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ÁNGELES MORA. CANCIONES INAUDIBLES. EDITORIAL ALLANAMIENTO DE MIRADA

Antes de entrar a comentar el contenido de este libro, conviene decir que estamos ante un “Librisco”, es decir, ante un libro que contiene dos cds, no como acompañamiento musical del texto, de los poemas, sino como la otra cara de la moneda de un objeto indivisible. “Los poemas de Canciones inaudibles –escribe Olalla Castro Hernández en el prólogo- se arman […] como un conversación ‘intertextual’ y ‘transdircursiva’ en la que acaban entrecruzándose infinidad de voces, de tal modo que logran derribarse las fronteras entre textos, discursos y disciplinas artísticas”. La fisura en los límites de las diferentes maneras de entender el arte, la poesía en este caso, es lo que nos interesa subrayar inicialmente. Por otra parte, como todos sabemos, la ligazón entre la poesía y la música siempre ha sido muy estrecha y re remonta a los labores de la cultura. Los cantautores que han puesto música a poemas ajenos son, en nuestra historia reciente, innumerables pero también esos mismos cantautores han musicado sus propias letras con tan buen tino que resulta muy complicado establecer si es una canción o es un poema. En cualquier caso, el libro que ahora comentamos, Canciones inaudibles ofrece algo distinto. No son poemas de Ángeles Mora (Rute, 1952), Premio Nacional de Poesía y Premio de la Crítica en 2016 por Ficciones de una autobiografía y autora de libros como Pensando que el camino iba derecho o Contradicciones, pájaros, por citar solo algunos, los que podemos escuchar en los dos cds que integran el libro, sino temas musicales que se entrelazan con los poemas: “Los poemas de Ángeles Mora –acudimos de nuevo a la prologuista- se escriben desde el centro mismo de cada canción a la que se trenzan, con la que establecen una relación que trasciende con mucho la mera referencialidad ‘intertextual’, el tantas veces vacuo ‘culturalismo’” y establecen un diálogo intenso y fluido con los temas musicales con los que se los asocia. Así, “Otra educación sentimental”, el poema que hace las veces de obertura, se complementa con “My Way”, canción interpretada por NIna Simon. “Triste, qué soledad con esta música / como de ayer y tedio por la casa”, escribe Mora. La sección “Jazz” la componen varios poemas en los que vemos actuar a John Coltrane, Charles Mingus o Charlie Parker, por ejemplo. Ángeles Mora concibe el jazz como una música de lamento, pero también de desahogo. “Quién sabe si le debo una vida a la muerte / o simplemente al jazz”, escribe. Temas de Chet Baker, Lester Young o Anita O’Day, además de los ya citados, ponen la banda sonora a estos poemas.

     Del jazz pasamos al pop, una sección en la que encontramos poemas como “La chica más suave”, “Se piangi, se ridi” -canción interpretada por Bobby Solo en el Festival de San Remo en 1965 que se complementa con otra que se recoge en el cd: ”Una lacrima sul viso”- o “Simpatía por el diablo”.
La sección “Un tango” se compone de un solo poema, “Y así fue el primer tango”, poema perteneciente al libro “La canción del olvido” de 1985 y recientemente reeditado, y el tema musical que complementa dicho poema es “Jealousy” de Yehudi Menuhim y Stephane Grapelli. Del tango pasamos a la música clásica. Compositores como Mussorgsky, Stravinsky o Brahms amenizan con sus composiciones dos poemas del libro “La guerra de los treinta años” de 1989. Vamos llegando al final de la antología, porque este libro es también una antología de poemas de Ángeles Mora. Le toca ahora a la sección “Bandas sonoras”, música compuesta para películas como “El tercer hombre” “Moon River” o “Adiós, muchachos”, se relaciona con poemas de distintos libros, quizá porque esa música es, en realidad, la banda sonora de una vida. El libro finaliza con la sección “Correspondencia”, que tiene la particularidad de establecer un diálogo no solo con un tema musical, en este caso “Fleling Good” de Nina Simone, sino con otra poeta, Mónica Doña que hace, como el título de su poema deja claro, de segunda voz : “Pruebo con la segunda voz / y me emociono. / La canto muy bajito, / la hago mía, / soy la segunda voz” escribe Doña. Según Olalla Castro Fernández, “… en ‘Canciones inaudibles’ se cuela la voz de otra poeta, Mónica Doña, a la que se permite tomar la palabra y, además, hacerlo ocupando ese espacio especialmente de todo texto que es el cierre final”. “Canciones inaudibles” inaugura una colección de “libriscos” a la que deseamos larga vida porque, además de ofrecernos unos gratísimos momentos de buena música, nos brindan también filiaciones y querencias en este caso de Ángeles Mora –el cine participa de similar influencia- que nos ayudan a comprender mejor que los datos meramente biográficos, lagunas claves decisivas que sustentan sus poemas. Por otra parte, la edición posee un diseño atractivo e impecable, conjugando el formato del libro con el de los cds. Todo un acierto.

* Reseña aparecida en el suplemento Sotileza de El Diario Montañes, el 19/04/2018

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