CARMEN CONDE, DESDE SU DESDÉN. FRANCISCO JAVIER DÍEZ DE REVENGA. REAL ACADEMIA ALFONSO X EL SABIO.

Francisco Javier Díez de Revenga (Murcia, 1946), catedrático emérito de la Universidad de Murcia y académico de número de la Real Academia Alfonso X el Sabio, además de correspondiente de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y correspondiente en Murcia por la Academia de Buenas Letras de Granada es uno de los mayores especialistas en literatura del Siglo de Oro y en la del siglo XX., aunque sus trabajos abracan un espectro temporal más amplio, pues ha editado a autores como Alfonso X, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Cervantes, Lope de Vega, así como contemporáneos que van desde Campoamor, pasando por Galdós, Rubén Darío, Azorín, Miró, Salinas, Guillén, Gerardo Diego, Ciria de Escalante, Altolaguirre, Miguel Hernández, Buero Vallejo, Carmen Conde, García Nieto, José Hierro o Ángel González. Son innumerables los libros que ha publicado, de entre ellos citaremos, por ejemplo, “La métrica de los poetas del 27” (1973), “Teatro de Lope de Vega y lírica tradicional” (1981), “Panorama crítico de la generación del 27” (1987), “Tres poetas ante el amor, el mundo y la muerte (Salinas, Guillén, Lorca)” (1989), “Jorge Guillén: el poeta y nuestro mundo” (1993),), La poesía de Vicente Aleixandre: testimonio y conciencia (1999), , “La poesía de vanguardia” (2001), “Los poetas del 27, clásicos y modernos “ (2009), “Poetas españoles del siglo XXI” (2015) o “Miguel Hernández: en las lunas del perito” (2017).  También ha editado “Verso y Prosa, Suplemento Literario de La Verdad, Sudeste y Azarbe” y la “Obra completa” de Gerardo Diego, entre otras ediciones.

     En “Carmen Conde, desde su edén”, agrupa trabajos sobre la poeta, primera mujer en ingresar en la Real Academia Española, publicados en distintas épocas y en medios de diferente alcance, que han tenido como base, en muchas ocasiones, la importante documentación recopilada en el Patronato Carmen Conde-Antonio Oliver de Cartagena.

     Comienza el volumen, analizando la trayectoria poética de Carmen Conde (1907-1996) —una mujer que «desde muy joven luchó por afirmar sus capacidades intelectuales, sobreviviendo a las adversidades de la incomprensión, en muchas ocasiones por el simple hecho de ser mujer, e incluso la incomprensión política»—, que se inicia con un temprano título de poemas en prosa, “Brocal” (1929) y continua con “Júbilos” (1934). La Guerra Civil abre un paréntesis de silencio editorial, roto ya en plena posguerra, con la aparición de “Pasión del verbo” (1944) —recordemos, el mismo año en el que ven la luz el aleixandriano “Sombra del paraíso” e “Hijos de la Ira”, de Dámaso Alonso, los dos faros que iluminarán una gran parte de la poesía de aquellos años—. Y “Honda memoria de mí” (1946). Pero durante ese periodo no careció de inspiración poética. Datan de esas fechas  libro como “Sostenido ensueño” (1938), “Mientras los hombres duermen” (1938-39), “El arcángel” (1939) y “Mío” (1941). «En 1944-1945 —escribe Díez de Revenga— se inicia la nueva poesía de Carmen Conde, ya en verso, que habría de culminar en “Ansia de la gracia». 1947 —año de la publicación de “Alegría” de José Hierro y de “Los muertos” de José Luis Hidalgo— será «un año decisivo» para Conde, ya que ven la luz tres de sus libros: “Sea la luz”, “Mi fin en el viento” y “Mujer sin edén”, su libro más representativo. Vendrás otros muchos títulos, pero no queremos hacer una lista más o menos completa de la extensa obra —incluyendo sus menos conocidas incursiones en el teatro— de Carmen Conde porque excede el cometido de este comentario, sino centrarnos en otros aspectos como la relación de la poeta con personajes de su tiempo, como Juan Ramón Jiménez —da cuenta Diez de Revenga de su primer encuentro, acompaña de la también poeta Ernestina de Champourcín, de la influencia que el premio Nobel ejerció sobre ambas (reproduce el texto «Guía de la buena amistad», que Conde escribió rememorando la visita)—, con Gabriel Miró, a quien, a  sus veinte años, solicita una dedicatoria en su ejemplar de “El obispo leproso”, con Mathilde Pomès, hispanista francesa que tanto contribuyó a la difusión de la literatura española durante décadas y con quien inició una relación epistolar en 1930. La relación con Miguel Hernández de Carmen Conde y Antonio Oliver ha sido suficientemente estudiada, baste recordar que se inicia en 1932 y solo se interrumpirá con la muerte del poeta oriolano. Muchos son los artículos y poemas que ambos le han dedicado, como se nos informa en el ensayo «Con Miguel Hernández: Inéditos y olvidados». Otros autores de los cuales  se ocupan estas páginas —siempre en relación con Carmen Conde— son, por ejemplo, Rubén Darío o Pilar Paz Pasamar, pero también hay ensayos que se dedican a analizar otros libros, como el dedicado a Salzillo —el escultor fue objeto de un estudio que Conde se vio obligada a firmar con el seudónimo de Andrés Caballero— o el dedicado a ensalzar el Mar Menor e, incluso, las dedicatorias que Carmen Conde escribió a su amiga íntima Amanda Junquera. No importa la perspectiva desde la cual Francisco Javier Díez de Revenga afronte el estudio de la poeta. En cualquiera de ellas queda de manifiesto su profunda vocación investigadora y el sabio empleo que imprime a la abundante documentación que maneja. Todo un estímulo para seguir leyendo, no solo este volumen, sino cualquier otro que, de dicho especialista, caiga en nuestras manos.

-Reseña publicada en El Diario Montañés, 19/02/2021