ÁNGELO NÉSTORE. HÁGASE MI VOLUNTAD. XX PREMIO DE POESÍA EMILIO PRADOS. CENTRO CULTURAL DE LA GENERACION DEL 27/ EDITORIAL PRE-TEXTOS.

De origen italiano, aunque afincado en Málaga, Ángelo Néstore (1986) ha construido en pocos años una sólida trayectoria literaria, no solo poética, pues también frecuenta el teatro. Hágase mi voluntad es su tercer libro —previamente ha publicado Adán o muerte (2017) y Actos impuros (2017), Premio de Poesía Hiperión—. Divido en dos partes, «Lo bárbaro» y «Lo inevitable», el libro, a través de una poesía de línea clara y narrativa, de tinte confesional, pero que logra salvar, sin embargo, los innumerables escollos del epigonismo, Néstore realiza una especie de recorrido genealógico inverso que se inicia en el primer poema, «Insepulto»: «Pienso en mi madre, en mi padre, en mí, / convertidos en polvo, / una familia sin descendencia, mediterránea, / unida en la muerte como nunca lo estuvo en la vida», pero lo individual pronto se convierte en colectivo.

     Los poemas de la primera parte de la sección inicial, titulada «Poder» son muy explícitos al respecto. Violencia contra las mujeres, violaciones en grupo (la llamada manada está presente en varios poemas) son tratadas sin sentimentalismo, casi como si de una noticia periodística se tratara, lo que no evita que el tono de denuncia se extienda hasta el modelo educativo o la displicencia de los progenitores: «Mi estirpe es un vagón repleto de hombres / que se arrancan el último botón de la camisa y abren la piernas . / Están solos / en el mismo tren que los lleva a un mismo destino, / estiran los brazos, / lucen de sus paquetes, se acomodan, se rozan las rodillas, / invaden el espacio que durante siglos han ido conquistando». Pero estas diatribas no se emplean solo contra el prójimo, el poeta se siente responsable de cuanto ocurre a su alrededor, no mira la realidad desde una atalaya privilegiada, y como tal, se reprende: «He decidido tirar piedras contra mi herencia / porque yo soy el enemigo / y escribo mi dolor para aceptarlo». La segunda parte, «Queer», es una reivindicación de su opción vital, el cuerpo es visto como el lugar desde donde afirmarse, desde el que se configuran las normas de convivencia y se establece la relación con los demás: «Algo empuja mi cuerpo fuera de su eje. / He aprendido a hacerme el muerto en la piscina. / aguanto un cuchillo por la hoja. // Bendigo siempre el suelo que piso / aunque me queme la planta de los pies». Aunque la sociedad actual es mucho más abierta que en el pasado, es obvio que resulta necesario todavía fomentar el respeto a lo diferente, a lo que rompe lo preestablecido. Néstore es, y así lo asume, parte de esa sociedad a la que critica con estos magníficos versos: «Debe de existir un lugar donde poder inventar una lengua / que no hable siempre en masculino, / que no defina, que no explique, una lengua que me abstraiga, / que me haga dudar».

     En la segunda parte, «Lo inhabitable», el conflicto identitario se agudiza por la incomprensión social y familiar. Los hijos nunca llegan a cumplir del todo las expectativas que sus padres pusieron en ellos: «Te golpeas el pecho para que tu madre no oiga el temblor del fracaso: / è tosse secca, dices, / y, de repente, te pareces otra vez al hijo de provecho que ella tanto quiso». Esa incómoda máscara pervierte la mirada sobre las cosas y convierte el futuro en un lugar inhabitable. Da la sensación de que el único lugar habitable es la nada que espera tras la muerte: «Me empeño en habitar algo / que aún no me pertenece. No hay sosiego / si miras desde el filo», escribe Néstore. Pese a tanto desconcierto, a tanta frialdad, a tanta violencia asumida, Ángelo Néstore finaliza el libro con un desafío, con un canto de esperanza. La muerte puede esperar: «El polvo que habita en la casa / es en su mayoría escamas humanas, / y yo quiero que la muerte me sorprenda dentro de muchos años, / después de haber llenado las esquinas oscuras de nuestros muebles con tu vida. / En el fondo de los armarios se acumula lo animal y lo eterno. / El olor salvaje que llamaos hoy amor».