DANA GIOIA. LA OSCURIDAD INTACTA. POEMAS ESCOGIDOS. EDICIÓN Y TRADUCCIÓN GUSTAVO SOLÓRZANO-ALFARO. COLECCIÓN LA CRUZ DEL SUR. EDITORIAL PRE-TEXTOS.

Las opiniones de Dana Gioia (California, 1950) sobre la poesía y los poetas gozan de cierta resonancia, eso sí, en el limitado ámbito poético. Tanto en su poesía, muy versátil y con un uso de las estrofas clásicas —y sus interpretaciones personales— verdaderamente asombroso, como en los ensayos, sus reflexiones no dejan indiferente a nadie. En ¿Importa la poesía?, desgrana ideas que repetirá, con escasas variantes, en posteriores trabajos. Los poetas, según Gioia, carecen en la actualidad de prestigio social, más allá, como decíamos, de su propio círculo, pese a que la difusión de la poesía, gracias a un aumento inusitado de publicaciones y la proliferación de talleres de escritura, talleres que se han convertido en Estados Unidos —en nuestro país, aunque menos profesionalizado en este aspecto, su propagación busca similares objetivos —en un medio de vida de poetas y escritores en general, modus vivendi compartido en un gran número de ocasiones, con la docencia universitaria, si bien esta, en condiciones precarias. Los talleres literarios tienes, según el novelista Richard Ford «muchas virtudes, la más valiosa de las cuales es el tiempo para escribir. Pero también tienen varios defectos, entre ellos la supuesta pero no demostrada ventaja de estar constantemente rodeado de colegas y compatriotas de la misma mentalidad para hablar de lo que uno está haciendo, como si el compañerismo mejorara de forma natural el importante trabajo personal precisamente mientras se está realizando». Aun así, la importancia de la poesía en la sociedad de consumo es prácticamente nula. Los efectos de la endogamia son evidentes. Los poetas se leen entre ellos y rara vez un libro de poemas traspasa las fronteras de su entorno (de una manera elíptica, su poema «El silencio de los poetas» aborda este asunto: «Los libros antiguos que los jóvenes no han mutilado / aún se conservan en algún lugar, / apilados en hileras polvorientas. // Y puede que algunos ancianos los visiten de vez en cuando / para pasar sus manos por los lomos / y recordar tiempos idos»). El público lector vive de espaldas a la poesía, los suplementos culturales se ocupan de ella de manera esporádica y, cuando lo hacen, suelen ser poetas, no críticos literarios generalistas, los que se ocupan de ella (Gioia recoge este texto del poeta Robert Bly: «Tenemos una situación extraña: en la medida en que hay más publicaciones que nunca en la historia norteamericana, la mayor parte de las reseñas resultan positivas. Los críticos dicen: “Yo nunca ataco lo malo, todo cae por su propio peso” […] pero el país está lleno de jóvenes poetas y lectores que se confunden al ver que se ensalza la poesía mediocre o que nunca se le ataca, de modo que terminan dudando de sus propias percepciones críticas». El círculo, pues, está cerrado. «Hoy —escribe Gioia—, la mayoría de las lecturas no son celebraciones de la poesía sino del ego de los autores. No en balde el público de dichos eventos está integrado por lo general casi solo por poetas, aspirantes a poetas y amigos del autor».  Con respecto de la poesía, Gioia se muestra especialmente crítico con el derrotero al que la modernidad, con su desprecio de la retórica tradicional, ha conducido a la poesía, de ahí su defensa de las formas clásicas como contrapartida a ese caos estético. Sin embargo, como reputado crítico y excelente poeta que es rehúye las categorizaciones fáciles. Así, en el prefacio al libro Líneas concertadas. Nueva poesía de los Estados Unidos, publicado en 2006, Gioia escribe que resulta «imposible caracterizar de una manera simple o monolítica las nuevas tendencias en los Estados Unidos. No hay un solo movimiento estilístico o temático o capaz de definir la mejor poesía actual. Los poetas jóvenes escribe en una variedad de formas que van desde lo tradicional hasta lo experimental. Coexisten la poesía métrica y el verso libre, el poema lírico y la reflexivo al lado de los versos narrativos. Continua floreciente la poesía de la identidad que pone en el centro del texto la experiencia personal y los antecedentes culturales de su autor. También prosperan estilos menos subjetivos como los poemas que cuentan historias y las formas posmodernas deliberadamente objetivadas». Nada, por otra parte, distinto de lo que ocurre en otros lugares, en nuestro país, sin ir más lejos. Con antecedentes teóricos como los expuestos, no resulta difícil colegir que la poesía de Dana Gioia será cualquier cosa menos uniforme. Como podemos comprobar en La oscuridad intacta. Poemas escogidos, una antología preparada y traducida por Gustavo Solórzano-Alfaro que cuenta con el beneplácito del propio autor. No sé si para degustar esta poesía es preciso rotularla con enunciados más o menos definitorios, como poesía de realismo visionario, poesía matafísica, adscrita al nuevo formalismo o bastará con acercarse a estos versos con el ánimo dispuesto a compartir una experiencia poética, no especulativa. 

