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JOSÉ LUIS GONZÁLEZ VERA. MISERICORDIA. COL. EL CASTILLO DEL INGLÉS, SEGUNDA ÉPOCA, Nº 2. ANTIGUA IMPRENTA SUR.

Hace un par de años, en 2018, el Centro Cultural Generación del 27 publicó Los naipes sobre el agua (2001-2017), la poesía del poeta, novelista y articulista de opinión José Luis González Vera (Antequera, 1963), escrita durante ese periodo. Recién comenzado el 2020, el mismo organismo, en esta ocasión en la recuperada colección El castillo del inglés, edita Misericordia, poemas escritos, suponemos, durante estos últimos años. La poesía de González Vera, él mismo lo ha dejado dicho, está adscrita a la llamada poesía de la experiencia, es decir, se trata de una poesía que tiene como leitmotiv reflexionar sobre la experiencia cotidiana de la realidad a través de hechos anecdóticos, de sucesos habituales e, incluso, rutinarios, lo que implica, al menos en su caso, huir de la presunta trascendentalidad que sobreviene a quien elabora su poesía solo a partir de ambigüedades y abstracciones. La poesía de González Vera esta apegada a la tierra y no se deja arrastrar por ascendentes vientos celestes. Este efecto de, podríamos decir, «poner los pies sobre el suelo», se consigue añadiendo unas gotas de ironía que suavizan la tensión entre el paso del tiempo y la nostalgia subyacente. Del poema «Poética» son estos versos: «Contracorriente sube la marea. // Pienso en por qué escribo. […]. El mar reintegra al río su metáfora. / yo arrojo preguntas y no tengo / ni la amabilidad de responderme». No desdeña el autor cierto gusto por lo canalla, como en el poema «La mala letra», en el que hace alusión al personaje literario creado por Valle-Inclán, el marqué de Bradomín, «un donjuán, cínico, descreído…». El cine («…un laberinto de espejos y neblinas / donde la maquinaria / cualquier felicidad / cualquier daño proyecte / en su luminiscencia generoso / con esta miopía, al fulgor insensible»), un homenaje diferido de Eliot, la infancia, un mendigo diseminado fotos de un álbum, el instinto de un perro para detectar el embuste o la fragilidad del ser humano son recreados en poemas como «Gratitud» o «Misericordia» —ambos excelentes—, en el que el poeta se desnuda emocionalmente: «los años te desgranan su relieve / sus matices discordes / por los que concediste tanta misericordia / para ese personaje tuyo en esta farsa incómodo». Conviven, como vemos, en un el mismo plano el autor —la otredad llevada al extremo por Gil de Biedma parece haber dejado su poso en varios de estos poemas— con el personaje que describen los poemas, y es que la ficción es, a veces, más verosímil que la propia realidad.