DONALD HALL. WITHOUT. TRADUCCIÓN DE JUAN JOSÉ VÉLEZ OTERO.

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Hay libros que, después de leerlos, te sumergen en sensaciones, sin bien contradictorias, fácilmente comprensibles. Uno de esos libros es “Without” (“Sin”), de Donald Hall (1928/2018), escrito a raíz de la muerte de su esposa, la también poeta Jane Kenyon en 1995, y publicado en 1998. Hablo de emociones contradictorias porque, por una parte, uno se rinde sin condiciones ante la belleza y la intensidad de la poesía de Hall, ante la prodigiosa manera de hacernos partícipes de sus emociones más intimas; pero, por otra parte, la dureza de las situaciones que describe y el sufrimiento que originan nos deja un poso de melancolía y de desvalimiento difícil de aplacar, quizá más presente en quienes han pasado por momentos semejantes.  Claro es que estamos hablando de poesía y esa es, precisamente, una de sus mejores virtudes, la de hacer partícipe al lector de unas vivencias y unas emociones que, pese a ser personales, gracias a la pericia del poeta, se convierten en universales, como universal es el amor y dolor, por mucho que cada cual los experimente de manera individual. 

     Los hechos que han dado pie a la escritura de “Sin” son bien conocidos, pero no está de más que, siguiendo el patrón que describe Juan José Vélez Otero, el solvente traductor del libro y de otros títulos de Hall al español, los recordemos: Donald Hall y Jane Kenyon contrajeron nupcias en 1972. Separaban a los contrayentes veinte años (si nos detenemos en esos datos no es por puro chismorreo, sino por que son asuntos tratados, como luego veremos, con frecuencia en sus poemas). En 1989, cuando contaba sesenta y un años, Hall se ve aquejado de un cáncer de colon. «Lo sometieron a cirugía —escribe Vélez Otero—, pero en 1992 el cáncer se manifestó de nuevo, esta vez en el hígado. Después de otra operación y consecuente tratamiento, la enfermedad afortunadamente entró en remisión [de hecho, vivó hasta los noventa años]. Pero, lamentablemente, algo más tarde, a principios de 1994, se descubrió que su esposa, Jane Kenyon, tenía leucemia». El proceso apenas duró quince meses y este tiempo, y la posterior ausencia del ser querido es el que arma los poemas del estremecedor “Wihtout”, libro en el que, aunque no posea como tal secciones divisorias, podemos establecer dos partes temáticas, con un nexo de unión, el poema del mismo título del libro, «Without», en que Hall describe los trágicos últimos meses, en los que la prolongada agonía de la enferma cifró la existencia de ambos: «horas días semanas meses semanas días horas / el año transcurría sin puntuación», pero el desenlace era inevitable: «El alto el fuego duró cuarenta y ocho horas / entonces una bomba explotó en un mercado / dolor vómito neuropatía morfina pesadilla / confusión dolor el terror la tortura […] pérdida de memoria, pérdida de habla pérdidas». Como el lector puede imaginar, la escritura, la poesía posee un efecto terapéutico y el poeta, verbalizando su dolor y su sentimiento de pérdida, consigue mitigarlos, asimilarlos. 

Esa primera parte implícita, que Vélez Otero ha definido con acierto cuando dice que son la enfermedad, la hospitalización y los tratamientos para combatirla los temas predominantes. De hecho, el primer poema se titula «Su larga enfermedad», escrito en tercera persona, como la mayoría: «Desde el amanecer hasta que caía la noche / permanecía junto a su esposa en el hospital / mientras la quimioterapia, gota a gota, / fluía por el catéter hasta el corazón». En otros poemas, sin embargo, pasa a la primera persona, como en «La pareja de porcelana» o en «El sonido del bosque», poemas eminentemente narrativos que describen con crudeza las circunstancias sufridas: «Todas las mañanas hacía mi ruta / por pasarelas, ascensores, / y controles hasta la habitación de Jane / para hablar con los cuidadores/ que la habían atendido durante la noche…». Esta parte finaliza con unos poemas estremecedores agrupados bajo el título de «Los últimos días», del que transcribimos la estrofa final: «Durante doce horas, / hasta su muerte, estuvo acariciando / la huesuda, prominente nariz de Jane Kenyon. / Un súbito olor, casi dulce, / empezó a salir de su boca abierta. / Observó cómo su pecho se apaciguaba. / Con el pulgar cerró sus redondos ojos castaños».


     La segunda parte está integrada por poemas en forma epistolar, con unas cartas sin destino puesto que la receptora ya ha fallecido. En ellas le da cuenta del día a día, pero, después de esas enumeraciones el quehacer cotidiano, hacen su aparición los recuerdos: «Siempre el tiempo, / escribiendo su diario, / te devuelve hacia mí. / Los días cotidianos eran los mejores, / cuando escribimos poemas / en nuestras habitaciones separadas. / Te recuerdo abstraída mirando / por la ventana de enero / hacia le jardín nevado / imaginándote los lirios color violeta. // Tu presencia en esta casa / es casi tan enorme / y dolorosa como tu ausencia». Como vemos, la poesía de Donald Hall no rehúye los asuntos más prosaicos, representados con un lenguaje sencillo y directo, casi conversacional,  es una poesía netamente narrativa, lo que no le resta un ápice de lirismo y emoción, una emoción que embarga también al lector al ser testigo de un recuerdo como este: «Es espantoso hacerse viejo —escribe—. / Cuando me levanto después de un rato sentado, / me horrorizo de cómo tengo que estirarme / para aliviar la rigidez. / Cuando hablamos por primera vez de matrimonio / descartamos la idea / porque serías veinticinco años viuda». Quienes se escudan en la presunta ininteligibilidad de la poesía deberían leer “Without”. Todos sus reparos de disiparán como por arte de magia.

Reseña publicada en Sotileza, suplemento de El Diario Montañés, 21/05/2021