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EFI CUBERO. ESENCIA. EDITORIAL. LA ISLA DE SILTOLÁ. COL. LEVANTE.

onocida fundamentalmente como poeta —suyos son títulos como Condición del extraño (2013) o Punto de apoyo (2014)— Efi Cubero (Granja de Torrehermosa, 1949) ha escrito además numerosos escritos sobre arte, disciplina en la que es una consumada especialista y la que ha dedicado estudios, entrevistas o textos para catálogos, fruto sin duda de ese interés común que despiertan suertes tan entrelazadas como la poesía y el arte, aunque a esta última se enfrente Cubero desde una perspectiva analítica, eso sí, como veremos, entendida esta también como un acto creador. De ese, como quería Juan Ramón, trabajo gustoso provienen los textos recogidos en Esencia, más de treinta pequeños ensayos —de diferente extensión, pero con una similar razón de ser—, la mayoría de ellos dedicados a artistas o poetas visuales y otros más generales, que relatan viajes o acontecimientos de diversa índole, siempre vinculados con el arte porque es este, y no otro, el hilo conductor del libro. El artista y su obra son glosados con la intención —como aconsejaba Balzac— «de captar el espíritu, el alma, la fisonomía de las cosas y de los seres», sin reparar en cronologías —conviven en el libro, por poner solo un ejemplo, Goya o Alfonso López Hidalgo— o en determinados periódicos históricos asociados a los cambios estéticos —por poner otro ejemplo, Monet y Pollock—, con la atención puesta, fundamentalmente, no en hacer un juicio crítico refrendado por las características personales del autor y su relación con la época en la que vive —huyendo siempre de lo que Alberto Santamaría ha llamado la «simplicidad argumentativa del historicismo»—, sino por fundirse, por integrarse en la obra hasta sonsacar la idea, el pensamiento que la dio lugar, sin interés alguno en codificarla, en convertirla en un objeto de estudio académico. Lo que intenta Efi Cubero es excitar nuestro deseo de conocer mejor, de saber más. El método de aproximación de Efi Cubero es casi siempre el mismo. Comienza exponiendo unos datos biográficos, pero de carácter asistemático, que tienen como objeto ofrecer cierta información relevante sobre el proceso creativo del artista. Nunca son baladíes, porque, como decía Valéry, «Cada artista tiene sus propias relaciones con lo visible. Unos se dedican a restituir lo que perciben tan fielmente como puedan […] Otros desean sin embargo hacernos sentir lo que sienten ellos…», además, estos datos no están expuestos de manera enciclopédica, sino incrustados en las reflexiones que la autora realiza sobre una obra concreta o sobre determinado artista. Veamos un ejemplo: «Me acerqué hasta Livorno. Colores de la Toscana impregnaban los muros que albergaron sus juegos. Los primeros compases de una partitura —la de su vida— tan breve como intensa y arrolladora», así comienza el texto dedicado a Modigliani y, de este modo, subjetivo, metafórico, nos introduce en su obra: «Sobrias tonalidades de pura transparencia, en las vibraciones que anulaban contornos, me acercaban al ritmo, al movimiento de sus íntimas y sensibles arquitecturas. Firmes trazos, delicados trazos, delimitando tiempos…». En los comentarios de Efi Cubero prima, por encima de un lenguaje técnico y escolástico, el lenguaje poético, artístico, es decir, sugerente y evocador, porque solo este es capaz, gracias a la metáfora, al símbolo y a las imágenes, de penetrar en las capas secretas de todo acto creativo, ese lenguaje es el que permite, más allá de escuelas y tendencias, más allá de criterios lógico, relacionar a artistas como Rembrandt o Zurbarán, a Bacon con Rivera o Dalí con Pollock, acaso porque, como escribe a propósito de Rufino Mesa, «el misterio de lo sagrado parte de la misma realidad que nos envuelve o es la realidad misma la que se alza como una paradoja inexplicable como lo es el hecho de la existencia humana». La mirada de Efi Cubero es la del poeta-crítico, a la manera de Baudelaire, quien afirmaba que «La mejor crítica no es fría ni algebraica. No es de las que, bajo el pretexto de explicarlo todo, no contienen ni odio ni amor, y se despoja voluntariamente de cualquier temperamento», por eso sus textos estás sostenidos por una profunda intuición por una acumulación impresionista de opiniones que buscan, más que hacer un recuento descriptivo de una determinada obra, descubrir —es decir, comprender— los matices ocultos que solo una mirada cómplices capaz de disfrutar, porque, como escribió el pintor y poeta Ramón Gaya en Naturalidad del arte, «mientras la intuición conserva siempre su tembloroso carácter de inspirada, es decir, de indeterminada, de inacabada, de insegura, de imprecisa, la comprensión en cambio es algo muy firme, muy definitivo, muy conclusivo; intuir es como abrir una brecha, pero comprender, más que abrir, es cerrar, es apresar, es aprisionar, es abrazar fuertemente algo». Resulta imposible definirlo con palabras más verdaderas, más sentidas y ciertas.

* Reseña publicada en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés, el 20/09/2019