LOUISE GLÜCK. NOCHE FIEL Y VIRTUOSA. TRADUCCIÓN DE ANDRÉS CATALÁN. EDITORIAL VISOR.

Con Noche fiel y virtuosa (2014), hasta ahora el último de los títulos publicados por Louise Glück, con el obtuvo el Premio Nacional del Libro en 2014, y el primero después de la publicación de su obra completa en 2012, la editorial Visor, depositaria de los derechos de la poeta después de obtener el Nobel el pasado año, inicia la publicación de su obra integra. Andrés Catalán, reconocido traductor de poetas de la talla de Robert Lowell,  Robert Frost, Philip Levine, Anne Carson o Robert Hass, entre otros, y autor de la versión de Praderas, en 2017, será el encargado de lleva —por lo que vemos, de forma muy solvente— a cabo esta empresa, nada fácil por su envergadura y por su complejidad, una complejidad que podemos comprobar en este libro, magnífico y exigente, en el que la poeta se enfrenta a las servidumbres de la vejez, puesta la vista en el final del viaje, que ya se adivina en el horizonte y lo hace a través de personajes masculinos —un pintor— y femeninos. Unos y otros poseen rasgos que podemos identificar como de la propia poeta, aunque esa duplicidad le permite distanciarse de recuerdos y experiencias de su vida, objetivarlas como si fueran ajenas. De este modo, cada poema relata un episodio vital entreverado de reflexiones de carácter ontológico y de asociaciones que el lector no siempre logrará interpretar en sentido más profundo, dada la inaccesibilidad de ciertas claves personales. El primer poema, «Parábola», es indicativo en este aspecto. La renuncia, a la manera franciscana, a las posesiones materiales, implica la necesaria búsqueda de alicientes vitales. En la confrontación de los diversos pareceres que tiene el grupo algunos «perdimos flexibilidad y ganamos resignación, / como soldados en una guerra inútil». El viaje circular, tan del gusto de la poeta, no conduce a ninguna parte, por esa razón, «quienes creían que debíamos tener un propósito / creyeron que te era el propósito, y quienes sentían que debíamos seguir siendo libres / a fin de conocer la verdad sintieron que esta había sido revelada». Louise Glück utiliza con mucha frecuencia el recurso de la comparación («pasé a través de él como un avión pasa a través de una nube», «la línea inestable suavemente /  desciende / como una voz humana en una canción de cuna», etc.) y lo hace con relaciones que descolocan al lector por lo inesperadas, por la amplitud de significados que suscitan, por las insinuaciones que ofrecen. En este recuento, generalmente revelado —y decimos revelado porque muchos de ellos provienen de un estado de ensoñación— en versos de largo aliento y en poemas en prosa, Glück discrepa, duda, se contradice; por una parte habla de relaciones amorosas que le han esclavizado por otra, gracias a ellas, mantiene la esperanza necesaria para seguir viviendo. Lo mismo le ocurre con la poesía «y en noches sucesivas / otras muchas pasiones y sensaciones fueron, del mismo modo, / dejadas de lado […] / Pero estos adioses, me dije, son ley de vida». El poema que da título al libro, «Noche fiel y virtuosa», condensa a la perfección el sentido del libro utilizando el mito, en este caso, el artúrico, para adentrase en su conciencia: «Mi historia —escribe Glúck— comienza de un modo muy sencillo: podía hablar y era feliz», pero pronto sobreviene la mudez, los pensamientos, las obsesiones, los conflictos íntimos —«Impaciente, ¿estás impaciente? / ¿Esperas a que termine el día, a que tu hermano regrese a su libro? / ¿A qué la noche regrese, fiel, virtuosas, / a que repare, brevemente el cisma / entre tú y tus padres?»— no pueden verbalizarse: «de mi boca no salía ningún sonido. Y sin embargo / estaban en mi cabeza, expresados, posiblemente, / como lago menos exacto, acaso pensamientos, / aunque en aquel momento seguían pareciéndome sonidos». De repente, sin saber muy bien por qué, el habla regresa.  La metáfora nos remite a la construcción de un yo paralelo, capaz de plegarse a los esquemas sociales, distinto de ese yo renuente y replegado en sí mismo. La dicotomía entre lo real y lo soñado está muy presente en los poemas más extensos, en los que se combinan las visiones oníricas con los pensamientos que estos suscitan, hasta que, al final, se acaba imponiendo la realidad de los hechos, el envejecimiento personal, las renuncias que lleva implícitas —algunas, como hemos visto al principio, son motivo de controversia— y quizá, en cierta medida, el ejercicio de comprensión hacia el prójimo, motivado por esa circunstancia: «Esta historia, insustancial  tal y como la escribo, / se veía de hecho interrumpida cada dos por tres con pausas como de trance…». 

     Hablábamos más arriba de un viaje circular —«cada noche, tras mis paseos, / me descubría ante mi puerta»—, un viaje que va desde la infancia hasta la vejez, desde la inocencia hasta el desengaño, de la luz a la oscuridad. En la travesía, las figuras de los padres, son contempladas como una alucinación —«Mi madre y mi padre estaban a la intemperie / en los escalones de la entrada. / Mi madre se quedó mirándome, / una hija, una compañera. / Nunca piensas en nosotros, dijo»—, tal vez porque es la mejor forma de representar los efectos, en algunos casos, nos parece entrever, nocivos, de la convivencia. Los reproches se suceden y la autora siente la necesidad de justificarse, de dar pruebas de su amor filial: «Escribo sobre vosotros todo el tiempo, dije en voz alta. / Todas las veces que digo “yo”, me refiero a vosotros». Glück habla con el espíritu de sus muertos, por eso se obligada a utilizar un lenguaje de tono visionario, paradójicamente, insertos en escenarios reales como el cementerio, en el cual esas presencias fantasmagóricas actúan determinado la vida real, hasta tal punto que el personaje lírico, convertido en pintor, tiene la sensación de «estar flotando sobre mi propia vida». Se homologan en este libro pintura y poesía, arte y literatura, autocomplacencia y sufrimiento, el contraste entre naturaleza y arte, pero también la ansiedad, el bloqueo, la parálisis creativa: «Y le hablé del vacío de mis día, / y del tiempo, que empezaba a agotarse, / y de la insignificancia de mis logro…», el desdoblamiento en otro yo porque «gran parte de mi yo original / ya está muerto, así que a un fantasma no le quedará más remedio / que alcanzar a una mutilación». Ese fantasma, más vivo en los sueños, se difumina cuando la realidad prevalece. Hay muchas historias encerradas en este libro, metáforas, suponemos, de su existencia, como la de dos hermanos huérfanos recogidos por una tía, que proporcionan viveza, intensidad y verosimilitud a estos poemas que seducen y desconcierta a partes iguales. En Noche fiel y virtuosa, una de las cimas poéticas de Louise Glück, a pesar de la austeridad de su lenguaje, asistimos al prodigio de la renovación personal, una especie de desafío a la muerte, a través de esa palabra que refleja el debate «entre una estructura de oposiciones y una estructura narrativa», esa palabra que transforma lo cotidiano en tan algo maravilloso que nos incita a seguir confiando en los sueños.

https://elcuadernodigital.com/2021/05/25/noche-fiel-y-virtuosa/