PHILLIP B. WILLIAMS

Poema final para mi padre mal nombrado en mi boca.

 

La luz del sol todavía reluce y regala

su agonía a tu habitación.

Al mediodía, la cocina ocupa tus manos,

rayos de sol deformes.Las ventanas tienen

tus ojos. Se apropian de mí,

de tu cuerpo. Yo reordeno mi vida alrededor

de tu ausencia. Tú estás por todas partes ahora

incluso donde una vez no pude encontarte,

en tu propio cuerpo. La muerte significa

que todas las cosas parecen

posibles. Me han contado que tengo

tus rasgos, tu sonrisa en mi boca

que obsesiona a mi madre. Todo

es posible. La luz del Dios Padre

lava el suelo de la cocina.

Intento conservar un poco de bondad

durante la muerte y hacer de la memoria

una esponja para lavar tu cadáver.

Tu nombre no es adictivo o señorial.

Esto no es un sueño: Has muerto

y has sido enterrado tres veces. Una vez,

después de mi nacimiento. Otra, frente

a tus holas malgastados en puertas cerradas.

Tu cara una mascara en lugar de mi cara.

La última vez, bajo mis pies. ¿Estaba

yo enterrado contigo entonces? No diré

que no habías dejado algo

permanente, quizá dulce. No soy

un jovenzuelo, pero

sobrevivo. Me enamoré de ser

tu hijo. ¿Ahora qué? Probablemente

fui un pájaro que vi una vez. Tenía un ala.

 

Versión de Carlos Alcorta