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SEAMUS HEANEY. 100 POEMAS. TRADUCCIÓN DE ANDRÉS CATALÁN. EDITORIAL ALBA/POESÍA

Catherine Heaney, hija del poeta, en la «Nota de familia» que abre esta edición, explica la razón de ser de este libro, 100 poemas: «Ahora, a punto de cumplirse cinco años de su muerte —el libro en su edición original está publicado en 2018—, nosotros, sus familiares más cercanos, hemos recuperado esa idea. Por su propia naturaleza es una selección diferente de la que habría hecho papá… o un editor independiente, en todo caso. Tomamos la decisión de basarnos en los dos doce libros originales (con dos excepciones) y dejar aparte sus traducciones de Sweeney Astray, Beowulf y demás». Es cierto que Seamus Heaney, nacido en el condado de Derry en 1939, en el seno de una familia católica y premio Nobel de Literatura en 1995, valoró durante un tiempo la posibilidad de hacer una selección personal de poemas de toda su trayectoria poética, no demasiado extensa, pero suficientemente representativa de su quehacer como para que sirviera de aliciente a quienes quisieran profundizar en el grueso de su obra. Como ha quedado dicho, no llegó a realizarla, pero algunos miembros de su familia han conseguido llevar el proyecto a buen puerto. El libro comienza con el famoso poema «Cavando» —«El primer poema que escribí, dice el poeta, con el convencimiento de haber sabido expresar mis emociones por medio de palabras o, por decirlo de modo más exacto, creyendo que mi sentir había pasado alas palabras»—, continua con poemas de Muerte de un naturalista y finaliza con el poema «,A tiempo», escrito en 2013 y dedicado a Síofra, una de sus nietas, pero no hay una división específica entre los respectivos libros de Heaney —el citado Muerte de un naturalista (1966), North (1975), Station Island (9184), La linterna del espino (1987), Distric y Circle 820069 o Cadena humana (2010, entre otros)—, lo que, si bien puede desconcertar al estudioso, propone una visión más amplia del conjunto y de las relaciones que guardan entre sí los poemas.

Una de las constantes más reiteradas en la poesía de Heaney es su ascendencia irlandesa, presente en sus poemas a través del paisaje, de la mitología, de las costumbres, de la historia y del idioma. Hay infinidad de términos —topónimos, variaciones dialectales, etc.— que remiten directamente a su origen. La sensación de pertenencia a un pueblo que, a pesar de la represión, de los muertos («La gente no para de preguntarme qué sensación produce vivir en Belfast y me doy cuenta de que siempre respondo que, en nuestra parte de la ciudad, la situación no es demasiado mala: consuelo absolutamente inútil que significa que cuando salimos a la calle esperamos no encontrarnos en medio de un tiroteo», escribe en 1971), ha sobrevivido sin renunciar a sus principios, concede a sus poemas no solo un valor testimonial, sino un alto grado de emoción poética, porque Heaney entiende la poesía «como revelación del yo a uno mismo, como restauración de la cultura a sí misma». Ambas premisas son indisociables y su perfecta definición, sobre todo en la segunda premisa, la aleja del riesgo de caer en un panfletarismo soez. El mismo Heaney despejas las posibles dudas cuando escribe que no es imposible «contar con una poesía que aunque busque, conscientemente, el cambio cultural y político, eje de operar dentro de la más absoluta integridad artística».

El firme contacto con la tierra con el cuerpo, la sensación de que la vida se renueva en las distintas formas de la materia queda especialmente patente en poemas como «El hombre de Tollund» o «El hombre de Grauballe», poemas, por cierto, que guardan una estrecha relación con el libro Bocksten, del poeta italiano Fabio Pusterla, en el que este recrea la vida del Bockstenmannen, un hombre del siglo XIV encontrado en una turbera en Suecia. Heaney escribe a propósito del hombre de Graubelle: «Como si lo hubieran bañado / en alquitrán, descansa / en una almohada de turba / y parece llorar // el río negro de si mismo» y de Pusterla son estos versos: «Bocksten, hombre de tierra, / huesudo resto que el carbón devuelve, / que emerge de la maraña de los siglos, / caso, muda protesta, acusación, vida / clavada en el fango». Las similitudes son evidentes. Ambos resaltan el desafío por la supervivencia y la complejidad de los vaivenes de la historia.

   Por otra parte, los escenarios de Heaney muestran esa fidelidad a su tierra natal —lo que él llamó «El sentido del lugar»—, la lluvia, el musgo, la niebla, los valles o los bosques, las relaciones familiares, la vida rural de Irlanda, en definitiva, que contrasta con los espacios urbanos donde, generalmente, se dirimen los conflictos religiosos, políticos, identitarios que Heaney nunca ha obviado en su poesía, como ocurre, y es un ejemplo escogido entre muchos, en el poema «Víctima». Resulta muy difícil resumir en 100 poemas cincuenta años de escritura, pero la selección realizada por su familia permite al lector conocer la médula de la poesía de Seamus Heaney, una poesía que no huye de lo local y que, sin embargo, ha conseguido universalizar su sentimientos —el amor está, también muy presente. Su esposa Marie inspiró muchos de estos poemas—, sus reflexiones, sus poderosas imágenes y su forma de entender la poesía («Un buen poema nos perite mantener los pies en la tierra y la cabeza en los aires simultáneamente»), como quedó patente en el discurso de aceptación del Premio Nobel, del que extraemos estas palabras: «… creo en ella, en última instancia, porque la poesía es capaz de crear un oren tan fiel al impacto de la realidad exterior y tan sensible a las leyes internas del ser del poeta como la sondas que se movían para adentro y para afuera en la superficie del agua de aquella cubeta de fregadero, hace cincuenta años».

   La edición de 100 Poemas, excelentemente traducido por Andrés Catalán, cumple un deseo de Heaney que él no pudo llevar a cabo. Es una antología personal, aunque no sabemos si es completamente fiel a los gustos del poeta, pero como dice su hija, «en lugar de ser un volumen “in memoriam”, esta colección pretende ser una celebración de la extraordinaria persona que nos dio estos poemas». Con esta idea nos quedamos los lectores de Seamus Heaney, un poeta que, como escribe Jordi Doce, «Ha sido coherente en todo momento con sus orígenes, un medio signado por el impulso de supervivencia para el que la literatura, el arte, las referencias a la alta cultura e incluso de la cultura popular de la clase media eran realidades lejanas o inaccesibles,. Afortunadamente, su talento poético, se ha impuesto y ha conseguido solventar esas graves deficiencias, quizá por eso su poesía nos golpea más directamente.

*Reseña publicada en El Cuadernodigital, 6/11/2019