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ELENA TORRRES. EL TIEMPO EN LAS CLEPSIDRAS. COL. NIGREDO. EDITORIAL OLÉ LIBROS

Conocí literariamente a Elena Torres hace dos años, cuando tuve la oportunidad de leer Gramática de sombras (Calambur, 2018), un libro de poesía depurada y reflexiva, sobria en el decir, pero pródiga en el sentir, del que me ocupé en estas paginas. Hoy me reencuentro con su poesía en este El tiempo de las clepsidras, un libro de aroma japonés, pues está compuesto de haikus, senryus (estrofa similar al haiku, pero sin necesidad del kigo), y tankas. No es, según nos informa el prólogo de Mila Villanueva, la primera incursión de Elena Torres en dichas estrofas que con tanta fortuna han arraigado en nuestra cultura —nos da cuenta de que en 2013 publicó en libro de haikus En el silencio de la bodega—, incluso, al parecer, ha practicado junto a otros autores el renga, esa estrofa (uno recuerda el asombro que le produjo hace ya unas décadas la lectura de Renga compuesto por Octavio Paz, Jacques Roubaud, Edoardo Sanguinetti y Charles Tomlinson, escrito a lo largo de cinco días en un hotel parisino) que va encadenando versos de los diferentes participantes siguiendo, como es habitual en la poesía oriental, unas estrictas normas compositivas. Elena Torres ha querido, en este su último libro, respetar en lo posible esas normas y ha dedicado las estrofas más breves al transcurso estacional. Así, el volumen comienza con la primavera: «Cálido aroma. / Promesas de azahar / entre naranjos»; la sigue el verano: «En la maleta / un perfume de agosto / entre la ropa»; el otoño: «Como el crepúsculo, / un rugoso relieve / de calabazas» y, por fin, el invierno: «Bajo las luces / con su disfraz dorado / pasa diciembre». Es preciso conocer muy bien los ciclos de la naturaleza para percibir la sutileza con la cual se presentan al lector los cambios estacionales. Las costumbres de las aves, la inclinación del sol o la proliferación de determinada flor son suficientes para descubrirlo, aunque cada vez sea más infrecuente encontrar esa complicidad. La segunda parte de El tiempo de las clepsidras (como sabemos, la clepsidra es un artilugio para medir el tiempo)se titula «Clepsidras (Tankas)». De esta voluntaria reiteración en el título es fácil deducir lo que se intenta remarcar, que ha llegado el momento de reconocer que hay más pasado que futuro en la vida de quien escribe, como intuimos en este tanka: «Traen los días / destellos que nos nublan. / Son girasombras. / pensamientos que se van / de la luz a lo oscuro». La extensión del tanka permite un desarrollo mayor de la experiencia, por esa razón mientras en el haiku la impresión visual es predominante, en el tanka, hay cabida para la reflexión, ámbito este en el que están los mejores logros de Elena Torres.