ENRIQUE BALTANÁS. ANTOLOGÍA COMPLETA.

COL. POESÍA AL ALBUR. EDITORIAL CYPRESS

Es Enrique Baltanás (Alcalá de Guadaira, 1952) un poeta ―además de narrador y experto en la familia Machado, sobre la que ha escrito importantes investigaciones― con una obra lo suficientemente amplia y consolidada como para que merezca una antología (en realidad, la segunda. “Medidas provisionales” (2004) fue la primera y recogió poemas de sus cinco primeros libros) por más que convengamos que toda antología supone admitir unos riegos no siempre bien evaluados, aunque, como en este caso, sea el propio autor quien se ha ocupado de realizar la selección: «Cada lector ―escribe Baltanás― se fabrica su propia, intransferible y heterogénea antología personal. Yo, como lector, he hecho esta mía, quizás más discutible que ninguna, procurando distanciarme de aquel que escribió estos versos; ese alguien que, aunque tan cercano de mí como pueda estarlo mi sombra, jamás he podido confundir conmigo». Plantea aquí Baltanás un asunto que recorre mucha de la mejor poesía actual, el desdoblamiento entre el personaje lírico protagonista de los poemas y el autor de los mismos, un desdoblamiento que obliga a leer lo escrito como un relato de ficción, aunque se deslicen en su seño fragmentos reconocibles de la propia biografía, porque, resulta incontrovertible que el mero hecho de trasladar a la escritura cualquier experiencia, cualquier emoción, lleva aparejado una transformación, una recreación no exenta de inventiva. En el primer poema de este volumen, estructurado en orden inverso al habitual, la idea de la volubilidad de las palabras, la herramienta con la que tratamos se trata de apresar lo inefable: «Palabras son para desvanecer / a esas sombras oscuras de la noche […] // Pero las sombras vuelven, como fieras / o fantasmas que escapan… / de un arca mal cerrada, // si el borrador es torpe y no consigue / tenderles la celada parece / memoria y es olvido», idea que se repite en varias ocasiones a lo largo del libro («Las palabras no valen si no llevan / por su sombra a la luz»), parece guiar esta estética. Junto con el amor ―«¿Pero qué somos / si no somos amor?»―, el conflicto identitario ―«Solo tengo conciencia de haber sido. / De que ya no soy más» o «Yo no soy el que un día fui. / Ahora soy este que soy. / Aquel se marchó sin mí»―, esa combinación de memoria y olvido que gobierna nuestros actos ―«El pasado no existe y el incierto / futuro que me aguarda abre sus fauces / para volverme estiércol de su huerto»― y cierto desencanto existencial, manifiesto en versos como estos: «No existe la alegría / sino para quien ha vivido o vive en el dolor» o estos, aun más contundentes: «Sumando retrocesos y derrotas / se alcanza el desengaño, que es un cruce. / Quien conoce el fracaso y el dolor, / llega a una encrucijada de senderos» y que conduce al extremo de tomar partido en la habitual dicotomía entre la vida y los libros: «Quema los libros. / O no, mejor enciérralos / en una habitación, bajo una llave / que tirarás al río […] La vida está delante / de ti. Te espera. / Arrójate a la vida / sin el paracaídas de los libros».

Esta Antología completa integra los libros agrupados en la antología de 2004 y añade poemas de los libros publicados posteriormente. Títulos, siguiendo el orden inverso escogido por el autor, como “Esta sombra que fui” (2019), libro del que se entresacan una numerosa cantidad de poemas, “Las propiedades del aire” (2015), “Trece elegías y ninguna muerte” (2010) y “El argumento inacabado” (2005), eso sí, como se advierte en la contracubierta, «Algunos de estos poemas han madurado respecto de su primera aparición hasta el punto de parecer distintos. Y acaso es que lo sean. También se han añadido algunos poemas nunca antes publicados en libro». Tenemos pues en nuestras manos una muestra generosa de la mejor poesía de Baltanás, una poesía caracterizada por la limpieza retórica, por el uso selectivo de las formas tradicionales y por el carácter meditativo que imprime a sus versos un acusado tono nostálgico y escéptico, como reflejan estos versos que definen la vida como «un trago de sombra, una copa de niebla. / Una chispa de ser que ya se extingue / en la hoguera incesante de la Nada». / Y no hay más. Eso es todo. Pues la vida / no tiene más secreto. Ni misterio», propio de una poesía enraizada en la indagación íntima ―véase el poema «Poesía de la experiencia»―, más que en el mundo circundante, aunque no escaseen referencias históricas, como en el poema titulado «Valencia, 1938» o paisajísticas, como en «Sierra de Morón» o «Gruta de las maravillas», por ejemplo, pero más describir un lugar, sirven como escenario propicio para la reflexión existencial, una reflexión que conduce a Enrique Baltanás a escribir porque no es del todo improbable que en el poema se hallen algunas de las respuestas que busca, que buscamos.

Reseña publicada en El Diario Montañés, 6/08/2021