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CAROL ANN DUFFY. POEMAS DE AMOR. TRADUCCIÓN DE JUAN JOSÉ VELEZ OTERO. VALPARAÍSO EDICIONES

Carol Ann Duffy, en la actualidad la poeta laureada del Reino Unido, nació en Glasgow en 1955 y ejerce como profesora de Poesía en la Manchester Metropolitan University. Sus numerosos libros de poesía —ha escrito también obras de teatro y libros de literatura infantil y antologías de poesía como No te daría las gracias por san Valentín: poemas para jóvenes feministas o Parar la muerte: poemas de muerte y pérdida— le han reportado importantes premios como el National Poetry Competition (1983), el Dylan Thomas (1989), el T. S. Eliot (2005) o el Costa Book (2011). Sus poemas de amor, algunos de los cuales recoge esta antología originariamente publicada en 2009, le han reportado una merecida fama. Aunque los escritos en su primera época estuvieran dedicados a un personaje innominado, el trasfondo de la homosexualidad se dejaba intuir en todos ellos. No fue, sin embargo, hasta 1993, con la aparición de su libro Mean Time cuando dicha opción sexual se muestra sin tapujos y, aparejado a ello, una ferviente defensa del feminismo militante. Precisamente es de este título del que se han seleccionado más poemas para esta antología

     Sobre Poemas de amor su traductor, Juan José Vélez Otero —que hace un trabajo impecable—, nos informa de que son poemas «seleccionados por la autora entre textos publicados en títulos previos, y escritos entre 1987 y 2010 […] Consta de treinta y cuatro poemas, todos teniendo como temática el amor, en el más amplio sentido, pero tratado desde muy diferentes perspectivas, combinado en ellos la dureza, la ternura, el clasicismo, la experimentación, el humor, o el más profundo lirismo tratado desde el punto de vista moderno, o tradicional, según el caso».

     A pesar de su aparente sencillez y del tono conversacional que roza lo confesional, los poemas de Duffy poseen una extraña combinación de deseo y dolor, de humor («Vete a freír monos, organízalo, cuelga / carteles, vende entradas, / que yo no iré») y lirismo, como podemos comprobar desde el primer poema del libro, «Correspondencia», en el que relata una situación de alto riego («La próxima vez que nos veamos —escribe—, en la sala o en el jardín, / y nos pasemos cautelosamente las cartas procurando / que no nos delaten nuestra miradas, piensa en mí, aquí, / en mi lecho de casada, un ahora después de haberte ido». Una periodista —además de dramaturga— de gran reputación, la editora jefe de The Guardian, Karherine Viner— ha escrito que sus «poemas son comprensibles y entretenidos, sin embargo, su tradición es clásica y su técnica esmerada». Esta particularidad hace que la lean con similar interés personas que no leen poesía habitualmente como colegas de oficio, quienes elogian la mezcla de desinhibición y ternura con la que trata el amor, el desamor, la pérdida y la nostalgia. El titulado «Poema de amor» es un excelente ejemplo de todo ello: «Hasta que el amor se apaga sigue anhelando /el sueño de las palabras— / los ojos de mi amada, / sobre una blanca sábana descansan / en las palabras». Palabras que consiguen transmitir una especie de complicidad existencial muy difícil de lograr.

     Leyendo muchos de estos poemas nos asalta una pregunta: ¿Relatan sucesos de la biografía de la poeta? Muchos de ellos no parecen admitir dudas al respecto (estos versos «Siento algo terrible solo con pensar en ti, / quien quiera que seas, / futuro cuchillo de mi cicatriz, / quédate donde estás» de «A la amante desconocida», así parecen confirmarlo), sin embargo, otros, si lo hacen, es de una forma tangencial pues utilizan escenas y tiempos que no se corresponden con la época de la autora, como el ya citado «Correspondencia». La propia autora confiesa que «no todos los poemas de Love Poems son totalmente autobiográficos, algunos de ellos llevan una máscara […] Creo que lo que me interesaba en el momento de escribir estos poemas era encontrar un lenguaje e imágenes para lo erótico y lo oculto secreto». Ciertamente al lector tampoco debe importarle el porcentaje de realidad que compone cada poema, sino la reflexión de orden moral y política —Carol Ann Duffy es una activista comprometida, entre otros asuntos como las guerras, con los derechos de los colectivos LGTB—, que subyace en muchos de ellos, la preponderancia del amor y del deseo por encima de cualesquiera otras convenciones éticas o religiosas y el pormenorizado análisis de las emociones producto de una mirada escrutadora, pero con el distanciamiento suficiente como para desmenuzar los sentimientos con neutralidad, como si la subjetividad inherente al apasionamiento. A veces nos parece que la autora es una simple espectadora que narra un suceso vivido o imaginado, reconstruido con la frágil argamasa de las palabras, palabras fugaces «que caían a la tierra como besos / sobre estos labios», que, sin embargo, encierra una carga erótica excelentemente dosificada: «Mi cuerpo —escribe— era el más tierno poema / para su cuerpo, un eco, una asonancia». No necesita ser más explícita. La mente del lector solo tiene que dejarse arrastrar por la corriente subterránea que alimenta estos versos.

  • Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, 18/01/2019