BILLY COLLINS

HOY

Si alguna vez hubo un día de primavera tan perfecto,

tan animado por una cálida brisa intermitente

que provoca que quisieras

abrir todas las ventanas de la casa,

quitar el pestillo a la puerta de la jaula del canario

y, de hecho, romper la puertecita de su jamba;

un día en el que los frescos senderos enladrillados

y la explosión de peonías en el jardín

parecía tan grabado en la luz del sol

que te apetecía dar

un martillazo al pisapapeles de cristal

en la mesa auxiliar de la sala de estar,

liberando a los habitantes

de la cabaña nevada

para que pudieran salir

tomados de la mano y entrecerrando los ojos

a esta enorme cúpula azul y blanca,

pues bien, hoy es esa clase de día.

Versión de Carlos Alcorta