JORDI DOCE. TODO ESTO SERÁ TUYO. EDITORIAL PRETEXTOS.

Cada nueva entrega de Jordi Doce (Gijón, 1967) representa un regalo para el lector, probablemente porque en su caso, como él mismo afirma, «La lectura nos permite identificarnos con lo que leemos sin dejar de ser quienes somos; es un desdoblamiento, un diálogo con ese reflejo de nosotros mismos que aparece al lector». En efecto, no podría definir de forma más precisa lo que he sentido al devorar estas páginas. Da lo mismo que sea un libro de poemas ―dejando a parte sendas antologías que han aparecido en los últimos meses, el más reciente, «No estábamos allí», fue muy elogiado por críticos y lectores―, un ensayo o uno de esos volúmenes misceláneos que agrupan notas diarísticas, reflexiones, comentarios literarios, aforismos, viñetas costumbristas y otros textos difíciles de etiquetar, por no hablar de las ediciones y estudios sobre poetas. En cualquiera de estos géneros ―en Jordi Doce, íntimamente relacionados―, el entusiasmo con el que están escritos se trasmite de inmediato a quien tiene la fortuna de enfrascarse en sus páginas.

«Todo esto será tuyo», el libro objeto de este comentario, pertenece, al igual que «Perros en la playa», del que es en cierto modo, una continuación, a ese tipo misceláneo al que hacíamos mención más arriba. De hecho, el propio autor, lo explica así: «Como su predecesor [“Perros en la playa”], este libro reúne y ordena una selección de las notas y apuntes acumulados en mis cuadernos ―y mis archivos de Word― a lo largo de varios años de escritura discontinua». Esa discontinuidad, sin embargo, apenas se deja notar ya que las entradas no están fechadas. Así, sin el rigor del calendario, podemos leer los diferentes textos como un continuo enlazado por esos vaivenes reflexivos a los que tan aficionada es la mente de un escritor. Y es que uno de los temas habituales de estas líneas es la indagación sobre el proceso creativo, como cuando da cuenta de la satisfacción que produce cambiar una palabra de un verso, por ejemplo, y ver cómo el poema al fin «funciona»: «Después de tirar, romper y ordenar papeles cuya existencia ni siquiera recordaba, me siento más libre, más ligero, también más limpio, como si a la limpieza de la mesa hubiera seguido otra más oculta de mis dudas y confusiones, como si el caos del estudio fuera el reflejo inmediato de mi debilidad intelectual», escribe. Tal vez esta sensación provenga de lo que él mismo explica en uno de los muchos aforismos que menudean en estas páginas, ese que dice: «Cuando demasiadas palabras no te dejan ver el poema». No escamotea Doce los asuntos domésticos, la rutina diaria: «… los días se estrechan y se vuelven irrespirables, como este comienzo de semana en el que ciertos asuntos ―domésticos, laborales― que debieron resolverse hace tiempo comienzan a emponzoñar el aire», aunque también de estos días se alimenta el escritor, que no solo ejerce como tal cuando escribe. En los periodos de sequía se fragua, habitualmente, el germen de la escritura futura. El verdadero escritor, aquel que entiende la escritura como una prolongación de su vida, necesita esos periodos de distanciamiento, porque el escritor gasta «la mayor parte de sus fuerzas en una actividad paradójicamente agotadora: no escribir», algo que, por lo general, no entienden del todo bien las personas ajenas al oficio.

     Jordi Doce muestra en estos textos que cualquier acto, cualquier suceso es capaz de desvelar esos resortes secretos que incitan a no dejarlos caer en el abismo del olvido, provengan estos de experiencias propias ―las relaciones familiares y las amicales son diseccionadas con templanza no exenta de autocrítica― o ajenas: de la lectura de un titular, del comentario de un libro, de una entrevista, de la audición de un disco o la visualización de una película, pero, como subrayé al comienzo, gran parte de estos pasajes hacen referencia a su propia evolución poética, evolución que analiza con el perspicaz ojo del crítico que es, así cuando escribe que «casi toda la poesía que he escrito recientemente es figurativa y, en muchos casos, tiene un espizano narrativo. Al mismo tiempo, esa voluntad narrativa convive con una visión, esta vez sí, fracturada del mundo», o cuando reflexiona sobre el aforismo con palabras tan certeras como estas: «El aforismo no existe para enunciar leyes ni presuntas verdades universales, sino para alumbrar ―dar a luz― ese nudo confuso de afanes, obsesiones y heridas mal cicatrizadas que nos constituye»

     Como sus predecesores ―además de «Perros en la playa», incluimos también «Hormigas blancas», aunque el contenido de este último sea más aforístico―, «Todo esto será tuyo» es un libro híbrido por su contenido, pero homogéneo en su tono y en esa atmósfera de intimidad que suscita en el lector una complicidad emocional e intelectual, y un deseo de indagar en su propia identidad que raramente provocan otras lecturas, acaso porque como Jordi Doce escribe, «..quizá lo mejor de la lectura es cuando el libro se apodera del día y las obligaciones cotidianas, digamos, quedan supeditadas a su atmósfera, el ritmo de sus frases o el parloteo de sus personajes». Este libro es un inmejorable ejemplo de ello.

JORDI DOCE. TODO ESTO SERÁ TUYO. EDITORIAL PRETEXTOS.

Reseña publicada en El Diario Montañés, 3/12/2021