     No es Gioia un autor excesivamente prolífico. Desde su primer libro, publicado en 1986, Daily Horocope, hasta 99 Poemas: New & Selected de 2026 —libro en el que se basa la presente antología, han visto la luz The Gods of Winter (1991), Interrogations of Noon (2001) y Pity the Beatiful (2012). Desde el comienzo, si no de forma exclusiva, la predilección de Gioia por los metros clásicos le ha granjeado una buena respuesta entre cierto público probablemente cansado de los excesos del experimentalismo, algo que el propio poeta no ha buscado deliberadamente —no hay más que comprobar la perplejidad con la que observa la soterrada beligerancia que encierras la clasificaciones y las descalificaciones entre estéticas opuestas—, pero que le sigue como un sambenito. Además, como hemos anticipado, conviven en su escritura —seguimos a Gustavo Solórzano-Alfaro— desde el poema con metro y rima, al discurso narrativo y al poema breve, ambos en verso blanco o libre. «Desde este punto de vista —escribe Solórzano-Alfaro—, es necesario enfatizar que si bien Gioia ha funcionado, as u pesar, como el “padrino” del nuevo formalismo, también ha sabido ser crítico con dicha tendencia. Para él, muchos nuevos formalistas no pasan de ser antimodernistas o meros imitadores. De igual manera, su crítica de la poesía confesional o autobiográfica no el ha impedido ofrecernos algunos de los poemas íntimos mejor logrados». Es del todo relevante esta precisión porque, en ocasiones, se ha pretendido hacer de Gioia, con ese afán reduccionista al que somos tan propensos, el adalid, el azote de las vanguardias. Lo que sí debemos resaltar de su poesía es el compromiso y el rigor con el que se enfrenta a la construcción de un poema. Consciente como es de las limitaciones inherentes a la palabra y de la inefabilidad del proceso por el cual determinada experiencia sensitiva, o imaginativa, se ve obligada por una fuerza arrebatadora pero invisible, a dejar su rastro en la página, pule el poema para lograr ese efecto de comunión entre lo pensado (lo sentido) y lo expresado y la forma que le resulta más grata es, como hemos reiterado, la de las estrofas y ritmos tradicionales —no siempre, por otra parte—. «Con relación a sus temas —afirma Solórzano-Alfaro— y puntos de vista, podríamos bosquejarlos de este modo: el amor perdido y el amor ganado, el misterio de la voluntad y el espíritu humano, la muerte, la naturaleza y California». Con respeto de la muerte, hemos de hacer notar que un hecho tan luctuoso, una experiencia tan imborrable como la muerte de un hijo no podría pasar desapercibido, es muy notable la influencia anímica, sobre todo, en el libro The Gods of Winter («La muerte deja un vacío que las palabras no llenan», escribe en el extenso poema «Regreso a casa», quizá porque. como escribe en el poema hamletiano  «Palabras, palabras, palabras», una suerte de poética: «No es solo el dolor que esperamos que acabe. / viejas heridas cuya sangre aún se filtra entre líneas. / Las palabras más auténticas nos traicionan. / No traen consuelo. / El costo siempre es más de lo que podemos gastar». Como a le ocurre a otros poetas, es durante el proceso de escritura, y no antes, de modo preconcebido,  cuando se va descubriendo lo que se quiere decir, lo que hasta entonces es una mera intuición, solo inspiración, el origen del poema. La oscuridad intacta nos muestra a un concepto de poeta lo más alejado de la torre de marfil, un poeta que, a pesar de todos los inconvenientes y de la marginación de la poesía en la sociedad actual de la que hemos hablado al principio de este comentario, sigue confiando en su poder regenerador, en la benéfica influencia que puede producir en el lector. Ojalá ese aliento profético se extienda y acabemos por darle la razón.