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LA POESÍA ES UN FAISÁN. ANTOLOGÍA DE AFORISMOS SOBRE LA POESÍA Y LOS POETAS. SELECCIÓN DE LEÓN MOLINA. EDITORIAL ISLA DE SILTOLÁ

León Molina (La Habana, Cuba, 1959) es poeta—en Esperando a los pájaros del Sur (2017) ha reunido su obra completa—, pero es también un consumado especialista en dos de los géneros más seguidos en los últimos años, el haikú y el aforismo, formas breves que están gozando de un éxito realmente llamativo, como lo demuestra el hecho de que varias editoriales —de las que ya hemos hablado en estas páginas en repetidas ocasiones— hayan creado colecciones ex profeso para divulgar dichos géneros. Por lo que respecta al aforismo, ha publicado, además de un libro de su autoría, Mapa de ningún sitio, la antología Verdad y media. Antología de aforismos españoles del siglo XXI (2001-2016). La presente antología, La poesía es un faisán —título que proviene de Wallace Stevens— tiene como tema central la reflexión sobre al creación poética, tan cercana al aforismo que a veces se confunde, hasta el punto de que se han elaborado libros de aforismos a partir de versos de poetas como Luis García Montero o José Luis García Martín, algo que parece haberse evitado de forma sistemática en este volumen, aunque haya naturales excepciones. El propio Molina escribe que «en el aforismo moderno, la mayoría de sus autores son poetas y no es menos cierto que resultan evidentes las relaciones de forma y fondo entre la poesía y el aforismo». No siempre, sin embargo, el verso se amolda con facilidad a la contención, a la precisión que exige el aforismo, que es, antes que nada, como escribe Antoni Avendaño, «una escritura densa, concentrada».

     El criterio de ordenación de los autores no es otro que el alfabético, pero no, como se acostumbra, a partir del primera apellido, sino del nombre de pila, algo anecdótico, en cualquier caso. No lo es tanto la selección que corresponde a cada uno de ellos, guiada por «la atención mayor o menor que cada uno hay dedicado a la poesía como tema». Así, autores como Adolfo García Ortega, Ángel Crespo, Charles Simic, José Mateos, Juan Ramón Jiménez —el mejor representado—, Nicolás Gómez Dávila, Paul Valéry o Wallace Stevens disponen de varias páginas, aunque resulta evidente que similar extensión no siempre se compadece con un interés equivalente. La agudeza reflexiva de Juan Ramón o de Stevens no admiten parangón.

     Otros autores están representados de manera muy desigual. Los hay que aportan solo una sentencia, es el caso de Ángel de Frutos, Ángel Gabilondo, Arthur Schnitzler, Azahara Alonso, Carlos Castilla del Pino, Christian Bobin, Dan Paterson, Jardiel Poncela, Enrique José Varona, Pessoa, Burdin, Tamayo, Bufalino, Ceronetti, Waagensberg, Pérez Estrada, Ramón Andrés o Bozalongo, por ejemplo. El resto colabora con un número variable de aforismos. Al margen de otras consideraciones, lo que denota esta selección es la ardua labor de búsqueda que ha realizado León Molina. La mayoría de los seleccionados son autores sobradamente conocidos, pero hay otros que, estoy seguro, son fruto de las amplias lecturas del compilador.

Como no podía ser menos, teniendo en cuanta la heterogeneidad de los autores seleccionados y las diferentes épocas a las que pertenecen biográficamente, el modo de entender la reflexión poética es dispar. Desde la indagación de raíz metafísica en la que se cuestiona la función del poeta, como en Rafael Cadenas: «Los poetas no convencen. / Tampoco vencen. /Su papel es otro, ajeno al poder: ser contraste» o esta de Octavio Paz: «El falso poeta habla de sí mismo, casi siempre en nombre de los otros. El verdadero poeta habla de los otros al hablar consigo mismo», a la propia esencia de la poesía: «La poesía es la expresión esencial de las cosas. El que se lo toma como una forma adornada de escribir va listo», escribe Carlos Pujol, o, como afirma Juan Kruz Igerabide, «La poesía es una ecuación con incógnitas inestables».

     Como es lógico, León Molina ha realizado su propia selección, sin pretender, en ningún caso, abarcar de forma totalizadora lo que se ha escrito sobre ambos temas, el poeta y la poesía, porque embarcarse en un proyecto de esa envergadura exige una dedicación exclusiva durante demasiado tiempo. Es comprensible, como lo es también que este lector eche en falta algunos nombre, como, por ejemplo, el Unamuno de «piensa el sentimiento, siente el pensamiento», el Gerardo Diego de algunos poemas de Biografía incompleta, del Auden de «La poesía es magia: nacida en pecado» o el José Hierro de «Reflexiones sobre mi poesía», donde firma aforismos como estos: «El poeta es un punto situado fuera de la línea» o «El poema perfecto es la recta que une, perpendicularmente, el punto-poeta con el horizontal tema».

   En ningún caso, esta pequeña discrepancia ensombrece esta magnífica edición que el lector interesado deberá leer a sorbos, abriendo el libro al azar. En cualquiera de sus páginas encontrará motivos más que sobrados para seguir leyendo.

* Reseña publicada en el suplemento Sotileza del El Diario Montañés el 21/06/2019

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