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ALREDEDORES DE JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN. EDICIÓN Y PRÓLOGO DE HILARIO BARRERO. CUADERNOS DE HUMO.

Hilario Barrero, profesor y poeta ha conseguido, desde el lejano Brooklyn, congregar a un grupo de poetas y escritores para rendir homenaje a José Luis García Martín con motivo de su septuagésimo cumpleaños. Este volumen es, ante todo, un ejercicio de amistad inquebrantable por parte de Barrero, pero también de admiración a quien ha dedicado —consagrado, podríamos decir, pues algo de sacerdocio esconde la forma de entender la literatura de García Martín— su vida a la escritura, en sus múltiples manifestaciones, entre las que no ocupa un espacio menor el aspecto didáctico. De «poliédrico y enigmático» se el califica en la contracubierta del ejemplar, para hacer hincapié unas líneas más abajo en su faceta como «tenido crítico literario y un personaje pessoano, un poeta de excepción». García Martín es, en efecto, todas estas cosas y alguna más, como se puede comprobar en los diferentes colaboradores de este libro/homenaje. Dichas colaboraciones abordan la obra y la personalidad del autor desde diversas perspectivas—la excusa es el comentario sobre algún poema del autor—, aunque, como escribe Ricardo Álamo, «No es tarea fácil, a estas alturas, trazar un perfil de José García Martín que contenga algún rasgo de su personalidad literaria que no haya sido indicado con anterioridad por otros escritores amigos, conocidos o saludados, o, incluso, por él mismo». Esta justificada objeción no ha supuesto, sin embargo, un inconveniente insalvable para que más de una treintena de amigos hayan plasmado su personal aproximación a tan controvertido personaje. Están quienes han convivido y crecido, tanto personal como literariamente, bajo su tutela y, por tanto escriben resaltando, junto a la exégesis poética, el lado más humano del homenajeado, como Javier Almuzara —subraya su «impecable generosidad, a cuyo servicio está una inteligencia implacable»—, Xuan Bello («Llegué a la tertulia Oliver en 1982. Tenía dieciséis años…»), Martín López Vega, Lorenzo Oliván («Lo primero que tengo que decir es que […] resulta un amigo puñetero, picajoso, punzante, fustigador, enredador, liante, discutidor hasta el más puro delirio, un amigo en definitiva que te obliga a estar con la espada de la inteligencia y del ingenio desenvainada, siempre dispuesta al abordaje»), José Luis Piquero («amigo, maestro, guía, crítico y comentarista del que soy directamente hijo»), Marcos Tramón, Ana Vega o Cristián David López, asiduos asistentes a algunas de las tertulias que ha conducido García Martín a lo largo de los años.

     Otros, como Vicente Gallego, en un comentario donde confluyen la ternura y la admiración, escribe: «Conocí a García Martín siendo él ya un viejuno de apariencia, casi su propio abuelo, cuando por edad debería haber sido joven. Y ahora que podría empezar a posar de viejo, parece empeñado —debido a su irreductible espíritu de contradicción— en no envejecer». «Amigo José Luis» titula su aportación Álvaro Valverde, en la que reescribe su, ya vieja, amistad con García Martín, desde que lo conoció en una conferencia. Da prioridad Valverde al García Martín lector: «un magnífico lector de poesía. En este país, muy pocos la conocen como él» y, sobre todo, poeta: «No sé por qué se empeñan en negarle el pan y la sal como poeta. Sus versos son los de un poeta verdadero…». Sobre su faceta de crítico y de poeta escribe también Andrés Trapiello en la colaboración más extensa del volumen: «JLGM ha sido y es uno de los críticos más solventes que ha tenido la poesía española de los últimos cincuenta años». Unas líneas más adelante afirma «… ni siquiera le desalienta ver que la constancia que ha mostrado él con los libros de los demás apenas se corresponde con la atención que los demás han prestado a los numerosos libros que él mismo ha escrito». Repasa Trapiello también la faceta de diarista, especialmente lo que tiene que ver con los viajes, porque García Martín, un amante de la rutina, no desdeña la oportunidad de viajar a sus ciudades fetiche, sea a Nueva York, a Lisboa, a Perugia o a Venecia, por ejemplo. Fija además su atención en ese proceso de encubrimiento íntimo que García Martín incita a través de sus innumerables máscaras y que tanto descoloca a sus adversarios, porque, como señala Trapiello, muchos «no transigen con su especial manera de entender las relaciones sociales y de embrollarlas, y con sus impertinencias a veces innecesariamente ofensivas, y gentes que han decidido no concederle ya el menor crédito, y lo aborrecen».

     El volumen recoge además las colaboraciones de autores con los que García Martín ha mantenido, y mantiene, una relación amistosa, aunque decantada más hacia al ámbito literario, como las de Rosa Navarro Durán, Luis Alberto de Cuenca, Victoria León, Juan Bonilla, Juan Lamillar, Abelardo Linares, Avelino Fierro, Susana Benet, Ángeles Carbajal, Enrique García Máiquez, Fernando Iwasaki, José Cereijo, José Ángel Cilleruelo, José luna Borge, Antonio Manilla, Daniel Rodríguez Rodero, Manuel Neila o el autor de estas líneas. El volumen finaliza con una recopilación bibliográfica de García Martín, pertinente y necesaria para calibrar la envergadura del proyecto literario —y vital— de un autor al que, por fortuna, todavía le queda mucha cuerda y a quien los años no le han restado un ápice de su vivacidad. Sigue siendo, como afirma Linares, «tan insobornable como incorregible», lo cual tiene su mérito.

* Publicado en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés, el 10/07/2020