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RAMÓN BUENAVENTURA. TAL VEZ VIVIR. ANTOLOGÍA POÉTICA. EDICIÓN DE ISABEL GIMÉNEZ CARO. UNIVERSIDAD DE ALMERÍA

Como un acto de absoluta justicia poética podemos calificar la edición de esta antología de la obra poética de Ramón Buenaventura (Tánger, 1940), una obra integrada por más de diez títulos —Cantata Soleá (1978), Los papeles del tiempo (1984) o Teoría de la sorpresa (1992) prácticamente ilocalizables actualmente ya que en el momento de sus respectivas publicaciones quedaron un tanto desubicados, al no adscribirse a ninguna de las tendencias poéticas dominantes de la época y ver la luz con varios años de retraso respecto de su escritura. Ya se sabe, el que va por libre debe, en general, pagar el precio de la independencia, lo cual supone padecer críticas negativas guiadas por un profundo desconocimiento de lo que se critica (el desconocimiento de lo extraño provoca también temor), sufrir el ninguneo de colegas y lectores, condenarte al olvido, por eso, reitero, esta antología posee en sí misma un valor añadido, el de poner a disposición de los lectores actuales, a los que ya no limita su mirada las anteojeras del pasado, una obra distinta, rica en significados y sugerencias tanto personales como literarias, una obra formalmente emparentada con las primeras vanguardias —su libro “Eres” obtuvo el Premio Miguel Labordeta—, de las que ha heredado, entre otras cosas, un componente lúdico poco frecuentado en nuestra lirica, más atenta a la elegía y la circunspección.

     Por otra parte, Ramón Buenaventura puede ser considerado con un precursor de la actual reivindicación de la poesía femenina. En 1985 publicó un libro que se ha convertido en esencial y premonitorio, Las Diosas Blancas. Antología de la poesía española escrita por mujeres. Él mismo ha sido incluido en numerosas antologías de poesía en España y en el extranjero. Ha publicado además numerosos estudios literarios y varias novelas como El año que viene en Tánger (1998), Premio Villa de Madrid o El último negro (2005), Premio Fernando Quiñones. Si a esto añadimos su extensísima labor como traductor de diferentes lenguas —francés (en 2002 recibió el Premio Stendhal), inglés, árabe o alemán—, por la cual se le concedió el Premio Nacional de Traducción en 2016, podemos asegurar que nos encontramos ante un verdadero hombre de letras, una especie en grave peligro de extinción, razón de más para justificar la necesidad de esta antología, Tal vez vivir, que recoge poemas de todos sus libros, de los editados en papel, pero también de los que, bajo el título Poemas casi todos ya. 1956-2014, publicó en formato PDF, que incluye algunos inéditos —escritos en un periodo que abarca desde 2005 a 2011—incorporados a esta edición. Isabel Giménez Caro escribe un esclarecedor prólogo en el que explica el origen del título, tomado de la primera novela, aún inédita, de Ramón Buenaventura, escrita ya en el «destierro» madrileño, en 1958. La autora de la edición nos informa con detalle de las particularidades creativas de Buenaventura, particularidades que le han apartado de las diferentes estéticas con las que ha coincidido en su extensa trayectoria literaria. Generacionalmente «pertenecería, por edad, a la de los poetas del 70 —así se recoge en diversas antologías como la de Mari Pepa Palomero— […]; también se le ha situado en el grupo de escritores tangerinos que escriben en español, como vemos, por ejemplo, en el estudio de Rocío Rojas Marcos “Tánger, segunda patria”». Ya hemos dicho que es un poeta sin escuela, por lo tanto, situarlo en un lado o en otro no tiene otro objeto que el didáctico y lo que importa realmente es su poesía, dueñas de una personalísima poética que tiene al lenguaje como protagonista primordial (el otro tema fundamental es, sin duda, la ciudad de Tánger). «Fusiona la tradición y la vanguardia a través de un lenguaje que ningún escritor de su generación posee, de ahí su singularidad», escribe certeramente Giménez Caro.

     Numerosas y variados son los autores que han ejercido su influencia en la obra de Buenaventura, como no podía ser de otra forma, teniendo en cuenta su amplitud de lecturas. Los registros de su escritura dan cuenta de una nutrida intertextualidad —característica esencial a la hora de estudiar su poesía— no siempre al alcance del lector común. Ramón Buenaventura no renuncia a valerse de un acervo cultural tan poco común —como ocurría, por ejemplo, con Pound—como el suyo para multiplicar las posibilidades de trascendencia del poema. Desde Rimbuad, Byron o Lautrémont a Salvador Espriu, pasando por Nicanor Parra o Quevedo y filósofos como Platón, Gabriel Albiac o Eugenio Trías, por citar solo algunos nombres. Buenaventura incorpora al poema —algo que practican en la actualidad poetas como Julio César Galán— las citas a pie de página, glosas prosificadas sobre la construcción del poema o tipografía diferente para resaltar determinado contenido. Acabamos este comentario con un ejemplo de esa intertextualidad fácilmente rastreable, el poema «Ceguera»: «Vendrán tu ojos y / verán mi muerte / mi máximo impudor / mi cadáver / mi cuerpo sin mí / durmiendo una noche sin dormirla / estando una presencia que no está / Vendrán tus ojos y / no los veré mirarme».

* Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 12/07/2019