JORGE CAMACHO CORDÓN. QUEMADURA. EDICIONES VITRUVIO.

Quemadura, el último título publicado por Jorge Camacho Cordón (Zafra, 1966) contiene dentro de sí varios libros, no tanto por su tono meditativo e irónico —no monolítico pero sí con cierto uniformidad, algo que beneficia el equilibrio semántico del volumen— como por la variedad de argumentos que son objeto de tratamiento en el poema, lo que nos hace pensar que una ordenación temática y la supresión de repeticiones innecesarias probablemente hubiera mejorado el resultado final. Camacho posee ya una larga trayectoria como poeta, pero el hecho de haber escrito gran parte de ella en esperanto (en Quemadura hay varios poemas escritos en esa lengua artificial, debidamente traducidos al castellano), ha minimizado su alcance y su difusión. De hecho, Palestina estrangulada, publicado en 2018, fue su primer libro en castellano. Y, sin embargo, estamos ante un poeta muy seguro de su voz, que logra, a través de un lenguaje sencillo, cotidiano, sin asomo de grandilocuencia —si alguna vez la utiliza, es con intención irónica— trasmitir una realidad personal plagada de anfractuosidades. La revisitación del pasado («Prestad atención, jóvenes: vosotros no sois el futuro. // La elasticidad, la energía y los espejismos juveniles / los conozco bien, los experimenté o, al menos, lo recuerdo, / pero el único futuro se llama vejez»), el humor («Se casan Marga y Franco, y yo, con tal motivo, / pensaba declamar algún leve poema / sobre el amor eterno, o sobre el matrimonio / sin que cundiese el pánico o la vergüenza ajena…»), el examen de conciencia ( el poema «Un gran peso», que finaliza con estos versos: «Así que, adiós, y gracias por no intentar retenerme. / Me quito un gran peso de encima. / Que los seres queridos os rían vuestras gracias», es un buen ejemplo), la política («¡Malditas las banderas, esos trapos / símbolos del odio y la ignorancia!»), la pasión («Amo también tu cuerpo. Necesito / tu presencia, tu voz, tu recuerdo, / pero eso no basta. /¿Cuerpo? Espalda. / Corvas. Pezón. Labículos. Glabela» la falta de ambición poética («Puede ocurrir que no se comprenda / mi semblante actual. / Pero así es. / No simulo nada. / Simplemente estoy sentado, / escribo algunas palabras / y espero el final»), la poética («Un poema eterniza ocurrencias efímeras»), la traducción («pese al dicho ingenioso pero vano de robert frost / la poesía no es lo que se pierde en la traducción / sino lo que queda») son temas muy frecuentados, pero, en un libro de esta extensión, casi 250 páginas, caben muchos otros. La poesía de Camacho tiene momentos excelentes, pero debería ser más riguroso a la hora de «armar» un libro. Da la sensación de que no ha querido dejar fuera ninguno de los poemas escritos en los últimos años y, como bien sabe el mismo poeta, esto, en lugar de beneficiar, perjudica. Una buena labor de poda es absolutamente necesaria y, en este caso, dejaría como resultado un conjunto de poemas más que notable.