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MEGAN FERNANDES

CONVERSACIÓN

sam dice que no puedes llamar en tu libro chicos buenos a un perro

pero sam no sabe que soy el perro

soy el último chucho y le cuento esta historia

en un bar llamado college hill tavern que parece una tapadera

para alguna operación donde todos los taburetes aparecen como si

fueran a actuar en menos de diez minutos y

la chica de las pestañas postizas sabe

que me gusta la ginebra doble y le digo a sam

que me convertí en perro

cuando tenía diecisiete años y mi madre encontró un ensayo

que trataba sobre mi amor por una chica

y había una referencia a portishead

en caso de que me necesites a día de hoy

y esto fue mucho antes de la liberación de los jóvenes y los gemelos

blancos que salen con su papá en youtube

y todos lloran y se transforman.

cuando veo a esos niños, todo lo que pienso es que nunca tuvieron padres

inmigrantes que te enviaron a una señora

y te dijeron que tenías que resolverlo todo

en una sesión porque esa terapia era muy cara.

No fue tan traumático. bastante cómico. y recuerdo el diván

había varios divanes y cuando tuve que elegir uno me senté

en el diván más alejado de ella y esta no fue la primera señora agradable

que me miró como si fuera un perro

y sam, cuando dije que se le llama chicos buenos

lo que quise decir fue que era un buen chico

y quería a los chicos buenos

y a los hombres buenos y todavía los amo

pero ya ves, tenía diecisiete años y estaba solo

y nadie me dio nada excepto un libro de dickinson

y ella era tan ordenada, tan precisa, tan humana

y yo no lo era. Simplemente no lo era.

Solo era un perro y ni siquiera era tan bueno.

 

Versión de Carlos Alcorta