5/08/2022