PENNY BOXALL

EL ARTISTA DE DOBLAJE

He estado informándome sobre los técnicos de doblaje

y los trucos que emplean: acoplar

sus propios pasos al paso del personaje;

cerrar de golpe la puerta del estudio en el momento justo;

crujir hojas en sincronía con la pantalla. Sustituyen

esas pequeñas cosas silenciadas por diálogos o

música de suspense o risas. Algunas cosas no suenan

del todo bien, y se requiere un sustituto.

Por ejemplo: el maloliente lacerado de la guillotina

se expresa en las bandas sonoras cortando

con un hacha un repollo.

 

Esta mañana, en el extraño sol de febrero, veo

la gota negra de un barquero remando

en la fina superficie de un estanque. Un burro valle abajo

está rebuznando y, de repente, estas dos cosas encajan en su lugar:

el tirón de los remos de la embarcación; el arañazo como de bisagra oxidada

del rebuzno. Como si el barquero estuviera haciendo

ese sonido por sí mismo.

 

Y últimamente he estado diciendo el tipo

de cosas que digo: para que nadie

adivine —a menos que conozca

todos los trucos— que todo ese ruido

no era realmente yo.

 

Versión de Carlos Alcorta