FRANCISCO SILVERA. EL MAR DE OCTUBRE. SERIE NEGRA. EDITORIAL AKAL.

El mar de octubre es un libro que posee una acción trepidante, aunque tiene, sin embargo, momentos de clama y reflexión, de gran lirismo que no ocultan el trágico desarrollo de los hechos, como vemos en este párrafo: «Cuando la arena desciende y todo reposa otra vez al albur del vaivén regular de la brisa invisible del agua, más allá hay otro monumento igual, y otro, y los bajos de arena profunda parecen llorar por un sol que le llega prestado». Francisco Silvera está describiendo un cementerio marino —nada que ver con el de Valéry— poblado de cadáveres de personas brutalmente asesinadas, pero sus palabras no es que traten de embellecer la realidad, sino que se detienen en esos aspectos que la propia dinámica de los hechos provoca que pasen inadvertidos. ¿Quién puede fijarse en las irisaciones del agua cuando sabe que bajo la superficie se bambolean decenas de cuerpos sumergidos? Solo puedo hacerlo alguien para quien la literatura tiene una importancia capital, para quien la forma de contar posee la misma importancia que lo que se cuenta. Todos los ingredientes que hacen que una novela negra nos absorba durante su lectura los posee Mar de octubre. Acción, suspense, ritmo narrativo. No faltan además corrupción, drogas, sexo, bandas, asesinatos y violencia indiscriminada en estas páginas. Francisco Silvera, su autor, es experto, entre otra cosas, en la obra de Juan Ramón Jiménez y tiene en su haber varias novelas, relatos, textos en prosa de carácter misceláneo, muy cercanos a la poesía en su articulación, algo que se deja sentir en este «mar de otoño [que] inicia su transformación, espesa su lodo, enfría su ribera, oscurece su sal, y lento llega el invierno y sus heladas solitarias; la bore del Atlántico una tierra entregada y sin dios se dispone al olvido de sí y a la negrura, a la hibernación y al acero de los astros en una noche casi infinita». Pero no se piense que toda la novela se desarrolla en este tono. El ritmo narrativo al que antes aludía, vertiginoso y relampagueante, se manifiesta muy claramente en los diálogos, generalmente tensos, imperativos, que hacen avanzar la acción, sin desvelar el misterio. Hay un desenlace que no por intuido resulta menos convincente. Silvera ha conseguido, además, construir unos personajes muy bien definidos en sus particularidades y, aunque a veces —por cierto, de manera inevitable—, recurra a algunos tópicos propios del género, consigue dotarlos de una identidad particular, con rasgos diferentes. El mar de octubre narra la historia de unos seres condenado al fracaso y a la destrucción, simples peones en el juego del poder. Es muy probable que la literatura sea la única forma de glorificarlos.