EDUARDO HILPERT

EDUARDO HILPERT. MÍNIMO PÉREZ PÉREZ. COL. TIERRA. EDITORIAL LA ISLA DE SILTOLÁ.

Lo primero que nos llama la atención de este libro es, por qué no reconocerlo, el título, un título diferente, arriesgado, provocador. En segundo lugar nos llama la atención que el libro comience con un poema escrito en alemán, «Volwort», prefacio en español, y, por último, tampoco es muy frecuente encontrar un libro de poesía de casi doscientas páginas, a no ser que sea una antología, aunque, como vemos por los datos que aporta la solapa, Eduardo Hilpert (San Pablo, 1992) ya se embarcó en un proyecto poético de, incluso, mayor envergadura en su anterior libro, Cantar de Eugenio, «un extenso poema épico».

     El recurso al género epistolar como sátira, usado por autores actuales como Luis Alberto de Cuenca (también por algunos cantautores contemporáneos como Javier Krahe), por ejemplo, sirve de coartada a varios de los poemas. Así comienza el libro: «Me escribes, Verónica, / para decirme que Rilke supra a Heine». Por otra parte, cada poema está protagonizado por personajes tanto femeninos como masculinos. El catálogo de nombres es muy variado: la citada Verónica, Marta, Ana, Silvia, Helena, Carmen, Margarita, Arturo, Eduardo, Felipe, Francisco Javier o Fernando. No cabe duda que la influencia de poetas latinos como el bibilitano Marcial, el veronés Catulo o el romano Juvenal están muy presentes en la poesía de Hilpert, por la ironía y el sarcasmo, por el epigramatismo y el tono sentencioso, por los exempla morali de origen senequista: «¡Marcial!, ¡Catulo! / En ocasiones les imito. «Impunemente / —repones— / lo que da una idea de la decadencia de Hispania: / a ver, poeta, ¿qué es un yambo?» pero también se pueden rastrear concomitancias con algunos sonetos amorosos de Shakespeare, en los que el desprecio de uno mismo y la angustia por la pérdida no coartan esa mirada sarcástica y desmitificadora. Comparte nuestro autor además esta herencia con poetas generacionalmente anteriores como el citado De Cuenca, Javier Salvago, Juaristi, Almuzara o Karmelo Iribarren, entre otros, auny el que cada poema tenga su propio protagonista nos recuerda además al poeta norteamericano Edgar L. Master y su libro Antología de Spoon River, aunque Mínimo Pérez Pérez se centre más en los aspectos amorosos y literario que los epitafios del poeta abogado. En cualquier caso, es un libro que se lee con desenfado porque Hilpert convierte en fácil algo que no lo es tanto, desdramatizar el fracaso, el desencanto sin necesidad de entonar esos mea culpa que mortifican la conciencia. Aquí prevalece el humor, pero no se engañen, versificar lo intrascendente supone no solo conocer el bien oficio sino desaprenderlo para aplicarlo. Teniendo en cuenta la edad del poeta, no es difícil aventurar una pronta evolución en busca de otros retos de mayor trascendencia.