PIERRE HERRERA. DAFEN: DIENTES FALSOS. EDICIONES LILIPUTIENSES.

Dafen es un lugar de China donde, entre otras cosas, se pueden adquirir copias de famosas obras de arte por 30 dólares, pero Dafen es también un libro de poesía de Pierre Herrera, un autor mexicano caído en 1988 que ha publicado títulos como El Aleph para máquinas (2019) o Una novela postcursi (2013). Dafen: Dientes falsos es más que un libro de poesía, es un ensayo sobre el concepto de originalidad, tan debatido en nuestra era llamada postmoderna. Poco importa, por tanto, en ese libro el aspecto formal de los poemas, siempre subsidiario del contenido, un contenido que, como decimos, tiene a Dafen, «una villa de pintores / en la provincia de Shenzhen, / a 30 km de Hong Kong,  / más de diez mil artistas producen / anualmente cuatro millones de cuadros / para exportar, copiando obras de maestros / como Van Gogh, Da Vinci o Picasso». A partir de este hecho, realmente sorprendente, Herrera irá desplegando sus ideas acerca del valor de la copia —la dentadura sirve en este caso como analogía—, porque aquí «cada cuadro copiado es único en sus mínimos detalles / a pesar de la repetitividad del proceso». La copia se convierte, por si misma, en una obra de arte, aunque con un valor ridículo, si lo comparamos con las cantidades astronómicas que se pagan por las obras de arte originales —«El precio, su valor en el mercado, dota de valor / metafísico a las obras»—. Cabe preguntarse, sin embargo, cuánto hay de simulación y de  hipocresía en el concepto de originalidad, sobre todo al saber que muchas de las obras que contemplamos en los museos e, incluso, en las construcciones al aire libre, estoy pensando en la réplica de las cuevas de Altamira en Santillana del Mar, las cariátides de la Acrópolis de Atenas o el David de la Piazza della Singoria en Florencia, por ejemplo. Los originales permanecen custodiados en museos o en cámaras acorazadas para preservar su conservación: «El museo como escaparate, / el mundo como supermercado». No obstante, la analogía que establece Herrera entre las obras de arte falsa y los dientes postizos resulta a mi parecer algo forzada, sobre todo porque se obvia el concepto utilitarista de los segundos. Más oportuna es, sin duda, la que establece entre la creación literaria y eso que se ha dado en llamar la propia voz y la originalidad que esta pretende, porque «Hallar la voz personal / no es solo vaciarse y purificarse de las palabras de otros, / sino adoptar y acoger filiaciones, comunidades y discursos». No está de más recordar la frase de T. S. Eliot —un autor, por cierto, al que Edgell Rickwood, un afamado crítico, reprochó que tomara «prestadas la mayoría de sus mejores líneas»— cuando afirmaba algo así como que el poeta joven copia, y el poeta maduro, y ya hecho, roba. En todo caso, nada nace exnihilo. Otra cosa es cómo las diferentes épocas y los lugares con culturas distintas haya reaccionado ante este hecho. Hoy en día «El plagio en sí mismo, / el plagio bien hecho, / es una auténtica obra de arte». En este ensayo en verso que es este libro se aportan datos que nos ayudan a reflexionar: «Desde la Edad Media existían los talleres de autor, donde / varios ayudantes co-creaban, o recreaban / utilizado el estilo propio del autor / asociado a un maestro». En literatura, la existencia del ghostwriter o negro es conocida por todos, y nadie parece escandalizarse.En arte, el concepto de readymade ya «confiere status de arte a cualquier objeto, / recontextualizando y  modificando su función». Es una de las ideas que sostienen, por ejemplo, Kenneth Goldsmith y Marjorie Perloff, que en su libro El genio no original. Poesía por otros medios en el nuevo siglo, entre otras cosas, analiza el concepto de originalidad, sobre el que dice «que suele definirse por lo que no es; no derivado, no surgido, no surgido ni dependiente de cualquier otra cosa similar». Dafen, como vemos, es el perfecto ejemplo de lo contrario, Aquí se sabe todo lo que es, un producto ejecutado con perfección por miles de artistas que desarrollan un trabajo rutinario y alienante, como el de una cadena de montaje. Asunto que puede dar lugar a un libro tan interesante o más que este original título de Pierre Herrera, el cual ahora se deleita contemplando en su salón la copia de Los girasoles que robo de la sala del espera del dentista.