Rcerón

ROCÍO CERÓN. OBSERVANTE. EDICIONES LILIPUTIENSES.

Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972) es, además de poeta, ensayista, editora y creadora multidisciplinar —este libro, Observante, es resultado de esa labor heterogénea—, actividad que ha desarrollado en numerosos países, Francia, Reino Unido, Suecia. Estados Unidos o Dinamarca. Es autora de una poética copiosa que comenzó en el año 2000 con Basalto y ha continuado con títulos como Imperio (2009), Tiento (2010), Diorama (2012), Nudo vortex (2015), La rebelión. O mirar el mundo hasta pulverizar los ojos (2016) y Materia oscura (2018). Observante es un libro misceláneo integrado por cinco partes. «Arborescencia», en la que el curso narrativo está interrumpido de continuo por fisuras que subrayan, precisamente, la discontinuidad que se menciona en uno de los versos. Sin embargo, parece establecerse una relación temporal ente el principio de la acción y su término en estos versos repetidos en ambas partes: «Lo que siempre es. Anterior. Permanente. aquello»; «Miiundasïkantani», subtitulado 25 nomenclaturas para nombrar un paisaje que Cerón ha escrito como parte de la acción del mismo nombre presentada en la Sala de Arte Público Siqueiros en 2018. Distorsiones, bocetos, ruinas, cuerpos sumergidos se escapan de una comprensión lógica, porque «la imagen muestra, el lenguaje da sentido, el cuerpo entra en cautiverio por la lucha entre ambos»; «Incisiones», que está integrado por versos sin aparente relación unos con otros, parecer ser más reflexiones dispersas, agrupadas bajo un título, pero escritas a partir de experiencias alejadas temporal y emocionalmente que logran encauzare en un discurso más interrelacionado gracias a la insospechada visión de una ardilla sobre unos cables: «Su cola, principio de equilibrio; las manos de mi padre / —pulso— principio de un lenguaje». «Materialidades subversivas» está escrito a partir de la obra plástica de Vanessa García Lembo y aunque los textos poseen su propia autonomía, es probable que para alcanzar su verdadero sentido debamos contemplar las obras; «Observante», la sección final, nos habla de un observante que tiene «Mandarinas y hojas de parra colocadas en la mente». Los poemas de esta sección están acompañados de unas ilustraciones que representan un material oscuro, rugoso, quizá de origen volcánico: «Materialidad ígnea, abastecimiento de sentido por forma y vértice. Hacia el precipicio, el salto, es siempre hacia las alturas»., escribe Rocío Cerón. Su poesía no se pliega a los intentos de comprensión inmediatos, pero tal vez no demande comprensión alguna, sino solo asimilación, un estar abiertos a dejar que fluya ante nosotros, los lectores una corriente de empatía que nos impela a identificarnos con lo leído, a dejar correr nuestra imaginación, porque no sepamos a ciencia cierta de qué nos está hablando.