Portada-Windsurf

LUJO BERNER. WINDSURF. BORIA EDICIONES

Detrás de Lujo Bernier se esconde Luis Bernardeu (Murcia, 1975), «ingeniero civil, padre de familia y windsurfista», actividades a las que habría que añadir, como mínimo, la de poeta y la de editor. Windsurf es su segundo libro. Antes, en 2017, publicó Home. Algunos de sus poemas han aparecido en revistas como El coloquio de los perros o Carne para el perro.

     La primera sección de este extenso libro, «Vulcanitis» recoge poemas escritos entre 2005 y 2008, algunos de ellos tachados —confieso que no acabo de comprender del todo qué objeto tiene este recurso, más allá de sugerir cierta filiación vanguardista—. Mucho de volcánicos tienen estos versos que fluyen como la lava y se solazan en líricas descripciones paisajísticas y en esas incesantes fluctuaciones emocionales que tanto se parecen al incesante vaivén de las olas. La dicción desbordada, torrencial, sin más contención que la que provine de su pensamiento, a lo que contribuye la ausencia de puntuación, que latera la velocidad rítmica. La influencia de la generación Beat —como la de Whitman— es notoria. Hay, además, un juego intertextual con canciones de cantantes como Tom Waits, Joy Division o Phil Phillips.

     «Olandia»la segunda sección, recoge poemas escritos entre 2008 y 2011. Eb estos poemas se simultanea el lenguaje científico con el poético, algo frecuente en poetas como Agustín Fernández Mallo, por ejemplo: «tengo una ecuación en mente / en ella viejo y libre son variables inversamente proporcionales / mientras que sueño es el coeficiente e fricción natural de la realidad con el deseo». Poetas de la citada Generación Beat como Gregory Corso y Ferlingheti, Alberto Caeiro, o guardador da rebanhos o el Milton de Lost Paradise dejan su impronta en muchos de estos poemas: «La noche en que fuimos», por ejemplo, es un recorrido biográfico. «Endless summer», es un canto al gozo de existir, a vivir en un verano interminable: «sal ahí fuera / ama todo lo que se deje ser amado / conquista los amaneceres y clávales tu sexo…»; en «La primavera está llegando», sale a relucir el windsurfer que ha estado cogiendo olas a lo lago de todo el libro: «ver la ola desde lejos / dejar pasar la primera tentadora / y / llegado el momento / dejarse ir en el seno de la elegida / aceleraren backside / mientras el valle líquido cambia de color / de azul oscuro a verde magma».

     La última sección, «Cincocerismo», está integrada por poemas escritos entre 2015 y 2019. José Emilio Pacheco o Mark Strand, dos poetas no tan distintos como podría parecer, tutelan algunos poemas. La identificación entre vida y deporte es notable. El windsurf es más que eso, es una forma de entender el mundo: «Y aunque lo parezca / no hablo de windsurf / hablo de la vida / de lo jodido que es cumplir año / de mantener vivo el sueño de la ola perfecta / hablo de ti y de mí // no esperes más / te estoy dando un ibuprofeno ontológico / ¡tírate al backloop!» con la tabla 5.0. Hay también una gran dosis de ironía en poemas como «Declaración unilateral de independencia, que finaliza con estos versos: «Declaramos unilateralmente nuestra independencia / independencia para defender el rubor / independencia para observar el reflejo de la sonrisa / en el ojo ajeno / independencia para volver a ser salvajes / cazar los ñúes que la vida esconde donde nadie mira / y rayar ufanos las noches estrellas siluros amebas // el reino animal / las algas y los hongos / la torpeza y el edredón / Declaramos unilateralmente nuestra independencia / y luego / la suspendemos de forma indefinida hasta que alguien se caiga» en esta sección, cuya banda sonora incluye temas de David Bowie (el primer el poema —«As long as there’s sun»— es un sentido homenaje al músico fallecido hace poco), de Tom Waits, Lou Red o Nick Cave, entre otros. Windsurf, dentro de su heterogeneidad, tiene un puñado de buenos poemas (algunos de ellos ya los hemos citado). De todos los libros que se publican últimamente se puede afirmar lo mismo. Bastaría con eso para no perdérselo.