JOHN MURILLO

VARIACIÓN SOBRE UN TEMA DE ELISABETH BISHOP

Comienza con la pérdida. Perderlo todo. Después lo pierdes todo de nuevo.

Pierdes una buena mujer en un mal día. Encuentras una mujer mejor,

pero pierdes cinco amigos persiguiéndola. Aprendes a perder como si

tu vida dependiera de ello. Aprendes que tu vida depende de ello.

Lo aprendes como aprendes kárate, a montar en bici. Apréndelo, asúmelo.

Pierdes dinero, pierdes tiempo, pierdes tu naturaleza mental.

Lo dejas atrás, entonces aprendes a dejar otras cosas. Pierdes

y pierdes de nuevo. Mides el ataúd de tu padre comparándolo con el de un primo

a quien se le colapsaron las cálulas. Besas a tu hermana a través del cristal de la prisión.

¿Sabes por qué tu mujer no respondió al teléfono?

Pierdes sueño. Pierdes la religión. Pierdes tu monedero en El Segundo.
Abres la ventana. Escuchas: las últimas notas lentas

de una canción de Donny Hathaway. Un niño llorando. Escuchas:

un borracho maldice a la luna. Parece tu tío

muerto, el que, antes de morirse, perdió una pierna

por el azúcar. Vergüenza. Aprende que te pueden quitar lo que te han dado;

que te lo pueden quitar, que te lo quitarán. Puedes apostar que será así,

que ganarás. Tan seguro como el anochecer y una cama vacía. Pierdes

y pierdes otra vez. Pierdes hasta tu segunda naturaleza. Perder

más lejos, perder más rápido. Te asomas a la ventana abierta, escuchas:

el niño está sonriendo ahora. No, es el borracho en la calle

otra vez, malgastando la voz, soportando cada estrella invisible.

Versión de Carlos Alcorta