ERNESTO ALCALÁ. GEOMETRÍA DE LO IMPOSIBLE. VALPARAÍSO EDICIONES

Hay quienes escriben poesía para exorcizar a sus fantasmas, los hay que lo hacen para cauterizar heridas y quienes depositan en la escritura el antídoto contra el olvido. Ernesto Alcalá (Barcelona, 1971), sin embargo, escribe poesía para trasmitir agradecimiento por sentirse vivo y por gozar de los dones que la vida le ofrece y, en especial, por ser capaz de disfrutar de la belleza que poseen los objetos y las cosas que nos rodean. No es un empeño inocente, por eso no duda en mostrar cierta desconfianza en que las palabras sean capaces de expresar la magnificencia del mundo, por eso, también, se pregunta: «Absurdas palabras que abrumáis el mundo, / ¿adónde vais hoy?». El ser entra en comunión con la naturaleza y las palabras, en ese instante, sobran.  Le basta el silencio porque «ni siquiera hombre seré; / solo luz apelmazada y tremulante, / solo fin». Resulta paradójico, por tanto, que en esta tesitura se reincida en recurrir al poema para decirse y desdecirse, como ocurre en el poema titulado «Página en blanco», que finaliza con estos versos: «Si me amaras, dejarías de escribir esos estúpidos poemas. / Pero es inútil» o en «Observatorio», cuyos versos últimos dicen: «Solo sé que te quiero / y recuerdo que, a veces, / ni te quiero». Alcalá emplea una retórica de carácter simbolista, en muchos casos, aunque en la mayor parte de los poemas prevalezca la voluntariosa intención de abarcar la totalidad de la emoción, aun asumiendo el riesgo de caer en cierto desaliño formal y en siempre resbaladiza ambigüedad semántica, como en los poemas «La mirada amatista» y «Limbo».  

     Es algo sabido que, en poesía (en la literatura, en general), la felicidad no tiene buena prensa, por esa razón, cuando nos encontramos ante alguien que la ensalza, instintivamente tomamos ciertas precauciones, por si fuera más una pose que una sincera declaración. En el caso de Ernesto Alcalá, no hay fisuras, la verdad de su sentimiento queda explícita no solo en versos como estos: «Creo en le plenitud / porque somos uno, / y amo la esperanza que no desfallece. / Bebo de las aguas de un manantial puro / y siento la dicha del que nunca pierde / (del que nada tiene)», sino en todo el libro, lo que no obsta para que realice, como en el poema «Parábola», una crítica a la postura acomodaticia del ser humano y las penosas consecuencias que tal inacción acarrea. Geometría de imposible busca, precisamente, hacer posible que el yo se diluya en un nosotros solidario y enamorado de la vida, aunque en demasiadas ocasiones las palabras del poema traicionen ese loable empeño.