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PUREZA CANELO. HABITABLE (ANTOLOGÍA POÉTICA). EDICIÓN DE JOSÉ TERUEL. EDITORIAL RENACIMIENTO.

El particular diseño de la colección de antologías de la editorial Renacimiento goza de un amplio consenso entre el público lector, pero no solo ocurre con lo referido al diseño, también la nómina de autores que recopilan su obra en estas páginas goza de ese prestigio, autores como —el presente volumen alcanza el número 108, por lo que resulta imposible citarlos todos— Ángeles Mora, Luis García Montero, Luis Alberto de Cuenca, Carlos Marzal, Karmelo Iribarren, Francisco Brines, Hilario Barreo o Antonio Colinas, por citar solo a autores españoles vivos. Esta privilegiada nómina se ve ahora incrementada con los poemas de Pureza Canelo (Moraleja, Cáceres, 1946), una selección que cuenta con un magnífico prólogo del profesor José Teruel en el que ha tratado de buscar «la representatividad cronológica y estilística», algo nada fácil, porque estamos hablando de una poeta que nunca ha cejado en su empeño de descifrar el acto poético, cuidando siempre, en palabras de Teruel, de «no traicionar el estado de conciencia que provocó lo ya escrito».

     La selección, realizada al alimón entre el editor y la autora, recoge poemas de todos sus libros, desde los iniciales Celda verde (1971) y Lugar común (1971, Premio Adonáis) hasta el más reciente Retirada, publicado el pasado año, lo que permite rastrear las inflexiones que va sosteniendo la conciencia crítica de Pureza Canelo respecto de la función del poeta y del sentido, o el sinsentido, de la escritura en una época como esta, tan ajena a la cultura en sus más variados registros: «Mi primer poema —escribe Canelo en un poema de su primer libro— / lo dediqué al junco, / a la veleta del horizonte, / a mis perros que ya corrían para alcanzarme /y morder de mi gaviota», aunque el poema más explícito de este libro, en este aspecto, es el titulado «Verso», en el que se percibe ya un aliento metafísico que no abandonará nunca a nuestra autora: «El verso es un ojo / pensado para ciegos, / para mí, / un caballo al fondo / volver a casa / y encender la lámpara del miedo, / del miedo o la pregunta». Podríamos preguntarnos ¿cómo esclarecer esa dicotomía? No sabemos si teme a esa emoción desconocida o a la perversión con la que el lenguaje la hace suya. Algunos versos de su segundo libro, Lugar común, nos brindan algunas pistas: «Ah, la palabra, qué miedo me da de su constancia en mí, / de su alboroto que me llega y son lugares / en su pompa de vida, / lágrimas sueltas ahora mismo, en formación, / creciéndome, / grandes manchas de poemas y matarlos / es morir más acá de la muerte misma / sin destierro posible y sin ojos». Como es fácil observar, ya desde sus primeras tentativas poéticas, la voz de Pureza Canelo busca su expresión en un lenguaje autorreferencial y, por tanto, no siempre propenso a una inteligibilidad inmediata. Ella misma lo reconoce en unos versos de su siguiente libro, El barco de agua (1974): «Si escribo tan oscuro, tan dentro, / será por esa duda / en la cuesta / del hombre que camina / y otro tobogán reaparece». Conviene hacer notar que reflexiones como esta, de tan hondo calado, son elaboradas por una poeta que aún no ha cumplido los treinta años. Su precoz grado de madurez estética es, por tanto, sorprendente, teniendo en cuenta, además, que sus ideas sobre el acto de escribir, en lo fundamental, apenas han variado a lo largo de los años, de hecho, Habitable, un libro que data de 1979, se subtitula Primera poética. «La poeta persistirá pidiéndole al poema, desde su primer título, que e aun espacio habitable donde poder vivir autónomamente, la existencia que se le irá revelando como un lugar sacudido por la desafección, la orfandad y la soledad», escribe José Teruel. Sí se perciben, sin embrago, algunos cambios de orden formal. Inicialmente, el verso de Pureza Canelo era conciso y tendía a la desnudez expresiva, a la esencialidad. Posteriormente, como queda de manifiesto en Tendido verso (1986), su segunda poética («¿Tendido verso? ¿Tendido verbo? Sólo líneas en el crepúsculo de la elección, el nacimiento de sus nombres»), ese verso se expande en lo que la autora llama «poema derramado», pero no se convierte nunca en prosa. Volvemos a José Teruel: «Lo poético estriba para Pureza Canelo, más que en ritmo pautado por el cómputo silábico, en uso del lenguaje autirreferencial e interreferencial y en un tratamiento elíptico del tiempo, que no admite la imagen de un orden lineal. Sino que se manifiesta en violentas discontinuidades y elipsis».

 Cuatro poéticas recoge, además de las citadas, la tercera y la cuarta poéticas, Tiempo y espacio de emoción (1994) y No escribir (1999), respectivamente. En este último libro se recoge el excelente poema «Una mujer escribe su primer libro de versos y me lo envía», un emotivo ¿autorretrato?: «Abro tu libro de juventud / y me pierdo en la enorme ola / de antiguo suspiros liricos / que viví inefables / como el animal mojado / que se echaba en tierra blanda / para hacerse notar e otro color entre los suyos». Si hay algún consejo que dar a la joven poeta, no se manifiesta de forma didáctica, sino lírica. Más que normas de obligado cumplimiento, Pureza Canelo habla del sacrificios autoimpuestos, de la escritura como lugar de revelación y misterio, de la soledad habitada por los muchos yoes que habitan en cada uno de nosotros.

     La antología finaliza con los dos últimos libros publicados por la autora, A todo lo no amado (2011) y Retirada (2018), una presunta renuncia, este último título, a seguir escribiendo que, afortunadamente, los poemas inéditos que cierran el volumen, desmiente, como demuestra el poema final de la selección, del que extraemos estos versos: «Escribir sin mano, también fulminada pero sigue moviéndose como rabo de lagartija en ele espasmo que deja sin orientación a lo que somos». Poesía y vida, vida y poesía imbricados en un quehacer riguroso y constante, en el que, se lo hemos oído decir muchas veces, «en creación todo lo que no suma resta». Pureza Canelo sigue sumando dígitos en una de las indagaciones metapoéticas más exigentes de la actual poesía en lengua española.

‘Habitable’, de Pureza Canelo