EMILIA PARDO BAZÁN. GOTA PERDIDA EN EL INMENSO MAR. ANTOLOGÍA POÉTICA. ESTUDIO, EDICIÓN Y SELECCIÓN DE REMEDIOS SÁNCHEZ.

VALPARAÍSO EDICIONES

Remedios Sánchez, profesora de la Universidad de Granada y experta en poesía contemporánea nos presenta ahora una antología de la obra poética de Emilia Pardo Bazán, probablemente la faceta menos conocida de la escritora nacida en La Coruña en 1851 y fallecida en Madrid hace ahora cien años, que es reconocida como una eminente novelista ―Los pazos de Ulloa o La madre naturaleza, entre otras―, como ensayista ―en La cuestión palpitante realizó un pormenorizado estudio sobre el naturalismo francés, algo casi inconcebible en una mujer― y columnista polémica por sus ideas revolucionarias en torno de la educación o el papel de la mujer en la sociedad actual («La clave de nuestra regeneración está en la mujer, en su instrucción, en su personalidad, en su conciencia», escribe) en diversas cabeceras de la época, como El Imparcial, La época o La ciencia cristiana. Esta prolífica actividad no estuvo exenta de críticas, no solo de carácter personal ―su beligerancia social y religiosa nunca fue comprendida por su esposo, de ahí que, a finales de 1883 se separaran de forma amistosa―, sino público. A los literatos más eminentes de la época ―léase Marcelino Menéndez y Pelayo, Clarín, Varela o José María Pereda― les molesta su éxito ―fraguado a partir de la publicación de la novela Pascual López, autobiografía de un estudiante de medicina― y su creciente influencia, que ven como una amenaza (Pereda la tacha de dama «con humos de encopetada» y de mujer «petulante» y «osada»), pero lo que más insoportable les resulta es la calidad de su prosa, una prosa escrita por una mujer, algo muy difícil de asumir en la época.

En cuanto a su obra poesía, minusvalorada y poco estudiada ―sobre todo si la comparamos con su obra en prosa―, su primer libro, EL castillo de la Fada, data de 1866, cuando la autora contaba quince años y es, por tanto, un libro inmaduro. Publica poemas en varias publicaciones periódicas y en 1881 publica Jaime, dedicado a su hijo. Otros títulos son Himnos y sueños y Álbum de poesías. «Estamos, en general, ―informa Remedios Sánchez― ante unas composiciones de claro influjo romántico (Bécquer y, especialmente, Espronceda en cuanto a españoles; Heine, Schiller o Bürguer en cuanto a los alemanes) cuando no de corte costumbrista-paisajista o religioso».  La propia investigadora nos ofrece las pautas de la selección antológica: «Para la selección de los poemas que aquí siguen, nos hemos basado en dos premisas: la primera, seleccionar poemas de diferentes etapas, temáticas y enfoques estilísticos […]. Segunda, buscar todas las fuentes ―o todas las que nos ha sido posible― de especialistas pardobazianos que han estudiado, analizado e interpretado su lírica con precisión y acierto». La selección comienza con dos poemas de El castillo de Fada (Leyenda Fantástica), su libro adolescente que, sin embargo, muestra un notable sentido del ritmo y un interesante propósito simbólico-mágico. De Álbum de poesías se recogen varios sonetos, como este, en cuyos primeros versos muestra su lacerante preocupación social y patriótica: «Mientras gime la patria destrozada / y por el mundo entero escarnecida / introduciendo en la cruel herida / sus propios hijos la sangrienta espada;» y también poemas primerizos, casi contemporáneos de los de su primer libro, como «Barcarola» o «Un adiós», con reminiscencias románticas y chispazos de cierto misticismo naturalista: «Huye ligero el abrasado estío / cual sueño de ventura, / como ilusión resplandeciente y pura /  […] ¡Adiós mis campos llenos de rocío, / adiós mis perfumados limoneros / de aroma penetrante».

De Jaime, el libro dedicado a su primer hijo, se han seleccionado dos poemas. El primero bordea el sentimentalismo, pero consigue eludirlo gracias a la metáfora de las aves y su peregrinaje estacional: «Fruto de mis entrañas el primero, / después que el ser que te di por mi fortuna, / se liquidó mi corazón entero / en lágrimas de amor sobre tu cuna […] Y como la bandada de las aves / canta otra vez del sol con la presencia, / despertó tu mirar cantos suaves; / les perfumo la flor de tu inocencia». Himnos y sueños se puede considerar su último libro de poemas más o menos estructurado. Los poemas recogidos en “Gota perdida en el inmenso mar”, son de carácter metapoético ―circunstancia que no puede sorprendernos, ya que, como hemos consignado, Emilia Pardo Bazán fue una rigurosa investigadora literaria― con evidente influencia bécqueriana, aunque sin la factura de este, como delatan estos versos: «¡Oh bella poesía! / Mientras exista el hombre / tus frescos manantiales no / temas que se agoten. / Porque el poeta estudia / los mundos interiores….» y un saborcillo postromántico salpicado del modernismo en boga en la época con respecto a la idea del poeta: «El alma  del poeta, profunda, / triste, grande, desbordándose en sus / himnos, se queja en sus / cantares». La última sección del libro, titulada “Otras poesías” recoge composiciones de muy diferente calado: baladas, descripciones paisajistas con metáforas mitológicas y evocaciones orientalistas, incluso parábolas didácticas, como la recogida en el poema ¡Oh, juventud!, que finaliza con estos versos: «Acaso / tú, juventud, que el egoísmo / por dicha no conoces; / tú que aún no olvidaste la infancia / las castas oraciones / eres quizás la destinada hueste / que junta Dios y escoge / para fundir la sociedad caducan/ de tu entusiasmo al choque».

En resumen, nos encontramos ante una antología necesaria para conocer la faceta más oculta de la obra de Pardo Bazán, aunque, como resulta evidente, no es la más sobresaliente, por más que sirva como testimonio de una época y contribuya a resaltar el papel de la mujer también en este ámbito y a forzar una toma de postura ante esa necesaria independencia de juicio. Si bien de forma solapada todavía, no falta en esta poesía la reivindicación de la perspectiva femenina ante la realidad, algo que las más eminentes figuras de la época censuraban o se tomaban a chirigota.

Reseña publicada en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés