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GERARD MANLEY HOPKINS. PROSA COMPLETA. TRADUCCIÓN DE GABRIEL INSAUSTI. EDICIONES ENCUENTRO

Es muy posible que la imagen que nos hemos ido formado a lo largo del tiempo de este autor distorsione ante nuestros ojos su obra, como habitualmente ocurre con quienes mueren jóvenes y, como en el caso de Hopkins, con una obra prácticamente inédita. De hecho, a su muerte —el 8 de junio de 1889—solo se conocían algunos de sus poemas juveniles. Sin embargo, las cosas cambiaron unas décadas después. Gabriel Insausti, encomiable traductor y prologuista de esta Prosa completa, lo explica así: «Para cuando estalló la Segunda Guerra Mundial Hopkins era una de las referencias más destacadas para todo lector de poesía inglesa» y es que voces tan representativas de los nuevos tiempos como T. S. Eliot, F.R. Leavis o los críticos afiliados al llamado New Criticism como William Empson o I. A. Richard apreciaron su obra y consiguieron difundirla entre los entre los autores emergentes: «Eliot —escribe Insausti— arrastraría a los escritores de Bloomsbury […]; los lectores y estudiosos católicos descubrirían en los versos de aquel oscuro jesuita un modo de reconciliar su religiosidad y su tradición literaria; y varios de los jóvenes poetas de la nueva generación de los treinta, como Auden y Cecil Day Lewis, coincidían con sus mayores en apreciar a Hopkins» Este cambio de perspectiva crítica es el que propició que, a finales de las década de los 30, se publicara su obra en prosa., no sin antes resolver un sin fin de vicisitudes de orden familiar ( el mismo poeta destruyó los poemas que había escrito antes de ingresar en la Compañía de Jesús —su conversión al catolicismo le acarreó serios enfrentamientos, no solo con su familia, que era extremadamente religiosa y anglicana, sino con otros miembros de su comunidad («Espero ordenarme y hacerlo pronto, pero deseo que sea un secreto hasta que suceda») — y sus hermanas quemaron un diario del que el propio poeta había renegado). La edición que ahora tenemos en nuestras manos está integrada, además de los diarios que abarcan desde 1866 hasta 1875 (hay también una pequeña muestra de sus diarios de juventud), por numerosas cartas («El corresponsal —escribe— no escribe su carta solo como respuestas a otra; tal vez responda a algunas preguntas pero no es esa su motivación»), sermones y escritos devocionales y unos interesantísimos ensayo sobre arte y poesía: «Sobre las señales de la salud y decadencia en las artes» (1964), «Dicción poética» (1965) y «Sobre el origen de la belleza: un diálogo platónico» (1865) en los cuales encontramos afirmaciones que han gozado de enorme repercusión posteriormente. Veamos algunos ejemplos: «La Verdad no es absolutamente necesaria en el arte; la búsqueda expresa de la Belleza basta para que haya arte» (No olvidemos que estamos ante un poeta victoriano); su discrepancia con las opiniones de William Wordsworth en lo que concierne a suafirmación de que «el lenguaje de la poesía no debe diferir del de la prosa salvo en lo que respecta al metro»: para Hopkins, sin embargo, resulta evidente que «el metro, la rima y toda la estructura que llamamos verso al mismo tiempo necesita y engendra una diferencia en dicción y en ideas. El efecto del verso se percibe en la expresión y en el pensamiento, a saber, en la en la concentración y en todo lo que esta supone». Los intereses de Hopkins no se limitaron a la escritura. Hizo sus pinitos en la pintura y en la música (compuso canciones con poemas propios que, posteriormente, han sido utilizadas por compositores de la talla de Britten o Samuel Barber), de ahí que las reflexiones sobre el arte en general abunden no solo en sus ensayos sino en su abundante epistolario: «Parece que ha muerto en mí cualquier impulso, cualquier brote de arte salvo por la música, y esta la escribo sin casi ninguna posibilidad de avanzar», escribe en una carta dirigida a Robert Bridges. En resumen, y utilizando palabras del prologuista, quien abra este libro encontrará, nada más y nada menos, que al poeta y al hombre, encontrará «su juvenil tentativa teatral titulada Floris in Italy, sus descripciones de arquitectura y de la naturaleza, sus relatos de viajes por Alemania y suiza, sus esfuerzos en la composición musical, sus vivencias y traslados en las tareas de enseñanza que desempeño en la Compañía» y todo aquello que contribuye a crease una propia idea del mundo.

*Reseña publicada el 10/05/2019 en Sotileza, suplemento cultural de El Diario Montañés

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