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FRANCISCO CARO. ESTE NUEVE DE ENERO. ANTOLOGÍA POÉTICA. EDITORIAL LASTURA

Con motivo del septuagésimo cumpleaños del autor, un grupo de amigos ha realizado una selección de sus poemas y con ellos ha organizado este libro que ahora tenemos en nuestras manos, “Este nueve de enero”, una antología poética de Francisco Caro (Piedrabuena, 1947), autor tardío, pero de vasta e significativa obra, no en vano varios de sus títulos han merecido importantes premios de poesía, como el Juan Alcaide (2007), el José Hierro (2010) o el Leonor (2013). La selección realizada por ese grupo de amigos, buenos conocedores además de la obra del poeta, abarca once de los doce libros publicados por el autor desde 2006 hasta 2017 (desconocemos la razón por la que ha sido excluido de tal recuento el libro “Lecciones de cosas” (2008), con lo que el lector puede hacerse una idea precisa de los caminos por los que discurre la poética de Caro.

     Dos son, principalmente, los motivos que alimentan sus poemas: el cuerpo y la escritura. El cuerpo como lugar paradisiaco en el que el poeta encuentra satisfechos todos sus anhelos: «A tu cuerpo / acudo, como al norte, / como a las montañas blancas // a tu cuerpo / como el copo secreto, / lívido, / leve, que el aire deposita // de un incendio de sombras…», escribe en el poema «Como al norte», con el que comienza la antología. Ese lugar paradisiaco no es una entelequia, el cuerpo al que se refiere Francisco Caro es el de la persona amada, un cuerpo con el que se funde, hasta el punto de que la identidad se desdobla en un sujeto compartido, bimembre: «…dos miedos, eso somos, / cuerpos, horas, / dos agujas / presas en un reloj / que se distancian», que comparten el peso del pasado: «Yo sé que ya no somos / lo que antes fuimos: / dos que viven un solo calendario». A pesar de las apariencias, no prima en el tono de la poesía de Caro la nostalgia. Cuando esta hace su aparición, no es de forma lastimera o imprecatoria (El ejemplo del poema «Singer, máquina de coser» nos basta para confirmarlo). El paso del tiempo no deja indiferente a nadie y el poeta no puede sustraerse a los efectos de esa experiencia, pero el enfoque, si no optimista, es, al menos, sereno: «Sabe que ha de morir / este yo que envejece / escondido en mi nombre, / mas sigue amando, sabe / que amar es el secreto, / que la muerte no puede / tener / razón en todo»

     La escritura, como decíamos, es el otro leitmotiv de estos poemas, vinculada, en muchos aspectos, al cuerpo, como si se estableciera entre ambos una relación de carácter erótico, una perspectiva que ha contado con eminentes precursores que van desde los poetas románticos a Octavio Paz y José Ángel Valente. Son numerosos los poemas en los cuales esta simbiosis resulta evidente y, de hecho, el último de sus libros, “El oficio del hombre que respira”, se articula en torno de esta ósmosis: «Y desde entonces, desde que hablaste / conmigo del secreto, ya solo escribo / de la nieve que fueron nuestros cuerpos…». Quizá el poema titulado «Escribo», sea aún más explicito: «Está el poema / desnudo, como tú // escribo y siento / que mi verso se ahonda // su celo busca /tus ansias, detenido / ahí, cual si estuviera / en mitad del amor».

   El proceso de construcción del poema propiamente dicho también es objeto de reflexión. La metapoesía es algo que ha interesado a Francisco Caro desde que comenzara a escribir y en cada título publicado el poeta encuentra siempre la oportunidad para cuestionarse el porque de la escritura y la distancia, a veces mínima, que media entre escritura y vida. Veamos la poética que suscriben estos versos: «Poética: / llegar como a traición, / como escuchar el toque de “a degüello”. // Nada más hay». En que la balanza se incline hacia el lado de la poesía han tenido que ver las muchas lecturas y el ejemplo de los poetas amados, que, pasado el tiempo, son objeto de un reproche, queremos creer fruto de un arrebato: «Me gustaba leer / despacio a los poetas que me amaban, / me hicieron tanto mal / que sin piedad ni furia , ni esperanza, / sabedlo, los denuncio», escribe en el poema titulado «Denuncia», que finaliza con estos versos: «(Acuso de Jaime / Gil y a Claudio / Rodríguez, fueron ellos, / lo juro, / yo no sabía nada de la vaina // entraron con sigilo, / con estíos y sombras en la casa / fueron ellos, canallas, que me amaron.)».

He dejado para el final, deliberadamente, el tema principal que reúne cuerpo y escritura en la poesía de Francisco Caro, que no es otro que el amor, el amor cotidiano y palpable que justifica la vida, el amor que da pie a la escritura («y escribir / poesía es también y desde Homero / un acto de legítima defensa») y que agujerea la red con la que trata de atraparnos el destino. El amorque llena los vacíos de la existencia.

* publicado en el suplemento Sotileza de El Diario Montañés, el 5/04/2019