RAFAEL-MORALES-CUBIERTA.jpgRAMORA.png

 

RAFAEL MORALES. POR AQUÍ PASÓ UN HOMBRE. EDITORIAL COMUNIDAD DE MADRID Y FUNDACIÓN GERARDO DIEGO

No cabe duda de que tenemos incrustada en la mente cierta propensión a resaltar los números redondos, principalmente, los que atañen al nacimiento y la muerte de determinados personajes. Nada tenemos en contra. Siempre que estos recordatorios no sean forzados y sirvan para divulgar la obra del, en el caso que no ocupa, poeta, deben ser bienvenidas estas celebraciones. La Fundación Gerardo Diego, de la mano de su directora, Pureza Canelo, así lo ha entendido y ha puesto a disposición de los lectores interesados la edición facsimilar de “Por aquí pasó un hombre”, la antología de Rafael Morales que publicó en 1999 en la colección «Poesía en Madrid» que ella entonces dirigía y en la que tanta participación tuvo el propio poeta, que contaba a la sazón 80 años, puesto que había nacido el 31 de julio de 1919. Conmemoramos por tanto, en este año, el centenario del nacimiento del poeta.

     Por aquí pasó un hombre recoge un amplia muestra de su labor poética —Morales también escribió libros de literatura infantil y juvenil— de todos sus libros, excepto de Poemas de la luz y la palabra, publicado en 2003. Su primer libro, Poemas del toro se publica el 20 de abril de 1943 —solo unas semanas antes de que viera la luz la revista Garcilaso (13 de mayo de 1943) que tanta repercusión habría de tener en el ambiente poético de la posguerra— en la recién creada colección Adonais, auspiciada por García Nieto –alma mater también de la revista Garcilaso—, Juan Guerreo Ruiz y José Luis Cano, preferentemente. «Lo empecé a escribir en Talavera de la Reina. Mi ciudad natal, el 1 de agosto de 1940 […] El soneto que encabeza todas sus ediciones, el titulado «El toro», germen de todos los demás, fue también el primero que escribí en mi vida», escribe Rafael Morales. La influencia de Miguel Hernández, fallecido muy poco antes, sobre todo por los sonetos de El rayo que no cesa, fue determinante en aquella su primera época como poeta, una época que integran el ya citado Poemas al toro (1943), El corazón y la tierra (1946) —un libro de tono neorromántico cuyos temas principales son el amor, el paso del tiempo y la naturaleza—, Los desterrados (1947) —año este de la publicación de dos libros capitales, Los muertos de José Luis Hidalgo (Morales cedió su turno de publicación para que se imprimiera con urgencia el libro de Hidalgo, pero, a pesar de todos los esfuerzos, el malogrado poeta no lo llegó a ver impreso) y Alegría de José Hierro, ambos en la colección Adonis, el de Hierro, ganador de la última convocatoria del premio— que supuso un cambio ético, podemos decir, puesto que supuso un cambio, en la terminología utilizada por Dámaso Alonso, de la «poesía arraigada» a la «poesía desarraigada» y Canción sobre el asfalto (1954), una obra que, aunque escrita entre los años 1945 y 1953, señala el inicio de la madurez poética del autor, como lo confirma en el obtuviera con él el Premio Nacional de Literatura.

La máscara y los dientes (1962) inicia la segunda fase de la poesía de Morales, un segundo periodo breve, integrado por este título y por La rueda y el viento (1971). «Yo había concebido una serie de extensos poemas polimétricos de carácter unitario con los que intentaría exponer —no narrar— como en un gran friso un panorama de la condición humana, pero terminé por abandonar tal proyecto porque me pareció demasiado ambicioso».

     Habrá que esperar a 1982 para leer Prado de serpientes, el libro con el que comienza la tercera etapa poética de Rafael Morales, aunque hay que tener en cuenta que las diferentes fases o etapas no son compartimentos estancos. Entre ellas existen, como resulta entendible, unas concomitancias temáticas y formales fácilmente rastreables, algo que resulta más evidente aún al leer Entre tantos adioses (1993), libro que cierra la tercera y última etapa de su producción y cuyo primer poema —«El poema»— enlaza con el último de Prado de serpientes, «Palabras», cuya última estrofa transcribimos: «Yo edifiqué mi vida en otras vidas, / penetré en la memoria y en el tiempo / palabra tras palabra, / ceniza tras ceniza, / aire tan solo que al aire pertenece. / Yo edifiqué mi vida en el olvido» dice la última estrofa. Precisamente, bajo el título “Palabras” hay agrupados varios poemas que, en el momento de la publicación de la antología, estaban inéditos y luego pasaron a engrosar su último libro publicado. Por aquí pasa un hombre tiene, además, la particularidad de que cada uno de los títulos recogidos está precedido por unos comentarios, jugosísimos, del autor, lo que la convierte en imprescindible para cualquier estudioso de la obra del poeta.

   Del poema «Palabra del poema», perteneciente a dicho último libro de poemas extraemos unos versos que nos sirven para poner fin a este apresurado recorrido por la obra de Rafael Morales, un autor injustamente encasillado en una temática y en una época, que gracias a libros como Por aquí pasó un hombre, vemos con una perspectiva más amplia y, sobre todo, mas justa y equilibrada.

* Reseña publicada en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés, el 2/08/2019