JOSÉ DEL RÍO SAINZ. VERSOS DE GUERRA, MAR Y HAMPA. ANTOLOGÍA POÉTICA, 1912-1953. EDICIÓN DE JUAN ANTONIO GONZÁLEZ FUENTES

A pesar de no ser un poeta de primera fila, no porque se ponga en cuestión su calidad poética –aunque también-, sino por su fidelidad a una estética ya entonces un tanto trasnochada, la figura de José del Río Sainz –Pick- (Santander, 1884-Mdrid, 1964) regresa con cierta frecuencia a los estantes de las librerías, y no solo en el ámbito, más doméstico, de las publicaciones regionales. Ediciones de enorme prestigio nacional como La Veleta también se han ocupado de su obra poética –no es baladí recordar que, por ceñirnos al ámbito de las letras, además de poeta, nuestro autor fue también un afamado periodista-. De su mano vio la luz en el año 2000 Poesía, una edición preparada al alimón por Luis Alberto de Cuenca y José del Río Mons. Ahora le toca el turno al poeta Juan Antonio González Fuentes, que he preparado una selección de los poemas del “poeta del mar”, apelativo con el que se le conoce en su ciudad, para la prestigiosa colección de antología de la no menos prestigiosa editorial Renacimiento, que cuenta, en este caso, con la colaboración de la Fundación Gerardo Diego.

     Gonzáles Fuentes traza un relato, no siempre lineal, de los principales avatares de la vida y la obra de Del Río. Nacido en 1984, en una familia relacionada con el periodismo y con el mundo de las letras, su firme dedicación a la escritura sucedió, sin embargo, de un modo accidental, ya que su profesión era la de marino: “Marino de vocación y formación, navegó principalmente por el Báltico y el Mar del Norte, hasta que un accidente de trabajo y el naufragio de su barco lo llevaron al periodismo profesional”. Hasta entonces, estamos hablando de 1907, solo había colaborado esporádicamente con pequeñas crónicas viajeras. La propagación de la gripe en la ciudad y la consiguiente baja de profesionales propició su incorporación al periódico La Atalaya de manera continuada. En dicho periódico “aprendió el oficio primero como reportero y luego en la redacción, hasta que el director, el empresario teatral Eusebio Sierra, empezó a encargarle artículos de fondo”, unos artículos que, bajo el título de “Aire de la calle”, trataban de temas de actualidad, “procurando –como escribe González Iglesias- trascender la rutina de la vida provinciana”. Pasados los años, en 1922, llegaría a ser director de dicho periódico. Tiempo después, en 1927, nació el periódico La Voz de Cantabria, y José del Río Sainz fue nombrado director mientras colaboraba en otras cabeceras de la época como El Imparcial, La esfera, El Pueblo Vasco o Ahora. El Golpe de Estado de julio de 1936 y la posterior contienda encuentran en la voz de Del Río una permanente llamada a la concordia, algo que no gusta ni a un bando ni a otro. “Tras la guerra –seguimos de nuevo a González Iglesias- ningún medio quiso darle un trabajo estable. No fue hasta 1958 cuando comenzó a colaborar como articulista en Informaciones con la columna “Apuntes de un peatón”. Tenía setenta y cuatro años”. Como se ve, un hecho suficientemente ilustrativo de la prolongación de la venganza.

     Por lo que respecta a su poesía, podemos acceder a ella de un modo un tanto descabalgado puesto que una gran parte de su obra se publicó en los periódicos y las recopilaciones en libro no eran muy pródigas al respecto. Entre 1912 y 1953 publicó siete libros, de los cuales tres eran recopilaciones. Cinco de ellos los publicó en un periodo muy corto, entre 1922 y 1926, lo que los hace estrictamente contemporáneos de algunos de los libros de la generación del 27. Teniendo en cuenta la dificultad que entraña recuperar todos esos poemas dispersos, “la presente antología es una selección solo de los poemas que Del Río incluyó en sus libros”. El primero de ellos, Versos del mar y de los viajes (1912) comienza con un ofrenda en la que se percibe el tono entre burlón y desmitificador, muy en la senda de cierto postmodernismo cuya cabeza más visible reconocemos en Manuel Machado: “A todas las mujeres que he querido / con un amor fugaz…”, para continuar escribiendo “A todas les dedico hoy este libro… / y al evocarlas como un arpa vibro… / ¡mi propia juventud es lo que evoco…”. son poemas, en su gran mayoría, dedicados a sus experiencias como marino, al mar, a quine le debe todo,  “escuela de la vida, templo y atrio / en que el vivir cosmopolita y pícaro, / al alejarme del terruño patrio / me dio la alada decisión de un Ícaro”. No podía faltar, entre esas querencias, la ciudad que el vio nacer, protagonista frecuente de sus versos: “Otra vez, Santander, aquí me tienes, / descansando en la paz de tu bahía; / ¡dame, para ponérmela en las sienes, / la corona de tu melancolía”. Su siguiente libro es AL belleza y el dolor de la guerra (1922). Los temas, inexorablemente, tienen que ver con la Primera Guerra Mundial. Así comienza el poema “La guerra”: “Sobre los campos de trigo, / promesa de amor y vida, / galopa el fiero enemigo / con una tea encendida. // Todo arte, / todo crepita a su paso, / todo es muerte y vilipendio, / y, al declinar de la tarde, / finge un incendio el ocaso / sobre el horror de otro incendio”. De Hampa(1923), el libro más controvertido del autor y al que el propio Pick no deseaba dar publicidad, se recogen algunos poemas que bastan para ver el tono satírico y de denuncia que no sentó nada bien a las mentes más conspicuas de la sociedad de la época. Veamos algunos ejemplos: “Los ricos de Bilbao guarda a sus queridas / en unas casas claras con aires de chalets / y de noche las sacan, ricamente vestidas, / y con ellas recorren todos los cabarets”. O estos otros, con los que finaliza el poema “La apelación”: “Ellas, las que han vencido por gracia del Señor / a las que fueron débiles y faltó la virtud / comprenderán mejor / que el frío pensador, / que la hisca multitud, / y verán que no es éste un libro pecador”. Una, por lo visto, necesaria justificación para un hombre que, en ese momento, disfrutaba de una estable posición económica –no olvidemos que era director de un rotativo- o quizá, esa fue la razón de tal descargo. Su poema “¡Y esto fue un hombre!” retrata a alguien muy consciente de la fugacidad y de la inutilidad de las vanidades del mundo: “El olor de la carroña lo delata. / Todo es una asquerosa gusanera; / una monda osamenta se recata / en un podrido paño de guerrera. // Esto fue un hombre, y en un día bello / como este en que vivimos, los despojos / tuvieron forma humana y un destello / de luz de juventud sobre los ojos”. Gerardo Diego, que lo incluyó en la edición de 1934 de su famosa antología, le dedicó un poema que finaliza con estos versos: “Capitán de tus barcos. Capitán de tus versos. / Tus versos y tus barcos nunca naufragarán. / Por mares y por tierras , bajo cielos diversos, / que te acompañe siempre tu musa, Capitán”. Así sea.

https://elcuadernodigital.com/2021/06/22/versos-de-guerra-mar-y-hampa/