JOSÉ ANTONIO CONDE. CUENTA ATRÁS. EDITORIAL LOS LIBROS DEL GATO NEGRO.

Con una regularidad ejemplar regresa a los estantes de las librerías José Antonio Conde, zaragozano nacido en 1962 y autor de una vasta obra literaria —es también artista plástico—. De entre sus libros podemos mencionar títulos como La Vigilia del Mármol, en la colección “La Gruta de las Palabras”, de Prensas Universitarias de Zaragoza. (Universidad de Zaragoza 2003),  La diferencia que cubre la trampa, XXII Premio Cálamo de poesía erótica. Cuadernos Cálamo/Gesto (Gijón 2008),  El ángulo y la llaga, Olifante, Ediciones de poesía (Zaragoza 2009), El signo impreciso, en la colección La Gruta de las Palabras de Prensas de la Universidad de Zaragoza. (Universidad de Zaragoza 2013),  Agnus Hominis, en la colección Golpe de Dados de la editorial Libros del Innombrable (Zaragoza 2015),  Pasos Mínimos, Editorial Lastura. Ocaña (Toledo) 2017 o  Palabras rotas, Editado por Libros del Gato Negro, editorial esta última que acoge su reciente La cuenta atrás, un libro de poemas que recrea de forma personal la trayectoria de Charles «Sonny» Liston (1932-1970), un perdedor —aunque tuvo sus momentos de gloria—, una figura atrayente por su personalidad y por su rebeldía, por su valentía y por su sentido del honor. Podemos dividir los poemas que integran el libro en dos grupos, los de carácter informativo —poemas en prosa que describen de forma aséptica momentos puntuales de la vida del boxeador— y otros de carácter más lírico e intimista —poemas en verso que recogen no solo informaciones, sino impresiones, sentimientos: «A la vista el infortunio, / la cárcel y el contacto. / Un oso demasiado negro / se pronuncia en el ring». Como en todos los libros que tratan de homenajear a un personaje, en este hay una evidente decantación a favor el homenajeado, pero Conde lo hace con destreza —y con respeto— y no cede ante la propensión habitual de realizar un panegírico. Es cauto en sus palabras, como lo es siempre en su poesía, y no se deja llevar por el sentimentalismo ni siquiera cuando contempla la lápida del difunto semicubierta por la maleza: «Inhóspita, / oculta por la maleza, / una lápida atraviesa la memoria». El breve libro cuenta con un prologuista de lujo, Antón Castro, quien describe con inmejorables palabras a nuestro poeta: «Es un poeta que entiende la lírica como un ejercicio de contención musical, como una sorpresa elegante que estalla en la hermosura y en la exactitud. Un poeta que ha ido haciendo su camino sin prisa, con un humor en apariencia invisible y un acento expresivo propio». Sí, cualquier lector de Conde apreciará ese acento expresivo propio, un acento fajado en el rigor con el que cincela sus versos, con golpes pensados, precisos, golpes con los que modula las palabras y esculpe su pensamiento.