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CASTRILLÓN

JOSÉ MARÍA CASTRILLÓN. SUBIR AL ORIGEN. ANTOLOGÍA COMENTADA DE POESÍA OCCIDENTAL NO HISPÁNICA (1800-1941). EDITORIAL TREA

Casi un siglo y medio de poesía compendiado en poco más de 350 páginas. El reto, como se ve, es mayúsculo y, si estuviéramos hablando de una antología al uso, condenado al fracaso desde su inicio por su medida extensión. Sin embargo, el particular enfoque con que José María Castrillón (Avilés, 1966) ha emprendido este proyecto le ha permitido no solo salir airoso del intento, sino crear un precedente que, ojalá, tenga muchos seguidores. No estamos afirmando que esta idea sea completamente original —existen muchas antologías comentadas, sin ir más lejos, algo de similar alcance ha hecho Jordi Doce en el Libro de los otros—, pero lo que si resulta insólito es el modo de acercarse tanto al autor —al poeta— como al poema comentado (aquí el parecido con el libro de Doce es más evidente). Los comentarios que provocan uno y otro están lejos de atenerse al clásico comentario de texto. Como afirma la contraportada del libro «Cada capítulo ofrece información sobre la biografía y la obra de los poetas sin renunciar al apunte literario […] Acompaña a cada poeta un poema en español sobre su figura o su obra, de manera que se conforma una muestra sobrevenida de autores españoles e hispanoamericanos de las últimas décadas». De hecho, Castrillón —filólogo pero también poeta—, en las palabras preliminares, advierte de que el propósito de esta antología, Subir al origen, ha sido despertar interés entre «Lectores no especializados, incluso apenas iniciados en la modernidad [poética]».

   La antología se inicia con William Wordsworth (1770-1850), poeta que junto a Coleridge, cambió el rumbo de la poesía inglesa. Propugnó «un verso más natural, una lengua cercana en la que cualquier lector medianamente culto pudiera reconocerse». La breve selección de su obra está coronada por un poema de un autor en lengua española, en este caso Jordi Doce.

     Son veintidós los poetas seleccionados. Los Himnos a la noche de Novalis (1772-1801) llevan como colofón un poema de Antonio Colinas. Eloy Sánchez rosillo es el encargado de glosar la figura del autor de Los “Cantos “, Leopardi (1798-1837). Algunas de las famosas cartas de John Keats (1795-1821), así como los no menos famosas «Oda a una urna griega» y «Oda a un ruiseñor» se completan con un fragmento del poema «A la tumba de Keats», de Juan Carlos Mestre. Buscando esas correspondencias, a Baudelaire (1821-1867), considerado el precursor del poema en prosa, le ha tocado en suerte Leopoldo María Panero. Luis Antonio de Villena da voz al apasionado Verlaine (1844-1896) en el poema «Un arte de vida». Ildefonso Rodríguez contempla en barco ebrio en el que navega Rimbaud (1854-1891). Walt Whitman (1819-1892) es el siguiente en esta nómina no estrictamente ordenada cronológicamente y es remedado por el poeta dominicano Pedro Mir. La otra pata sobre la que se sustenta la poesía norteamericana moderna, Emily Dickinson (1830-1886), el polo opuesto al torrencial Whitman, encuentra un fiel reflejo en la poesía de Eli Tolaretxipi. Ángel Crespo comparte inquietudes con Stéphane Mallarme (1842-1898). Un poeta joven español, Juan Andrés García Román, buen conocedor de la tradición alemana, se ocupa de Rilke (1875-1926). El resto de poetas, Yeats (1865-1939), Cavafis (1863-1933), Apollinaire (1880-1918), Pessoa (1888-1935), Eliot (1888-1965), Saint-John Perse (1887-1975), Wallace Stevens (1879-1955), Paul Éluard (1895-1952), Eugenio Montale (1896-1981), Gottfried Benn (1886-1956) y Anna Ajmátova (1889-19669 tienen como contrapunto a autores como Antonio Rivero Taravillo, José Manuel Arango, Hugo Gutiérrez Vega, Ángel Campos Pámpano, Álvaro Valverde, Eduardo Moga, Andrés Sánchez Robayna, José Luis Quesada, Lorenzo Oliván, José Ángel Valente o Javier Pérez Walías. Debe quedar claro que no estamos hablando de una antología de textos complementarios a los poemas originales, sino de poemas que buscan una confluencia, me atrevería a decir, de carácter espiritual. Las asociaciones en ningún caso han sido gratuitas. Cada poeta ha expresado en algún momento de su trayectoria un interés especial por el poeta al que homenajes.

     Como a toda antología, a esta también se le pueden poner pegas, no porque los poetas seleccionados no merezcan su inclusión, sino por algunas llamativas ausencias —aunque en el epílogo el autor razona sus decisiones y afirma que nunca han tratado de sentar cátedra: «Si alguien ha visto en este libro una propuesta de canon, trataré de combatirla con lo que podría entenderse como otro canon: por ello me ha importado estrechar aún más la malla y extraer de la tradición otros veintidós poetas que bien podrán haber protagonizado las páginas anteriores». En cualquier caso, Subir al origen es obra de un amante de la poesía que ha conseguido unir erudición y pasión como pocas veces hemos visto. Nada nos gustaría más que la excelente acogida de este libro propiciar su continuación. Castrillón menciona la posibilidad de emprender proyectos paralelos. Por supuesto, no estaría de más, pero sin desdeñar la idea de adentrarse en las décadas posteriores (esta antología finaliza en 1941) con la misma estructura, con el mismo entusiasmo.

* Reseña publicada en el suplemento cultural Sotileza de El Diario Montañés, el 7/12/2018