JUAN PABLO Cuaderno-del-Sur.JUAN PABLO

JUAN PABLO ROA. CUADERNO DEL SUR. EDITORIAL EL SASTRE DE APOLLINAIRE.

Generalmente el crítico echa mano, entre otras cosas, de conceptos preestablecidos, de plantillas, podríamos decir, a la hora de descubrir similitudes, de establecer patrones, a la hora d enfrentarse a determinada obra, y no se le debe reprochar, pues una gran parte de las obras que tiene la posibilidad de analizar responden a unos criterios análogos que reproducen características comunes de tal o cual corriente literaria o poética. Sin embargo, a veces ciertas particularidades de una obra hacen inviable el etiquetado porque rompen esos moldes que podrían encasillar sin demasiados ajustes. Una de estas obras es “Cuaderno del sur”, del poeta colombiano afincado en España Juan Pablo Roa (1967), traductor, editor y autor de libros de poesía como “Ícaro” (1989), “Canción para la espera” (1993), “El basilisco” (2007) “Existe un lugar en donde nadie” (2011/2017), del que, lamentablemente, no habíamos leído nada hasta este “Cuaderno de sur”, un libro, conviene decirlo ya, al que no es fácil echarle el diente. ¿Por qué afirmo esto? Por varias razones, en primer lugar porque el lenguaje metafórico al que Roa fía la convalidación de su experiencia no siempre es inteligible para el lector (Mallarmé hablaba de comprender el poema a través del placer que nos causan). En segundo lugar, porque hay una especie de exceso verbal que provoca cierto caos “argumental”. A veces da la impresión de que el poeta no sabe a ciencia cierta hacia dónde lo conducen sus versos y se deja llevar por su sonoridad, por su ritmo, sin importarle demasiado el sentido, en ocasiones confuso (véase al respecto, por ejemplo, el poema titulado «entre los arrecifes de la noche»). Quede claro que estos no son reproches, sino prevenciones, y no lo son porque no se puede reprochar a Roa que necesite el desbordamiento verbal, un equilibrio entre expresión del sentimiento y la emoción que lo provoca para exponer su intimidad, su incertidumbre, su búsqueda identitaria. «Creo que la poesía es, también y sobre todo, búsqueda, exploración, meditación íntima con el mundo y con retazos de un yo que no conocemos del todo», afirma el autor en una entrevista reciente. Debemos saber que estamos ante un «enfermo de palabras» que precisa de un detallismo descriptivo para ubicarse«a la una y media de la tarde, / en esta fecha en este día / miércoles de julio, número quince / en el calor de un agosto que se anticipa / te espero aún con la olla fría, / este miércoles de pereza y escritura…». La escritura, el poema, juega un papel fundamental en esta prospección del entorno, en la reparación de las fracturas de la realidad, esas mediante las cuales podemos visualizar lo que habitualmente permanece oculto por el velo de la cotidianidad. El poema, desde la palabra transgresora, intenta reparar esas fracturas y atrapar lo inasible, pero esta intención no deja de ser una prueba más de las limitaciones del lenguaje. Hablamos del lenguaje de la imposibilidad, numerosas veces aludido en los versos de Roa, como, por ejemplo, «Ahora la palabra dice y desdice» o en estos otros: «Escritura, poema, / escombros ajenos que sin embargo / entonan un acorde / propio, una música, un campo / que florece en campo ajeno. // Poesía, fruto de soledad / que en la palabra dada ya se sabe / compañía, un campo sonoro que contiene / ese huerto cerrado / en el que vamos siendo a la deriva». Como vemos, no se trata
solamente de una reflexión sobre el alcance del lenguaje. Los versos de Roa encierran una gran riqueza de pensamiento que tiende, eso nos parece, al desorden, como si las ideas brotarán simultáneamente y no fuera capaz de retenerlas, esa es la impresión que nos asalta, quizá por ese arrebatador verbalismo que hemos mostrado desde el inicio, aunque sepamos «que el pensamiento /es paisaje interior sorprendido / al final de la fiesta, / establecimiento nocturno / concluida por fin la lluvia / y la noche honda, / sin música alguna que nos asista».

“Cuaderno del sur” está dividido en tres secciones, pero no apreciamos diferencias notables entre ellas, es más, la relación que se establece entre los poemas con igual título en cada una de ellas contribuye en buena mediada a resaltar la organicidad del libro, una organicidad que se manifiesta también en la elección de los autores de los que se toman textos como epígrafes, Andrés Bello y, principalmente, da Vitale, una elección un tanto sorprendente, porque, a priori, Roa defiende unos presupuestos estéticos enfrentados a la desnudez y contención verbal de la poeta uruguaya. Sin duda, se ha establecido entre la obra de ambos poetas una comunicación emocional que va más allá de lo meramente formal. Y es que, como dice el propio Roa, «Escribir es siempre pagar una deuda con los poetas leídos, admirados y convertidos en escritura propia».

* Reseña publicada en el suplemento Sotileza del El Diario Montañés, el 24/01/2020