JOSÉ GARCÍA OBRERO. TOCAR ARCILLA AL FONDO. EDITORIAL LA ISLA DE SILTOLÁ.

No es José García Obrero (Santa Coloma de Gramenet, 1973) un poeta que acostumbre a hacer concesiones. En su muy elaborada poesía vemos que la búsqueda del conocimiento, en su sentido más amplio, es prioritaria y eso exige un modo de articular el poema más atento a lo conceptual que a lo sensorial y rítmico (las citas de Paul Celan y José Ángel Valente abundan en esa idea). Aunque estos dos factores estén, también, muy presentes, no logran que esa indagación de la que hablamos se supedite a ellos. La primacía,  como décimos, reside en una búsqueda ontológica de la identidad, de los orígenes del ser, algo que, por otra parte, no es privativo de Tocar arcilla al fondo. Su obra toda, compuesta por títulos como Un dios enfrente (2013), Mi corazón no es alimento (2014) y La piel es alimento (2017), ahonda en esa búsqueda de sí mismo y del mundo que le rodea, porque, como el poeta afirma «uno acaba teniendo siempre las mismas obsesiones, que son las que le dan vueltas en la cabeza y a las que, de alguna manera, necesita dar respuesta, aunque sepa que va a ser muy complicado… Pues, en cierta medida, han ido saliendo las obsesiones que siempre he tenido en los anteriores libros».

     Su nuevo título está divido en cuatro secciones. Desde el primer poema de la sección inicial,«Flor», ya vemos a «un hombre que camina silencioso / hacia la cordillera de sus pensamientos», unos pensamientos que, como vemos en poemas posteriores, se han fraguado en el pasado, en la infancia: «Si busco detrás de los espejos aquellos años, / veo un muro coronado por cristales de botellas, / cañas lentas meciéndose en el viento / y una seda dorada rozando las montañas. / Si levanto la tierna carta de mis ocho años, / se encienden dos espadas que custodian la tarde…». Ese periodo sufrió un corte brusco que supuso para el poeta tomar conciencia del extrañamiento: «Una escisión de ti, el otro, el extranjero, / penetró sin saberlo en la alameda roja, / perdió de vista el mar, que era la madre. / ¿De qué te quejas, di, crees ser el único? / No hay exilio más cruel que echar raíces». Este final un tanto paradójico se repetirá en otros poemas, lo que demuestra que García Obrero sabe que la realidad está llena de sorpresas, de contrates, de contradicciones como hemos podido verificar en estos últimos meses, meses en los que hemos regresado «a los espacios interiores» y nos hemos esforzado «en olvidar, entre las sombras, / la infección, los días de obligado asilamiento» y la paradoja es, probablemente, una de las formas mejores para nombrarla.

     En «Sed», la segunda sección, la más breve, reincide en lo paradójico: «A fuerza de ignorarla llega un momento / en que la sed desaparece. / Desde ese día, un deseo soterrado / te somete de manera imprevisible», mientras que en la tercera, «Ceniza», la sed, la falta de agua, se convierte en diluvio, en el que «Todo se crea, nombre a nombre» y «Tras el diluvio, esta certeza: bajo una luz y la siguiente, / lo que ahora es, ahora es memoria, ahora, olvido». Otro de las justificaciones del libro, la cuarentena, un término con muchos precedentes simbólicos, se explicita en el poema de igual título, hasta el punto de que el poeta se cuestiona la oportunidad de que el confinamiento afecte a la misma escritura: «Es hora de indagar si la infección / aguarda su mordisco en el poema / o se trasmite con desgana / cuando no escribes». Esta reflexión en torno al proceso de construcción del poema se repite en otros poemas, como en «Claridad», que comienza con estos versos: «Todos los silencios que, sin motivo cierto, / cayeron con estrépito al poema / trataron de dar forma / a lo que nunca pudimos retener» y finaliza con este, «Toda esta claridad va extendiendo su sombra», que da entrada a la última sección, «Sombra». Lo paradójico vuelve a hacer acto de presencia: «La sombra blanca se traduce en penumbra», pero esa iluminación momentánea del relámpago es suficiente para consolidar la identidad, una identidad que ha ido afirmándose a medida que el poeta se reconoce en la naturaleza de una manera intuitiva, primitiva incluso: El futuro, el viaje que queda por hacer solo puede emprenderse desde una vuelta al origen, desde la raíz, desde la memoria. Tocar arcilla al fondo es un libro que indaga en lo esencial de la naturaleza humana, con un lenguaje cuidado, culto y preciso que evita la digresión, que apunta al centro de la diana del pensamiento.

https://elcuadernodigital.com/2021/06/29/tocar-arcilla-al-fondo/